MILÁN SAN REMO 2017: ¡QUÉ FINAL!

Un polaco, un eslovaco y un francés en Vía Roma…

La Milán San Remo del 2017, la 108ª edición de la Classicissima, será recordada dentro de unos años. No tengan ninguna duda. Y lo será por su desenlace final. En concreto por sus últimos 20 metros. La carrera, como habíamos escrito en la previa, respondió a todo lo que se espera de esta primera gran clásica. Y respondió a un patrón clásico: una fuga temprana, controlada en todo momento por el pelotón y una trepidante fase final.

La carrera venía “lenta”, todo lo “lento” que se puede considerar ir a una media por encima de 41 km/h en un recorrido de 291 kilómetros. Pero para el estándar profesional fue una Milán San Remo asequible en cuanto a ritmo. A pesar de contar con un viento de cola nada desdeñable los corredores fueron desgranando los kilómetros con relativa tranquilidad. A la base de la Cipressa se llegó en pelotón y ahí empezó el festival. La fuga pasó a la historia, según el guión establecido previamente. Cipressa se subió a 34,6 km/h de media. Eso seleccionó el pelotón y dejó fuera a únicamente a Cavendish, al que nunca se vio en carrera. La bajada vertiginosa como es habitual llevó a los corredores a Via Aurelia, el “llano de la muerte” antes del Poggio. En ese tramo hubo un intento de Gallopin al que respondió Gilbert y se formó un grupito interesante, pero dos corredores de Bora secaron la intentona rápidamente. Se habla de que Sagan no tiene equipo. En Tinkoff no lo tenía tampoco y ganaba, en el Mundial solo dos corredores de su país le sirvieron para ganar, y en esta San Remo ese único momento de peligro lo controlaron magníficamente.

En grupo y ordenados por equipos devoraron el llano de Aurelia a toda velocidad. Aquí nos quedamos con la imagen de Tom Boonen trabajando para Gaviria. Marcó el ritmo justo hasta la base del Poggio en lo que ha sido la última San Remo de la leyenda viva de los adoquines. Y en el Poggio apareció el tren de Sky. El equipo británico llevaba seis corredores en esa parte final. Viviani, que declaró que llevaba seis meses preparando la prueba, iba magníficamente escoltado. El elegante holandés Dumoulin marcó un ritmo muy duro, incluso dejaba de rueda a los Sky, pero inexplicablemente no intentó nada. Se supone que trabajaba para Matthews, uno de los outsiders en la lista, pero me pregunto si no hubiese sido más inteligente un ataque para ver qué pasaba. De hecho el ritmo duro ya lo marcaba Sky, ¿no? Quién sabe si un ataque de Dumoulin no le hubiese dejado en cabeza para cuando vino posteriormente el “Sagan-Show”. Faltaban 400 metros para coronar el Poggio. Parecía todo encarrilado a otro sprint en Vía Roma pero…

El show de Peter Sagan… pasen y disfruten.

Peter Sagan, máximo favorito, esprinter destacado, doble campeón mundial, con opciones máximas en un final de velocistas y… ataque brutal a 400 metros de coronar. Sentado, aumenta cadencia, se levanta, pura potencia sobre los pedales, se vuelve a sentar, a su rueda primero Degenkolb y luego Colbrelli se “abren de patas”. Colbrelli grita desesperado por su emisora. Del tren del Sky sale Kwiatkowsky y con él Alaphilippe. El polaco no logra tapar el hueco. Sagan no mira hacia atrás. Es el mismo sitio dónde otros ilustres han atacado y ganado magistralmente: Fignon, Furlan, Fondriest, Jalabert… Un terreno vedado a unos pocos privilegiados. Kwiatkowsky no cierra el hueco, pero el joven Alaphilippe sí que lo logra hacer. Coronan el Poggio de San Remo. Han subido a 35,5 km/h de media. La tercera marca más rápida de la historia, lejos de los 38,5 km/h de Jalabert de 1995, pero claro era 1995, con todo lo que implica.

Milan San Remo 2017: Sagan atacando en el Poggio.

Sagan y Kwiatkowsky, un final de infarto.

Sagan no mira para atrás. Marca en solitario toda la bajada. Alaphilippe y Kwiatkowsky no se despegan, no le dan ni un metro a este “Jedi” de la bicicleta. Conduce como si la bici fuera una prolongación de su cuerpo. Es flipante. Por detrás un abnegado Felline tira a muerte de Degenkolb y del pelotón, pero hay 17 segundos que serán insalvables.

Hasta aquí son todo hechos, a partir de esta línea entro en el terreno de mi opinión personal. ¿Cómo lo veo yo? Quedan apenas dos kilómetros para la línea de meta. Sagan pide colaboración ya en el plano. Kwiatkowsky y Alaphilippe le dan un relevo cada uno. El de rigor. El de caballeros. No están obligados a más. ¿Por qué? Primero: Sagan es el más rápido. Segundo: los dos tienen un esprinter detrás en el pelotón para el que han salido a trabajar (Viviani en Sky y Gavivira en Quick Step). Tercero: se han dejado la vida para aguantar a Sagan que los ha querido “matar” en el Poggio. Suficiente.

