GIRO 2018: FROOME CUMPLE LOS PRONÓSTICOS… AL FINAL

 

Decía en el post sobre la primera semana del Giro que estaba siendo “un Giro extraño”. Ni se me ocurrió pensar que tres semanas más tarde ese adjetivo se quedaba corto. ¿Extraño? Que va, ha resultado mucho más que eso. Un Giro que ha acabado en Roma marcando la velocidad media más alta de la historia de la carrera: 40,105 km/h. Casi nada. Un Giro que ha visto el desfallecimiento de cuatro de los favoritos de la carrera, ¡cuatro! Chaves, Aru, Yates y Pinot fueron víctimas de pájaras monstruosas. En el ciclismo moderno, tan medido, tan controlado, tan de recuperaciones científicas es raro ver un fallo de uno de los líderes de equipo… ¿pero cuatro en la misma carrera? ¿Qué está pasando? ¿Qué nos estamos perdiendo? Un Giro que ha visto como el máximo favorito en la salida, el británico Froome, daba muestras de no estar capacitado para ganar la carrera, empezando la última semana a cuatro minutos del liderato. Un Giro que veía el ataque más brutal, lejano, marciano, en solitario desde aquel día de Julio de 2006 en Francia con el apestado Floyd Landis. Un Giro que cambiaba a manos del inicial favorito a solo dos días del final, cuando nadie lo esperaba. Y como colofón final un Giro que acabó con una etapa circo en Roma que debería de hacer reflexionar a todas las partes implicadas en el esperpento visto. ¿Puede resultar todavía más extraño? Sí. Denle tiempo. La situación legal del ganador en la carretera en relación a su proceso por dopaje, puede hacer que todo lo que hemos visto en estas tres semanas no valga nada. El ciclismo, lamentablemente, es así.

 

UNA CRONO QUE APRETABA LA CLASIFICACIÓN

 

En la etapa 16 se disputaba la contrarreloj de Trento. La mayor duda era ver cuánto tiempo era capaz de recortar Dumoulin a Yates, y si Froome era capaz de volver a la pelea por la carrera. La crono fue para el especialista Rohan Dennis, que estuvo a punto de ganar ya  en el prólogo de Jerusalen. Esta vez Dennis pudo ganar a Martin y a Dumoulin. Froome estuvo cerca y recortó distancias, quedándose cuarto y cerca del podio. Dumoulin estuvo bien, pero no súper (le queda mucho para ser Indurain –eso es un hecho-) y recortó a Yates. La general quedaba con Yates con 56 segundos de ventaja sobre Dumoulin, pero con dos etapas de montaña terroríficas por delante que a priori favorecían al británico que estaba dominando el Giro hasta ese día.

 

 

En la crono también pasaron cosas muy curiosas. Tras coches, corredores por parejas a rueda… y los comisarios usaron el video para sancionar. Uno de los sancionados fue el “tramposete” italiano Fabio Aru, que se marcó una crono para enmarcar. Cuando llegó a meta marcó el segundo mejor tiempo a solo 23 segundos de Martin, que al verlo entrar movió la cabeza de manera inequívoca como se puede ver en este divertido vídeo. Martin sabía que aquello no era normal. Muy italiano todo.

 

 

VIVIANI CONSIGUE SU CUARTA ETAPA

 

La etapa 17 con final en Iseo, bajo un aguacero torrencial, vio de nuevo un sprint perfectamente ejecutado con Elia Viviani. Su lanzador Fabio Sabatini lo hizo genial y Viviani batió de nuevo a Bennett. El nivel de los sprints de este Giro no ha sido muy alto (mis respetos al máximo) y eso se ve en que dos velocistas, Bennett y el propio Viviani,  se han repartido todas las etapas llanas.

 

 

EN PRATO NEVOSO EMPIEZAN LAS DUDAS PARA YATES

 

El líder de la carrera, Simon Yates, al salir de la contrarreloj manifestó que su situación era ideal y que en los días que restaban se dedicaría a defender su renta. La consideraba suficiente. Su dominio hasta la fecha, con tres etapas ganadas y una “regalada”, era aplastante. Y llegó la etapa de Prato Nevoso, en principio la más asequible de las tres etapas montañosas finales. Una etapa plana con final en alto, en la que no se rodó especialmente rápido -39,86 km/h-, con una fuga consentida de inicio dejó la primera sorpresa de la semana.

