QUEBRANTAHUESOS 2017: MI CRÓNICA PERSONAL.

Una cita con el ciclismo en Sabiñanigo

 

Junio. Sábado. Sabiñánigo. Tres palabras que para mí van unidas a una cuarta: Quebrantahuesos. Es el día de ciclismo más especial en el año. Hay muchos días de bici. Un montón son divertidos, muchos intensos, algunos maravillosos, pero ese Sábado de Junio en la Quebrantahuesos es especial cada año. Para mí es especial desde 1992. Son 24 ediciones completadas, y realizadas de todas las maneras posibles, y con todos los resultados posibles. Y desde 2010 se ha convertido en más especial si cabe, ya que comparto ese día con mi hermana Patricia. Y acompañándonos en ese día y en el intenso viaje que nos lleva a él también está el fenomenal grupo de Zarabici. La grupeta rosa. No se puede pedir mejor compañía para disfrutar de este día tan nuestro.

 

El 2017 no ha sido diferente. Patricia y yo la haríamos juntos, pero también nos acompañarían unos grandes amigos: Carlos, Eloy, Oscar y Joachim. Sí que ha sido diferente en cuanto a las expectativas. Mi hermana Patricia lleva un par de años en los que entrena menos, y eso en una prueba de gran fondo no perdona. Así que reorientamos nuestro objetivo a pasar un gran día de bici, a no obsesionarnos con el resultado y a intentar llegar todos juntos. Cosa que no es fácil en una prueba tan larga y en la que suceden tantas cosas. Yo no tengo que engañar, el que me conoce lo sabe, también miraría el crono. Me encanta luchar contra ese enemigo natural y buscar el mejor tiempo posible dentro de lo marcado. Teníamos en el grupo una “broma privada”. Firmé hace casi un año, recién acabada la QH de 2016, en una servilleta de bar, una noche tomando unas  cervezas, que haríamos 6:48. Raúl, Eloy y Oscar se rieron y dijeron que estaba loco. Yo les dije que era un tiempo que con trabajo podían sacar. En mi mente el objetivo pasó a ser esos 6:48, lo que llamamos riéndonos “Proyecto servilleta”.

El viernes subíamos a Sabiñanigo y cumplimos con todas las tradiciones de cada año. Recogimos los dorsales, vimos en los dorsales la dedicatoria personal de Roberto Iglesias que cada año nos sorprende con ese detalle (gracias Roberto), saludamos a amigos, quedamos con la grupeta para la foto de grupo del día siguiente y nos subimos al apartamento a cenar y a dormir. Carlos Gallego, Eloy Velazquez y yo mismo dimos cuenta de la obligatoria pasta y de nuestra tarta de zanahoria “fetiche”. La tarta de las grandes ocasiones. Un rato de charla, preparar las bicis, otro rato de risas y a dormir. Una ventaja de llevar tantas ediciones realizadas es que duermo sin mayor problema. Los nervios no están, o al menos no me molestan.

A la mañana siguiente desayuno, ligero y algo de café y a esperar a Lucho García que subía con mi hermana Patricia en el día. Preparar las bicis de los dos compis de trabajo en Trek Store Zaragoza, otro café y a la foto de grupo. En la foto risas, nervios y saludos y deseos de suerte para cumplir con los objetivos de cada uno. Habrá tres grandes grupos de Zarabici. El de Roberto y Ester, el de Pepe Barbany y el nuestro. Y luego los buscadores de marca personal que irán por libre a exprimirse al máximo, como debe ser en un día tan señalado por todos. Nos faltarán Raúl Jorcano y Javier Bosque, a los que sendas caídas a muy poco del gran día han dejado en el dique seco. Ánimo y recuperaos pronto. Habrá más Quebrantahuesos esperando.

