TOUR 2018: GERAINT THOMAS PERPETÚA EL DOMINIO DEL SKY

El Tour 2018 ha acabado con la victoria de Geraint Thomas. El galés continúa así con el dominio que el equipo británico demuestra en la carrera francesa desde 2012. En las últimas siete ediciones de la mejor carrera por etapas del mundo el Sky se ha impuesto en seis. Con tres corredores diferentes. Wiggins empezó la racha británica en 2012 y Froome la consolidó, ganando en cuatro ocasiones 2013-2015-2016-2017. En este 2018 Thomas se ha impuesto con claridad. Desde su nacimiento en 2010 el equipo Sky tenía un objetivo: ganar el Tour de Francia con un corredor británico. Tardó únicamente dos años en conseguirlo. Desde entonces ha pasado a ser el claro dominador de la ronda francesa. Y no parece que vaya a cambiar.

 

El equipo británico habla de trabajo bien hecho. De aprovechamiento total de todos los recursos a su alcance. De optimizar cualquier parámetro dentro y fuera de la carrera. Lo que en Sky llaman “marginal gains”. Todo importa, todo ayuda en un deporte de desgaste extremo. Un ejemplo: el autobús de equipo  está diseñado para lograr un ambiente de descanso para los corredores, una zona de concentración previa a la prueba y un entorno propio para la recuperación después del esfuerzo. Hasta el suelo y la pintura del autobús es especial para repeler el polvo y evitar infecciones. Todo el personal de Sky usa un jabón sanitario para desinfectarse las manos en cada momento. Evitan las temidas enfermedades en cuerpos tan al límite como los de los ciclistas en una carrera de tres semanas. La ropa, tanto de competición como de entrenamiento, cuidada al detalle. La alimentación es específica para cada corredor, se acabó la pasta, arroz  y pollo para todos. Se tiene en cuenta el horario y el tipo de etapa del día siguiente para la alimentación. Y cuidan la recuperación. Tienen hasta almohadas especiales para el descanso, no aceptan las del hotel de turno. Ellos inventaron el “cool-down”: el hacer rodillos para lavar el ácido láctico y recuperar mejor nada más acabar una etapa. Antes todo el mundo sonreía al verlos, o se reía directamente… “sí hombre, llevo seis horas de etapa y me voy a poner a hacer rodillos nada más acabar”. Ahora todo el mundo lo ha metido en sus rutinas.

 

 

Y la cosa no va solo de las carreras. El Sky hace concentraciones varias veces al año. Tienen un control espartano de sus corredores. Trabajan en bloque, con diferentes preparadores físicos y médicos para los corredores. Todos los datos de los corredores son monitorizados y controlados. Ahora con los dispositivos electrónicos esto es posible: GPS, medidores de potencia, pulsómetros… El preparador conoce en todo momento el estado del corredor y puede pautar lo necesario para que el deportista llegue perfecto a cada objetivo. El trabajo con las bicicletas de crono es obligatorio para todos. Y eso requiere un esfuerzo absoluto por parte del corredor. No puede “escapar” del escrutinio del “jefe”. Hay corredores que han pasado por la disciplina del Sky y la han dejado. Hablan maravillas del equipo británico, pero también hablan de lo duro que es aguantar esa disciplina. No pueden soportar esa dureza, ese control interno y prefieren marchar a otras formaciones con mayor libertad, más laxas en lo relativo al ciclista como profesional. Y luego está la competitividad interna. El equipo Sky tiene la mejor plantilla del mundo. Y en las grandes vueltas solo caben 8 corredores por equipo. Lo mismo pasa con la temporada de clásicas. ¿Se imaginan ustedes el nivel de exigencia autoimpuesta por cada corredor para formar parte del equipo elegido en esas carreras? Tampoco olvidemos la gestión deportiva. Ahí es donde el Sky apabulla. Sus carreras, salvo escasísimas ocasiones (Formigal 2016 es el mejor ejemplo), son perfectas a nivel táctico. Tienen los mejores corredores, es verdad, pero también son los que mejor lo gestionan en carrera. Por eso se habla de lo difícil que es desmontar al Sky.