 

En la fuga ganó de manera magistral el talentoso alemán de 24 años Maximillian Schachmann, ojo que aquí parece que hay un buen corredor, haciendolo todo él: Marcar el ritmo, seleccionar, atacar varias veces y rematar en los últimos quinientos metros. Un portento oiga. Y por detrás el grupo de los favoritos subía a tren. Todo controlado. Parecía que todo el mundo guardaba para el temida etapa 19. Pero a falta de 2 kilómetros Chris Froome atacaba. Cambiaba el ritmo. Con él se iban Dumoulin y Pozzovivo sin aparente problema. Pero Yates dejaba unos metros. El líder, la maglia rosa no podía seguir el cambio de ritmo. Y llegó Poels, ese gregario para enmarcar, y aceleraba en favor de su compañero de equipo. Y Yates perdía más terreno. Los tres aspirantes a la general iban a tope hasta la línea. Yates entraba casi medio minuto más tarde. La general se apretaba. Yates líder, Dumoulin a 26 segundos y Pozzovivo a 2:43. Froome era cuarto a 3:22. Yates en meta dijo que no había sido un buen día, pero que ningún problema, que seguía al frente. Pues era cierto, pero en ciclismo que tus rivales “huelan sangre” no es lo mejor para afrontar las dos durísimas etapas que quedaban.

 

 

FROOME APLASTA A TODOS EN FINESTRE

 

Etapa 19 del Giro 2018. Una temible etapa. 184 kilómetros. Una salida con 42 kilómetros de subida con puerto inicial, el Colle del Lys. Un terreno muy doloroso para hacer la fuga. La ascensión al temible Finestre, quizá uno de los puertos de paso más duros de Europa (19,5 kms al 9% y con 9 kilómetros finales de tierra). Descenso enlazando con Sestriére y posteriormente 35 kilómetros de descenso y llano hasta la subida final a Jafferau. 9 kilómetros duros para acabar este monstruo de etapa. ¿Qué se podía esperar de la etapa? Se podía especular con todo. Pero es curioso ver como Tom Dumoulin tenía claro lo que iba a pasar. En este precioso vídeo del equipo Sunweb se ve como en la charla del autobús el holandés les explica a sus compañeros y director lo que cree que va a pasar. Minuto 5:40 del vídeo. “Poels va a poner un ritmo súper duro y en la zona de tierra Froome va a atacar con todo. Es seguro 100% que eso va a pasar”. Amén. La «Mariposa de Maastricht» tenía claro el espectáculo que iba a presenciar.

 

La etapa salió muy rápida. Todo el mundo quería tener gente delante. Los equipos modestos para luchar por la gloria de la victoria parcial en una etapa mítica, los equipos de los aspirantes a la general mandando gente por delante para intentar hacer de posible puente en la determinante zona después de Finestre y el equipo del líder a tope para controlar y evitar peligrosas situaciones tácticas.  Esa combinación dio un ritmo asfixiante que hizo que a pie de Finestre todos fuesen juntos. Pero apenas 40 corredores formaban ese primer pelotón. Y apareció el equipo Sky, pero el equipo Sky del Tour. El trenecito volvía a estar activo. Y saltó la sorpresa: en los primeros kilómetros de ascensión la maglia rosa se quedaba. Pero se quedaba de verdad. Apenas pedaleaba. Con él Mikel Nieve intentando que subiese. Pero el intratable Yates, el capo del Giro estaba muerto. En meta perdió 39 minutos. Dos días antes, líder y señor del Giro, había rechazado firmar un contrato de 2,5 millones de libras esterlinas con su equipo. Se rumoreaba que buscaba 4 millones de libras y que falló la firma. ¿Le afectaría esto? A saber.

 

Y por delante llegó el momento que temía Dumoulin. Quedaban 15 corredores en cabeza y Pozzovivo también había fallado a esas alturas. El italiano decía adiós también a sus opciones en la general. A 82 kilómetros para meta Poels aceleró. Y posteriormente tomó el relevo  el pequeño francés Elissonde, que realizó 500 metros como si su vida acabase ahí mismo, y entraron en la pista de tierra. Tal y como Dumoulin predijo atacó Froome. Ya saben: mirada abajo, cabeza gacha, codos abiertos, molinillo infernal y sin levantarse del sillín. Nadie le pudo seguir. Por detrás Dumoulin viajaba acompañado de Pinot, López, Carapaz y Reichenbach.