Nos dirigimos a nuestro cajón, pero antes Carlos y yo tenemos que cumplir una misión no del todo fácil. Queremos buscar a Miguel Indurain para que nos firme un maillot para un colega de Carlos. Nos vamos a la zona VIP y allí está el campeón navarro. Como siempre atiende a todos los que le piden algo y con una sonrisa, nunca le he oído un “no” a una petición de un admirador. Carlos saca el maillot, yo preparo la cámara y con los nervios se cae la punta del rotulador para la firma. “Vaya, no se puede, da igual” dice Carlos. Y Miguel Indurain le dice “claro que se puede hombre, coge la punta y métela”. El propio Indurain arregla el rotulador y se dispone a firmar. Uno de los organizadores le dice que es la hora, que hay que ir a la salida. Miguel le dice que espere, “mira que estoy firmando”. Flipante. Por eso el señor Miguel Indurain Larraya es querido por todo el mundo. Por eso es D. Miguel. Muy grande. Le dimos las gracias y nos fuimos a nuestro cajón.

En el cajón nuestros compañeros están algo preocupados, pero llegamos con tranquilidad. Vuelve a influir haber hecho tantas. A las 7:20 entramos en el cajón y aún nos da tiempo para hacernos los selfies de rigor y dar una pequeña “charla técnica” de cómo nos vamos a organizar. Joachim y yo abriremos nuestro grupo, Carlos y Eloy nos seguirán y Patricia y Oscar cerrarán el grupito. Todo claro entonces. El día es magnífico. El calor no se nota todavía, pero son las 7:30 y no hace fresco en Sabiñanigo. Sé que eso es señal de que el calor a mediodía será intenso. Suena el cohete y aquello se pone en marcha. Miro el arco de salida-meta con el crono cuando paso por debajo y cruzo los dedos mentalmente deseando que menos de 7 horas después podamos volver a cruzarlo sin ningún percance y todos juntos. No es tarea fácil.

Muchos nervios en el enorme pelotón de cabeza hasta Villanúa. Vemos algún enganchón y alguna caída, pero por suerte y con algo de oficio vamos esquivando los problemas y nos mantenemos bien colocados hasta el repecho de salida de Villanúa. Siempre respiro tranquilo al llegar a este punto. Es la parte de la prueba que menos puedes controlar, cualquier imprevisto es más posible en esta zona. Una vez empezado el Somport cogemos nuestro ritmo y empezamos “nuestra prueba”. Marco el ritmo de subida, y les recuerdo constantemente que hay que guardar las piernas y beber en abundancia. Nuestro amigo Carlos Biarge nos pilla por detrás, salía en un cajón más atrasado. Aspira a hacer por debajo de 6:30. Le animo y sigue hacia delante. También llega antes de Canfranc Ángel Aguilera, le saludo y me dice que se queda con nosotros. Ángel viene de correr este año la maratón de Paris, y ha entrenado menos en bici. Me alegro por su decisión, irá más tranquilo y nos ayudará en algún momento. Y por último en esa zona nos pasan Asier Ilzarbe y Monika Daza, la chica que marcó el mejor tiempo en 2016. Nos llevamos muy bien con ellos, son geniales. Nos saludamos y siguen para delante. Monika sube mucho y Asier es un buen apoyo. Nos parecemos en muchas cosas en bici. Nosotros seguimos a lo nuestro, todo el mundo va bien, y coronamos Somport fenomenal. El tiempo es bueno, seis minutos mejor que lo que tenía marcado. Pero queda un mundo.

 

En la bajada, que hacemos rápida, insisto en que todos bebamos y comamos suficientemente. Joachim marca el ritmo y yo le doy algún relevo para que pueda respirar. Es alucinante como rueda nuestro amigo alemán. Por algo le llamamos “La locomotora de Münster”. En un momento dado Ángel Aguilera me dice “gírate hacia atrás, merece la pena”. Lo hago y la imagen es espectacular. Detrás de nosotros seis se ha formado un enorme pelotón de casi 800 ciclistas. Precioso.