 

Y por supuesto está la otra cara de la moneda. La opinión contraria. La que contempla y especula con otras medidas para detener el dominio de Sky.  La que limita los corredores a ocho para frenar este tipo de abusos, como si con uno menos arreglasen el asunto. Este Tour ha dejado claro que no. La que dice que como los británicos tienen mucho dinero compran a los mejores corredores y claro así ya se puede. La que habla de límite salarial: ¿se  imaginan ese debate  en futbol? Pufff… Y mi preferida: la del  “ganan porque tienen la mejor droga a su disposición”. Es cierto que este dominio se parece sospechosamente al ejercido por Armstrong y su equipo desde 1999. Quiero pensar que no es así, que este deporte aprendió de aquella vergonzosa época. El tiempo nos lo dirá. Sería muy estúpido estar haciendo trampas cuando se sabe que al final acaban saliendo y poniendo a todos en su sitio. Esperemos por el bien de este maravilloso deporte que esto no pase.

 

 

ALAPHILIPPE CONSIGUE SU SEGUNDA ETAPA

 

La semana decisiva del Tour empezaba en los Pirineos. La decimosexta etapa acababa en Bagneres de Luchon. Hubo una buena pelea por entrar en la fuga y está se formó con un buen puñado de corredores y como es habitual en esta tercera semana (“mucha fatiga, eh Pedro, mucha fatiga en esta tercera semana”) hombres muy fuertes y conocidos la integraban. Tantos como 47 corredores. Una barbaridad, pero así ha ocurrido en este Tour. Por detrás el Sky con un solo hombre, Luke Rowe controlaba el ritmo. La fuga no inquietaba. En la fuga Alaphilippe puntuaba para consolidar su maillot de puntos de la montaña. Y este fue el día que Sagan, que no iba en fuga, ganó  su sexto maillot verde matemáticamente ya que sus rivales no puntuaron.

 

En la parte final, Gilbert se movió para buscar la etapa, pero sufrió una escalofriante caída bajando el Portet-d´Aspet. Afortunadamente el belga salió con vida del barranco y completó la etapa. Al día siguiente no salió: tenía rota la rótula, lo que no le impidió subir el último puerto. Decimos pocas veces lo sacrificados que son los ciclistas. Al empezar el Portillon la fuga había quedado reducida a 17 corredores y fue Yates el que hizo el que parecía el movimiento ganador. Por detrás Alaphilippe, en estado de gracia, le perseguía a pocos segundos. El británico coronaba con apenas 15 segundos sobre el francés y se lanzaban a la meta en descenso. Alaphilippe bajaba a muerte y Yates lo sabía. En una curva a Yates se le iba la rueda delantera y caía. Alaphilippe le sobrepasaba y continuaba en solitario hacia la meta y hacia su segundo triunfo de etapa en este Tour. Un corredor formidable el francés. Por detrás el Sky llevaba plácidamente al resto de corredores hasta la meta casi nueve minutos después. «Aún queda mucho para Paris, mañana si acaso lo intento» ya saben, y además el Sky es el que más presupuesto tiene. Pues eso.

 

 

UNA ETAPA DE 65 KILÓMETROS QUE MAQUILLA EL TOUR DE QUINTANA

 

La decimoséptima etapa de este Tour se esperaba con auténtica expectación. Era una etapa insultantemente corta para la historia de la carrera y para categoria profesional, un sube-baja de puertos de primera y fuera de categoria constante, ni un metro de llano, con un final inédito en el Portet, asfaltados sus últimos tres kilómetros para la ocasión. Además el Tour tuvo la genial idea de organizar una salida con parrillas de corredores en función de su clasificación en la general. Se habló de diferencias de tiempo entre las diferentes parrillas, incluso de diferencias de tiempo en la salida entre los veinte primeros corredores. Eso podía convertir la etapa en una crono-escalada en línea en toda regla. Merced a esos tiempos podríamos ver a corredores ambiciosos saliendo a toda velocidad para aprovechar esa ventaja. De hecho la salida estaba a cien metros del comienzo del Peyresourde. Los corredores hicieron rodillo, calentaron bien y se colocaron en la parrilla de salida. Pero finalmente el Tour decidió no bonificar ningún tiempo (y ahí solo el Tour sabrá porque modificó su primera intención). En un lateral en una pantalla gigante un semáforo parpadeaba. La tensión en los corredores era palpable, el ruido de los motores era atronador… ¡ah no! Perdón. La realidad es que Thomas se apoyaba tranquilamente en su manillar. Froome hablaba con su compañero. Dumoulin saludaba al público. Quintana tenía su cara habitual. Landa se limpiaba las gafas. Y el semáforo se puso verde. Salida. Y eso, salieron. Un pie, luego la otra cala. Esto es lo que deparó la innovación del Tour. Nada, bueno sí, un poquito de vergüenza ajena.