¿Es Sagan torpe tácticamente?

En mi opinión no. Un tipo con el palmarés del eslovaco y doble Campeón del Mundo no se merece la etiqueta de torpe tácticamente. Pero sí que se equivoca totalmente en el último kilómetro. Su gestión del final el Sábado fue pésima. Si eres, sobre el papel claro, el más rápido de un grupo reducido lo que dice el manual de ciclismo que tienes que hacer es pegarte a la valla para dejar un solo lado expuesto, girarte hacia ese lado vigilando a tus rivales y esperar a tu distancia de sprint. Si los rivales se ponen nerviosos y arrancan de lejos tendrás capacidad para remontarlos. Si por el contrario llega tu distancia de sprint estarás en tu terreno natural y con la potencia de arrancada que ha demostrado siempre Sagan estaría casi hecho. Sagan el Sábado arrancó a 200 metros, sacó tres bicis de ventaja, pero se le hizo largo, muy largo. Eligió resolver como en Kuurne-Bruselas-Kuurne, pero claro detrás tenía a Kwiatkowsky y no a Stuyvent. Esa precipitación fue su garrafal error. Quizá incluso la palabra no es precipitación. Quizá se vio tan sobrado que pensó que podía sacar el corner y rematarlo todo él solito. Y una cosa que nadie se ha planteado: cuando Sagan inicia el sprint «Kwiato» está dos bicis por detrás en un aparente despiste. ¿Y si el astuto polaco dejó ese hueco a idea para incitar a Sagan al error de lanzar de lejos? Yo lo veo muy capaz. Estamos hablando de un Campeón del Mundo en Ponferrada, un tipo muy rápido. Viéndolo repetido no me parece tan descabellado. De cualquier modo el final es sabido por todos. Kwiatkowsy remonta a Sagan en los últimos diez metros, y ni el portentoso golpe de riñón del eslovaco logra arreglar el error. Por cierto, amplíen la foto del golpe de riñón y vean como Sagan saca literalmente la cadena del plato con el movimiento desesperado final. Increíble. Kwiatkowsky logra la victoria en San Remo. Sagan es segundo otra vez y el joven Alaphilippe es tercero en su primera participación en La Primavera. El polaco Kwiatkowsky con 26 años está consiguiendo un palmarés envidiable: un Mundial, una Amstel, un E3, dos Strada Bianche y ahora una Milán San Remo, ahí es nada.

Milan San Remo 2017: Sagan y su golpe de riñon no fueron suficiente

La lotería de la Milán San Remo… tururú.

Muchos dicen que la Classicissima es un tostón. Que es una carrera solo para velocistas. Que es una lotería. Tururú. ¿Un tostón? A mí me tuvo de los nervios desde el Poggio hasta meta. ¿Solo para velocistas? En los últimos diez años han llegado cuatro escapadas. Cuatro de diez no es un mal porcentaje para los no velocistas. ¿Una lotería? Claro que sí guapi. No hay más que mirar los diez primeros de 2017. Los dos últimos Campeones del Mundo (uno por partida doble), un joven francés que lo será (lo veo), y el sprint del grupo deja a: Kristoff, Démare y Degenkolb (todos ellos ganadores de San Remo) y Gaviria (que la ganará). Así que esa lotería queda muy desmontada, ¿no les parece?

Milan San Remo: el sprint del pelotón

Me hubiese gustado que ganase Sagan. Me hubiese encantado que un ciclista vestido de Arco Iris hubiese ganado La Primavera, el último en logralo fue Saronni. Pero no pudo ser. A Sagan se le vio “fastidiado” nada más acabar. Sagan sabe ganar y también sabe perder. No puso peros a su derrota. De hecho felicitó instantáneamente a Kwiato y solo dijo que quizá “algo de colaboración hubiese estado mejor, pero lo entiendo, cada uno hace su carrera”. Lo que me gusta menos es eso de “lo importante es dar espectáculo” como si lo de menos fuese la victoria. Da la sensación de menospreciar el haber perdido un monumento. Es como si no tuviese capacidad de autocrítica en el error del sprint. Y no es la primera vez que le pasa. Pero si no hay autocrítica o análisis de los fallos lo que tendremos serán más fallos. Pero me temo que eso va dentro de la propia idiosincrasia del “Sagan-personaje mediático” que hay montado a su alrededor. Esperemos que el personaje no fagocite al ciclista. Un ciclista que, ojo al dato apabullante, desde que se convirtió en profesional ha disputado 533 días de competición en los que ha sido 1º en 92 ocasiones. 2º en 78 ocasiones. 3º en 34 ocasiones. Es decir, de 533 días de dorsal ha subido al podio en 204 ocasiones, el 38% de las veces. El dato es marciano. Como él.

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