 

 

Y en esos 9 kilómetros finales de Finestre empezó el show de Froome. 80 kilómetros en solitario hasta meta. Con dos puertos por delante y una zona de llano de 35 kilómetros. Casi nada. Y de lo que sucedió se ha escrito ya mucho. Y se ha especulado mucho. Yo voy a dar mi opinión personal, en base a lo que vi en mi televisión, desde la comodidad de mi sofá.  Aquí va…

 

En primer lugar desde el punto de vista táctico Froome lo hizo perfecto. Aisló a sus rivales. Fuera gregarios. Jefe de filas contra jefe de filas. De manual. Y Dumoulin comete varios errores: el primer error es no seguir a Froome en su ataque. Es cierto que no sé qué piernas tenía Dumoulin en ese momento, y que seguir al británico podía hacer que reventase como otros previamente. Desde el sofá todo es muy fácil. Admitiendo que ese error puede ser menor, o provocado por no querer ahogarse con el imposible ritmo de Froome, lo que hizo es correcto. Dumoulin siguió a ritmo e intentó minimizar el tiempo perdido en la cima. Froome pasó con 42 segundos ganados sobre Dumoulin, que era la maglia rosa virtual dado el hundimiento de Yates. En la general virtual el holandés tenía 2:54 de ventaja sobre Froome y más de 4:00 minutos de ventaja sobre Pinot y López que viajaban con él.  El segundo error sí que es más abultado. A 1 kilómetro de coronar Finestre Pinot tiene una avería y Dumoulin decide esperarle. Si no lo hubiese hecho la diferencia apenas en la cima apenas hubiese sido de 20 segundos. Pero es que el holandés aún lo empeora. En lugar de ponerse a bajar para intentar cazar (le recomiendo que vea el descenso de Indurain del Tourmalet en 1994 para solucionar una emboscada similar de Rominger) se para a esperar a Reinchenbach, un gregario de Pinot. La teoría quizá parezca buena, pero la idea táctica es malísima. Reinchenbach iba muerto. Tardó en enlazar y cuando por detrás se pusieron a relevar Froome les había cogido 47 segundos adicionales en la bajada. Froome comenzaba Sestriére con 1:29  de ventaja. Nada grave todavía. Dumoulin tenía 1:25 de margen en la general todavía.

 

En la ascensión a Sestriére Froome volvió a meter tiempo. La friolera de 1:07. Aquí es dónde se vio el potencial error de Dumoulin. Sus aliados no eran tales. El ritmo no bastaba. Es más, me atrevería a decir que el ritmo de Reichenbach perjudicó claramente al holandés. Y ahora ya en la mente de todos empezaba a caber una idea descabellada al inicio de la etapa: Froome podía ponerse de maglia rosa. Froome podía ganar el Giro. Dumoulin todavía era líder virtual con 18 segundos de ventaja. Pero tenía mala pinta para el holandés.

 

A Froome le quedaban por delante todavía 48 kilómetros de esfuerzo en solitario que incluían 30 kilómetros en una zona plana por autovía. En mi opinión la única esperanza de Dumoulin era darse cuenta que se estaba enfrentando a la mejor versión Froome y su solución era ponerse el mono de faena y tirar sin importarle nada. No podía perder ese diminuto colchón de segundos que le quedaban. Pero Dumoulin no hizo eso. Siguió con la actitud de buscar colaboración. No es la primera vez que le pasa. Perdió una Vuelta en la Morcuera por algo parecido. Y en este mismo Giro Yates le dio un bocado en Sappada por lo mismo. En esto tampoco se parece a Indurain. El navarro era mucho más listo en carrera. En meta incluso se permitió hacer declaraciones despectivas con sus compañeros de grupeta (“Reichenbach bajó como una abuelita”) y en esto tampoco se parece al campeón navarro. En ese llano hasta la base de Jafferau Froome volvió a coger 49 segundos.  Froome ya era maglia rosa virtual por 31 segundos.