 

 

Otro día más en la oficina.  Los Sky se pusieron delante, y los cazadores de fugas pasaron por el lateral. Y Alaphilippe volvía a estar con ellos. Pero también se habían metido Valverde y el fenomenal joven Marc Soler con lo que quedaba una esperanza para el tan cacareado movimiento del Movistar y sus dos jefes de filas. Alaphilippe coronaba los dos primeros puertos de la jornada por delante (2º y 1º) asegurándose el maillot de puntos en París. Se consumían los dos primeros puertos sin novedad en el grupo de favoritos. Marc Soler era absorbido por el grupo justo antes de comenzar el último puerto, Valverde seguía por delante. Nada más ser alcanzado Soler ponía un durísimo ritmo que estiraba el grupo. Y Daniel Martin, que gran actitud la suya, atacaba. Con él se iba, por fin, Nairo Quintana. Sí, en el último puerto del día, pero desde abajo, algo es algo. Martin no podía con el ritmo de Quintana que se iba en solitario. Oiga ¿y el Sky? Pues el Sky nada, a lo suyo. Kwiato ponía el ritmo. Ni miraron a Quintana cuando salió. Buena táctica, para que te vas a molestar por un escalador que está a más de cuatro minutos en la general. Hay que dejarle. No hay que romper el equipo. De manual.

 

Quintana enlazaba con Valverde que trabajaba dos kilómetros para el colombiano. Y el murciano se encargó de decirlo, “yo he venido aquí a ayudar a mis líderes y me he dejado todo”, al igual que sus detractores se encargaban de decir que trabajó de postureo y que si luego entró a apenas dos minutos de los buenos es que no iba tan mal que iba a lo suyo. O quizá la verdad es que Movistar nunca cuenta la verdad e iban a por lo de siempre: la etapita y la general por equipos. Me quedo con esto último. Si es así les salió bordado. ¡Bravo eh bravo! Quintana soltaba a Majcka, último superviviente de la fuga, y conseguía una victoria que lavaba su cara y la de su equipo.

 

 

Y por detrás por fin hubo estopa, y de la buena. Roglic, para mí el gran tapado de este Tour, atacaba muy duro y era Froome el que actuaba de gregario para Thomas. Secaba al esloveno y creo sinceramente que se dejaba gran parte de sus fuerzas en ese cambio de ritmo. Posteriormente lo intentaba Dumoulin y era Thomas el que tenía que salir a su rueda. Otra vez el manual ciclista interpretado por Sky a la perfección: si ataca el cuarto de la general trabaja Froome, si ataca el segundo de la general sale el líder en primera persona. Pero claro, esto lo hace Sky solo porque tienen mucho dinero y son unos abusones. Y así todo. Estos ataques hicieron que Froome se descolgase, mostrando claramente que el hombre fuerte de Sky era Thomas. Todas las cartas estaban al descubierto. El formidable Egan Bernal, 21 añitos y primer Tour, ayudaba a llegar a meta a Froome minimizando las pérdidas del cuatro veces ganador de la carrera. Por delante Thomas incluso sacaba unos segunditos a Dumoulin y Roglic, enseñándoles quien era el verdadero sheriff de la ciudad. Y hablando de capos del pelotón, Peter Sagan estaba en la etapa divirtiéndose bajando y tuvo una caída muy dura. A más de 70 kilómetros por hora se salió en una curva. Dijo que estaba muy dolorido pero que a tres días de Paris no contemplaba bajarse. Su objetivo era llegar simplemente para ganar su maillot verde.

 

 

QUE DURA ES LA VIDA DEL ESPRINTER… Y DÉMARE LO SABE

 

El Tour 2018 tenía en la salida a los mejores velocistas de la actualidad. Se podía decir que estaban todos los hombres rápidos del pelotón a excepción de Bouhanni, ah no perdón que este es boxeador, y los triunfos de esta edición iban a estar muy caros. Gaviria, Sagan y Groenewegen se los repartían en la primera semana. Pero la carrera francesa se ha mostrado inclemente, y el paso por los Alpes mandó a casa a la mayoría de velocistas. De hecho solo quedaban Démare, Kristoff y Laporte como esprinters puros, junto al marciano Peter Sagan, que igual gana al sprint que una clásica de adoquín.  Es destacable que sufrió una caída en esta etapa Nairo Quintana. Una caída tonta, similar a la de Landa, que hasta en eso han compartido liderazgo estos dos.