Giro a la derecha y comienza Marie Blanque. La parte más asequible la usamos para coger el ritmo sin agobiarnos. Nos pasa mucha gente de la que iba antes a rueda, no nos preocupa, sabemos que este puerto solo se puede subir al ritmo propio y guardando mucho. En la Quebrantahuesos Marie Blanque es el juez, pero Portalet es el verdugo. La combinación de ambos es la que te mata. Faltan 4 kilómetros. Llega la pared. A esas alturas estamos empapados en sudor. El calor húmedo es asfixiante en medio del verdor de “La Dama Blanca”. Aquí ya se nota el cansancio. Veo que Patricia empuja con los riñones alguna vez más de la cuenta, y las caras de los demás son serias. Todos vamos concentrados. Pero claro, rampas del 11% continuadas no permiten otra cosa. Este año no estaba nuestro amigo Abel Sáez en su sitio habitual, lo echamos en falta, pero todos nos acordamos de él. Llegamos a la última curva y sabemos que lo tenemos hecho. En la cima por primera vez no estaba el gaitero, un clásico de Quebrantahuesos, y al que siempre te alegras de escuchar. Pero el griterío de la gente en esos últimos 500 metros era bonito. Gracias por todos esos ánimos. En la cima del puerto veo 3:07. No me lo puedo creer. Mi amigo Roberto y yo sabemos por experiencia que hay una regla para estimar tu tiempo final en QH desde Marie Blanque: multiplicas el tiempo por dos y le añades de 10 a 15 minutos. Esa regla matemática, si eres capaz de no hundirte en Portalet y no te has pasado en los esfuerzos, funciona siempre. Hago el cálculo (3:07 x 2 + 15 = 6:29) y sé que podemos marcar menos de seis horas y media. Sonrío y le hago un gesto a Carlos Gallego. Sabe perfectamente lo que estoy pensando. Pero tengo respeto. En mi fuero interno pienso que quizá hemos subido deprisa, estamos en forma, pero que nos pueda faltar fondo en Portalet. Si eso es así el sobreesfuerzo hará que Portalet sea un calvario.

Nos tiramos hacia abajo. Y decido que vamos a parar todos en el gran avituallamiento de Marie Blanque. Cuando digo que paramos todos se sorprenden, no es mi costumbre. Pero sé que nos irá a todo genial la parada. Eloy y Oscar están encantados porque pueden hacer una rápida visita al baño, son unos meones. Carlos, Joachim y Ángel rellenan todos los bidones mientras yo guardando las bicis observo divertido como Patricia está desubicada. No ha parado nunca en un avituallamiento y no sabe qué hacer. Nos reímos. La parada técnica  acaba y todos nos lanzamos para abajo rápido. Abro nuestro grupo y aviso de la peligrosa rejilla en la zona de la ermita, así como de las traicioneras curvas del final. Pasamos sin ningún incidente la bajada y llegamos a los llanos hacia Laruns. En estos llanos vuelve a marcar el ritmo Joachim y le indico de nuevo la fila de ciclistas que vamos formando. Todos los grupos que cogemos se van colocando a rueda. Joachim se lo está pasando en grande y yo disfrutando con él. Una muy buena velocidad, pero con cuidado en los toboganes para no castigar las piernas, nos lleva a Laruns.

 

Portalet. 29 kilómetros de subida. Un puerto que me encanta. Con un calor ya notable. Aquí es donde de verdad empieza la QH para los que quieren marcar un gran tiempo. Es el verdugo de la prueba. No permite dudas. Tienes que confiar en tu trabajo y  entrenamiento. Buscas tu ritmo y vas con él hasta arriba. Animo a mi grupo. Les motivo y les digo que este es el momento. Que para esto hemos entrenado. Y empezamos a subir. Rápido, deprisa, con el plato en esas primeras zonas más fáciles y no escucho ninguna queja. Empiezo a ver que este es uno de los grandes días. De esos días que recuerdas “ostras, que bien me iban las piernas en la QH”. Con el constante recordatorio de beber agua y comer algún gel vamos pasando las diferentes fases del puerto: la virgen, la central eléctrica, el jardín ornamental, el planito de Gabas y llegamos a la presa de Artouste. Como no podía ser de otra manera aquí ya vamos sufriendo. Patricia ya ha pedido algún menos y Oscar está sufriendo realmente. Oscar es un gran tipo y su actitud es admirable. Sabe lo importante que es llegar todos juntos y literalmente “se machaca” encima de la bici para conseguirlo. Joachim y Ángel se convierten en los apoyos fundamentales de Oscar en esta parte final de la prueba.