 

La decimoctava etapa vio el trabajo de equipo de Groupama. Vio como el “Dios del ciclismo” recompensaba a Arnoud Démare, último en dos etapas alpinas y rozando el fuera de control, con una victoria sobre Laporte y Kristoff que fue celebrada por todo el equipo francés como si fuese la mejor de las clásicas. Las lágrimas de Démare en meta lo decían todo. Todo el sufrimiento en las montañas, toda la lucha contra el reloj para llegar a tiempo dentro del control y estar en la salida de otra etapa-tortura de montaña con la vista puesta en un único sprint había dado sus frutos. Miguel Indurain dijo una vez que a los que de verdad admiraba en una gran vuelta era a los velocistas. Dijo que era inhumano el sufrimiento al que  sometían a esos cuerpos no hechos para escalar con el único fin de poder salir otro día y poder disfrutar de un sprint. Y si D. Miguel los admiraba ¿Quiénes somos nosotros para no hacerlo?

 

 

BATALLA EN EL AUBISQUE

 

La decimonovena etapa era la última etapa de montaña. Y era de las buenas. Tenía el Tourmalet en medio de la etapa. Y el Tourmalet siempre tiene que ser tenido en cuenta. No por nada nos sacamos todos el carnet ciclista en su cima. Y después un llano por el valle hacia Argeles Gazost para subir el Aubisque por su lado largo y la vertiente de Borderes como pequeño regalo. Un terreno ideal para intentarlo. Era la última oportunidad. La general seguía en apenas tres minutos, y la crono del día siguiente daba miedo de dejar las cosas sin cerrar.

 

Y de nuevo una fuga inicial numerosa. ¿Y saben qué? Volvía a ir Alaphilippe. Sí hombre. Por diversión, porque el maillot de la montaña se honra. Y porque si se pasa Tourmalet en una etapa el que tiene que coronarlo es el líder de la montaña. Y así fue. Grande Alaphilippe. También iba en la fuga el costarricense Andrey Amador. Y en un error táctico imperdonable no iba ningún Lotto Jumbo, que se habla mucho de las pifias tácticas de Movistar y poco de las de otros equipos, que también las hay. Por no hablar de la soledad de Dumoulin en las montañas (salvando a Soren K. Andersen –todo un futuro corredor Tour-). A esas alturas de etapa el maillot verde, Peter Sagan, estaba pasando su particular infierno, sufriendo las secuelas de su dura caída y padeciendo para llegar a meta a dos días de Paris. No es lo habitual verlo con esa cara de sufrimiento, en meta diría que fue uno de los  días más duros de su carrera deportiva.

 

 

Así que el ritmo del Sky llevaba el grupo y a mitad de Tourmalet atacaban Landa y Bardet. Y el Sky no se inmutaba. Disciplina, ya saben, inglesa en este caso. Poels marcaba el ritmo, Castroviejo y Kwiatto en la recamara, y luego sus tres líderes (Thomas, Froome y Bernal –sí, este será líder pronto-) cómodamente instalados. Landa y Bardet abrían hueco y Landa hacía soñar a la afición española. Dos minutos de hueco y Amador esperaba a Landa casi arriba de Tourmalet y se ponía a tirar. Para mí ha sido una de las imágenes de este Tour: el sensacional trabajo de Amador en el descenso de Tourmalet y los 20 kilómetros de llano con viento de cara hasta la base del Borderes-Solulor-Aubisque. Amador, él solito, mantuvo tres minutos de ventaja contra Castroviejo y Kwiatto. Y eso son palabras mayores. Así es como debiera ser siempre el trabajo de un gregario: incondicional, a muerte por su líder, como si su carrera acabase en la base del siguente puerto.

 

Landa y Bardet empezaban con 3:30 Borderes. Pero por detrás hubo un cambio: Lotto Jumbo puso a tirar a Gesink, otro incombustible, y el holandés disolvió la diferencia de Landa a apenas un minuto. Y ahí atacó Kruijswijk (por qué no lo hizo en Tourmalet con Landa es un misterio, quizá le dolía todavía la cabalgada de Alpe D´Huez) y finiquitó a los gregarios del Sky. Y ahí vino el ataque de Roglic, hasta en tres ocasiones. Y Thomas salía a por él. Y también Dumoulin. Y Froome sufría, y se quedaba, pero Egan Bernal (otra vez Bernal) le ayudaba a reintegrarse. La fuga de Landa-Bardet era neutralizada. Landa que había sido segundo de la general virtual volvía a aterrizar en el mundo real. Y  el que llevaba mucho tiempo aterrizado en ese mundo real era Nairo Quintana, que en el ascenso a Borderes perdía comba con los favoritos y se olvidaba del sueño amarillo, otra vez, y entraría en meta con más de siete minutos perdidos.

 

 

Se coronaba Aubisque y en un descenso muy peligroso que da mucho miedito (el que lo conoce sabe de lo que hablo) y con algo de niebla todos los de la general se lanzaban hacia Laruns en búsqueda del triunfo de etapa. El más rápido y habilidoso bajando fue el ex saltador de trampolín Roglic, que con un descenso impecable se presentó en las calles de Laruns para conseguir el triunfo y un puñado de segundos que lo metían en el podio en detrimento de Froome. Todo quedaba para la crono final.

 

 

DUMOULIN GANA LA CRONO… SEGUNDO ARRIBA, SEGUNDO ABAJO

 

La vigésimo etapa del Tour de Francia era una dura crono, aunque corta, por el país vasco-francés. Técnica, revirada y con un par de repechos muy duros. La victoria del Tour, salvo sorpresa mayúscula, era para Geraint Thomas, no en vano es un ex pistard y consumado especialista. Mucho más que disputar había que ver quién le acompañaba en el podio. Dumoulin, Roglic y Froome se encontraban en un puñado de segundos. Y había mucho morbo por ver que hacía Froome que por primera vez en cuatro años no disputaba la crono vestido de amarillo. ¿Recuperaría Froome el sitio en el tercer lugar del cajón?

 

La crono enseguida habló. Thomas iba imperial. Marcaba los mejores registros en los cronos intermedios, inapelable. Roglic lo estaba haciendo inusualmente mal, dejándose mucho tiempo y todas sus opciones para subir al podio en París. Una pequeña decepción para él, aunque es joven y estará ahí otros años.  Dumoulin y Froome luchaban empatados a tiempos. Froome rodaba como el de los viejos tiempos, y Dumoulin rodaba tan elegante y rápido como siempre. En la llegada a meta Froome marcaba el mejor tiempo provisional. Dumoulin llegaba 1 segundo peor que Froome. Y Thomas, que pasó con 13 segundos de ventaja el último crono intermedio, se perfilaba como el vencedor de la etapa. Pero cuando el plano de la televisión francesa se fue con Thomas se vio que el galés estaba bajando las últimas curvas despacio, sin arriesgar. Trazando con calma. Solo volvió a dar pedales con fuerza una vez acabado el descenso. En la recta de meta se dejaba 14 segundos con su compañero Froome, que ganaba la etapa… ¿o no?

 

Pues no. El cronometraje oficial finalmente daba como ganador a Dumoulin, que no se lo creía. Froome, todo un caballero, sonreía al holandés, le daba la mano y se iba a abrazar a Thomas, al que le importaba una castaña la victoria de etapa… acababa de ganar el Tour de Francia. Y si realmente a alguien le importa lo que pasó les daré mi opinión. Lo he visto varias veces repetido y queda bastante claro. Cuando Froome llega a meta, el crono de la realización francesa (no el de los jueces) se para 40 metros antes de la línea en 40:50. Su tiempo real con el crono de los jueces es 40:53 comprobable en los monitores internos del Tour.  Llega Dumoulin y el crono se para en la línea correctamente en 40:52, es decir +1:78 segundos peor que Froome (crono en rojo), pero automáticamente se revisa con  el crono oficial de los jueces de Froome y pasa a verde -1 segundo. 40:52 para Dumoulin y 40:53 para Froome. A partir de aquí todo es especulación personal. En el coche de Sky vieron el primer crono a favor de Froome y no vieron la corrección a tiempo, con lo que saben que gana  Froome a falta de la llegada de Thomas que batía en los parciales a Froome. ¿Le dijo Sky a Thomas que parase para que Froome tuviese esa victoria de etapa como recompensa final? Mi opinión es que sí. Y la pregunta más jugosa. ¿La realización del Tour se “la jugó” al Sky  intuyendo ­-como todos- que Sky podía hacer esa jugada con Froome? ¿Pararon el crono un pelín antes o fue un error casual? Creo que sí también. Es una “petit” revancha del Tour contra Sky y el asunto Froome. Çe la Vie.