 

En el avituallamiento de Artouste Joachim rellena unos cuantos bidones que nos permitirán acabar la prueba. Y nos enfrentamos a la parte más dura de Portalet. El asfalto está impecable y hay un ligero viento de cola que nos ayudará. Los gritos de ánimo son constantes y vamos devorando los kilómetros. A falta de 3 kilómetros nos espera la sorpresa de la jornada: “vamos Zarabici” oímos. Es Javier Bosque animando en persona… y con bidones de agua fresquita esperando. Cogemos un par de ellos y nos refrescamos. Gracias Javier nos encantó verte, y también tu agua. Eres un amigo. El sufrimiento de Oscar ya es extremo, pero sigue agarrado al grupo con los ánimos de Joachim y Ángel. Patricia va genial. Carlos y Eloy están perfectos, que en forma han llegado a la prueba. Un grupo que era de más de 300 personas al comienzo de Portalet apenas alberga a dos docenas a esa altura. Así de difícil es aguantar un ritmo sostenido en este monstruo de puerto. En los últimos 2 kilómetros vemos a caras conocidas que nos animan. Diego y Jariod están disfrutando a pie de carretera. Hacemos el último esfuerzo, y en los últimos metros oigo a David Lecina, gracias por tus cuidados David, animarnos. El Portalet está vencido. Hemos subido en 1:31, un registro muy bueno para el día de la prueba. Miro mi crono. Sé perfectamente el tiempo que vamos a marcar en meta. Bajaremos de 6:30. Miro a Carlos y a Eloy que sonríen, y miro de reojo a mi hermana. No le importa el tiempo, no los controla, está con una sonrisa de oreja a oreja. Está disfrutando como en los mejores días. Estoy orgulloso de mi hermana, es una “marciana”, no hay ninguna duda de que los genes buenos familiares para el deporte los ha heredado ella.  Joachim y Ángel me hacen el gesto de que ok, estamos todos. Ceruelo se ha rehecho, y nos lanzamos para abajo.

La bajada de Portalet muy rápida. Las bicis de ahora son una preciosidad y además son prodigios tecnológicos. Estoy encantado con mi Trek Emonda SLR y bajo con ella con una confianza total. Me chifla mi bici. Y en las bajadas donde se generan situaciones de riesgo tener confianza en el material es fundamental. Me divierto bajando y señalo las zonas más delicadas a mis compañeros. En la aproximación a Hoz de Jaca cogemos un grupo donde vemos con sorpresa que están Asier y Monika. También está nuestro compañero Carlos Biarge. No los veíamos desde Marie Blanque. Rodamos acostumbrando a las piernas a la tensión para evitar calambres y nos enfrentamos a Hoz de Jaca. Para mí es un mero trámite y sé que se pasa simplemente con la motivación de haber llegado hasta ahí. Coronar Hoz de Jaca tiene un premio añadido: ver el ambientazo que prepara el pueblo de Hoz. Todo Hoz de Jaca se vuelca con la Quebrantahuesos. No se entiende la Quebrantahuesos sin Hoz de Jaca. Todos los años, todos, me ponen la piel de gallina. Gracias por vuestro respeto y apoyo a la prueba, sois grandes.

Una vez pasado Bubal y su traicionero repecho nos lanzamos en busca de Sabiñanigo. Es la hora de las locomotoras de nuevo. Nos dividimos las tareas, y mientras Carlos, Eloy y Ceruelo ruedan con Patricia, por delante Joachim, Ángel, Biarge y yo tiraremos con todo lo que podamos hasta meta. Este año es especialmente duro. Tenemos calor, y el viento de cara es especialmente molesto. Se hace muy duro el trabajo, pero entre todos y con algún relevo puntual de otros compañeros de viaje llegamos a la última tachuela del día. Cartirana lo salvamos sin problema, algún amago de calambre, pero ya estamos en casa, y todo se pasa.

En la calle Mayor hacemos el último esfuerzo y en la Avenida del Ejercito de Sabiñanigo nos permitimos parar y agruparnos para conseguir una foto bonita en meta. Todos vamos emocionados. Lo hemos conseguido. El crono final marca 6:28:53 y hemos entrado todos juntos en meta. Impensable.

Nada más cruzar la meta hay un estallido de felicidad. Abrazos, besos, risas, llantos, emociones liberadas después de muchos esfuerzos y sacrificios. Y en meta está esperando la familia. Mi madre que cumple años ese sábado. Emocionada por ver a sus hijos y nosotros felices de verla a ella. Y Gemma y su familia que esperan y abrazan a Carlos. También está José Antonio “Junior”, que este año no ha podido hacerla, pero que ha subido a apoyarnos, gracias amigo. La felicidad es absoluta. También nos saludamos con Monika y Asier. Hemos entrado juntos, y Monika y Patricia han dado una lección de deportividad y saber estar compartiendo ese momento juntas.

Ahora solo queda esperar al reencuentro con nuestra gente. Sergio Serrano y Oscar Tolosana ya están en meta, son dos pata negra que han ido muy rápido. Pachi, el “Zar” de la escuela rusa también ha conseguido un gran registro, y Pakito se ha salido literalmente. Todos han marcado grandes cronos y están muy satisfechos. Llega el grupo de Roberto y Ester, con Diego, Kake, Lucho, Nacho y los dos Franciscos. Han bajado de 7:00. Objetivo cumplido. Y un ratito más tarde llega el grupo de Pepe Barbany, con Myriam Alonso, José Ramón Margalejo y Fernando Zugaza. Menos de 7:30 otro objetivo cumplido. Y también irán llegando todos los amigos que formamos este gran grupo: Asis, Alberto, Dani, Cesar… Solamente lamentar la mala fortuna de Manu Cuenca que tuvo una caída en el tramo final, cuando ya tenía su primera QH en el zurrón. Lástima, pero mucho ánimo, con tu carácter sabes que esta prueba te espera para el año que viene. Y también hubo amigos en la Treparriscos: Francisco Alierta y su encantadora esposa Marí Carmen cumplieron con la hermana pequeña de QH. Y Mike Alvarez que volverá a cumplir. Bravo por ellos.

La Quebrantahuesos 2017 es historia. Una más. Preciosa. Y forma parte de las 8.000 historias que se generan ese día. Para mí ha sido otro día inolvidable. Gracias Patricia por ser así como eres, me sigues sorprendiendo, y son ya ocho años de quitarme el sombrero. Gracias Carlos por tu elección de acompañarnos, sabes lo que lo aprecio. Gracias Eloy por cuidar de mi hermana toda la mañana. Gracias Oscar por tu entrega absoluta en todo el día. Gracias Joachim por tu trabajo todo el día y por querer compartirlo con nosotros. Gracias Ángel por tu apoyo y por esa preciosa foto que resume toda una QH. Gracias Roberto, por ser mi amigo y darme siempre los consejos que necesito. Y gracias a todo el grupo que conformamos esta familia que es Zarabici. Sin vosotros no sería lo mismo.

 

Y por último aunque no menos importante me gustaría agradecer a todo el mundo que hace posible esta gran prueba que es la Quebrantahuesos. Vosotros hacéis posible que gente como yo disfrute de su deporte en un día mágico preparado con todo mimo para que sea así. Desde la organización a la gente que ha estado allí desde el primer día. Y sobre todo GRACIAS al alma y corazón de la QH: GRACIAS A LOS VOLUNTARIOS. Vosotros hacéis que esta prueba sea lo que es hoy en día. Vosotros marcáis la diferencia. No lo dudéis. Nos veremos en el 2018. ¡Larga vida a la Quebrantahuesos!

 

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