 

 

KRISTOFF: UN NORUEGO EN PARÍS

 

La etapa en París fue el paseo triunfal habitual. Un homenaje a los diferentes vencedores de las clasificaciones. La realización francesa nos enseñaba unos planos aéreos preciosos de la ciudad de la luz. Y el circuito de los Campos Eliseos veía el sprint que más codicia un velocista puro, el triunfo en la útima etapa del Tour de Francia. En esta ocasión fue para el noruego Kristoff,otro velocista superviviente que padeció tanto como Démare para llegar a París. Una alegría inmensa para este corredor al que el cambio de aires al equipo de  Emiratos le ha sentado especialmente mal. Con él esprintaron Degenkolb, que se va con una sensacional victoria en la etapa de Roubaix, y el mencionado Démare. Bien por ellos y el precioso sprint que nos brindaron.

 

 

El cuadro de vencedores de clasificaciones el Tour de Francia 2018 nos deja a Geraint Thomas como triunfador en la clasificación  general, acompañado en el podio por Dumoulin y Froome. Julian Alaphilippe ganaba el maillot de puntos de la montaña. Para Peter Sagan era el  maillot verde de la regularidad, su sexto maillot, igualando a Zabel. No será el último. El maillot blanco era para Pierre Roger Latour, luchado a pulso, y ganado (mis respetos al máximo para Latour) gracias al papel de gregario que tuvo que desempeñar Egan Bernal. El joven colombiano de 21 años ha demostrado que el futuro pasa por él. En su primer Tour ha dejado una huella considerable. El premio al más combativo era para el incombustible Daniel Martin. Y la clasificación por equipos fue para Movistar, una clasificación a la que el equipo navarro le da mucha importancia, quizá demasiada en mi opinión si lo que buscan de verdad es una victoria en la general. Y se llama clasificación por equipos por algo, porque llamarlo clasificación al mejor equipo sería un error. Ese ha sido sin duda el Sky, pero ya saben, es solo  porque tienen mucho dinero.

 

 

En tres semanas de carrera y con 176 ciclistas profesionales, los mejores en lo suyo, pasan muchas cosas y hay muchas historias. A mí personalmente me ha gustado la de Lawson Craddock. El texano de Education First sufrió una dura caída en los primeros kilómetros de la primera etapa. ¿Se imaginan ustedes? Meses de entrenamiento, de sacrificio, de privaciones y obsesión por estar en el mejor momento, de ilusión por estar en la salida de la mejor carrera ciclista. Vas a la salida y te dan el dorsal 13. Bueno, no importa, me coloco uno de los dos dorsales al revés, eso anulará la mala suerte. Pero Craddock no pudo esquivarla. Se cayó y se abrió la ceja izquierda, y además se fracturó la escapula. Pero acabó la etapa, el último, pero acabó. Y pensó que podía intentar seguir. Y para motivarse dijo que donaría 100 dólares cada día que llegase a meta a un proyecto para reconstruir el velódromo de su localidad natal, arrasado por una tormenta a finales de 2017. Su gesto se hizo viral y mucha gente empezó a donar. Han logrado casi 200.000 dólares. Suficientes para reparar su velódromo. Y Craddock seguía como último clasificado. Farolillo rojo del Tour de Francia. Su padre para animarle le dijo que llegase a los Pirineos, que él estaría esperándole en la subida a Val Louron para darle un abrazo. Más ánimos directos viajando desde Texas. No me imagino nada más emotivo para padre e hijo. El domingo Lawson Craddock acabó el Tour de Francia. Con la ceja ya curada y la escapula en proceso de curación. Con un dominio absoluto del farolillo rojo, último clasificado desde la primera a la última etapa. Creo que es la primera vez en la historia que alguien domina de esa forma la última posición. Pero la historia es preciosa. Digna de este maravilloso deporte y de esta gran carrera.

 

 

 

 

El Tour de Francia ha acabado. Las preciosas imágenes de Francia desde el aire y los girasoles envolviendo a los ciclistas bajo el sol de Julio se han acabado. Tendremos  que esperar un año más para ver de nuevo esta gran carrera. Dentro de unas semanas tendremos La Vuelta a España. ¿Habrá alguna revancha?… Veremos.

 

 

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