 

En el último ascenso a Jafferau todavía se podía esperar una reacción de Dumoulin. Una subida a bloque que le permitiese recuperar algo. Pero no pasó. Pinot, y sobre todo López y Carapaz que fueron a la suya toda la etapa, se dedicaron a atacarse con las mínimas fuerzas que les quedaban. Dumoulin se quedaba incluso, demostrando lo tostado que iba a esas alturas. Froome por delante no cesaba y ya se volcaba los bidones de agua por encima refrigerando un motor que iba a tope. En Jafferau solo perdía 1 segundo respecto a sus perseguidores. Marciano. La gesta estaba completa. Froome había culminado con éxito una fuga de 80 kilometros en solitario, en una etapa de alta montaña, con uno de los puertos más duros de Europa en el menú. Froome había pasado del cuarto puesto al liderato en una etapa para el recuerdo. Froome salía de la etapa 19, una etapa para el recuerdo, líder con 40 segundos de ventaja.

 

 

Al margen del aspecto táctico de la etapa hay que analizar la gesta de Froome vista desde el punto de vista de la credibilidad en este ciclismo tan castigado por el dopaje: en Sestriére todos nos dimos cuenta que el espectáculo que estaba dando el británico dominador de los últimos Tours no era normal. Como una apisonadora iba metiendo tiempo. Su pedaleo no decaía. Había que irse al ciclismo antiguo para recordar algo así. A las hemerotecas, al blanco y negro. Como aquel 10 de Junio de 1949. En el Izoard, en la Casse Déserte, allí donde los campeones ruedan solos, la radio italiana gritaba aquella mítica frase de “¡Un uomo solo è al comando, la sua maglia è bianco-celeste, il suo nome è Fausto Coppi!”.  Coppi ganaba aquel Giro después de una cabalgada en los alpes franceses-italianos que pasaría a la historia. Pero esto de Froome era algo nunca visto en el ciclismo moderno. ¿Nunca? Sí, si que lo habíamos visto. Julio de 2006 camino de Morzine, Landis reventando al pelotón del Tour. El americano reventó a tres equipos enteros que lo perseguían y cimentó su triunfo en el Tour de 2006. Triunfo del que fue desposeído posteriormente por dar positivo  en aquella etapa.  Landis en su confesión posterior admitió que corrió aquella etapa, y gran parte de su carrera, drogado hasta las cejas. ¿Es lo que hizo Froome igual a lo que hizo Landis? Incluso Bennett del Lotto uso la expresión “Froome hizo un Landis” cuando se enteró de la gesta del británico. Hay algo diferente. Froome aprovechó una gran visión táctica. Y realmente luchó contra un igual, o dos, Dumoulin y Pinot. No tuvo que masacrar como Landis a tres equipos que llegaron a perseguirle. Pero admito la duda muy razonable está ahí. Y las imágenes de Froome volcándose bidones de agua por encima no ayudan, son muy similares a las del americano. Tampoco ayuda que un tipo que caía bien como Froome se encuentre inmerso en un asunto de dopaje que además no pinta con acabar bien. Al Sky le han salido asuntos turbios en los últimos meses que siguen sin explicar. Así que vas sumando dos y dos y por mucho que nos duela, y es una pena para este deporte, la gesta de Froome queda muy en entredicho. Como siempre el tiempo lo dirá. Pero sería una lástima que esto fuese fruto del dopaje. Una puñalada mortal, otra más a este bello deporte.

 

DUMOULIN LO INTENTÓ HASTA EL FINAL

 

La etapa 20 con final en Cervinia aún guardaba una última sorpresa. En el puerto de San Pantaleón el francés Pinot, tercero en la general, no podía seguir el ritmo del pelotón. Se quedaba. Su equipo lo arropaba. Otro desfallecimiento de uno de los de arriba en la general. Las imágenes eran dramáticas. Llegó a meta con 45 minutos perdidos. Por la tarde lo tuvieron que ingresar en un Hospital. Su Giro había acabado.

 

 

Una fuga llegó a disputar la etapa. Y un gran Mikel Nieve se llevó el triunfo. Es un gran escalador y tiene varias victorias de prestigio en etapas de grandes vueltas. Pero tiene un registro mucho más admirable: en todas las grandes vueltas que ha disputado siempre ha acabado entre los 25 primeros de la general. Teniendo en cuenta que es un hombre de equipo demuestra una capacidad formidable. Bravo Mikel.

 

Por detrás Poels se encargaba de controlar todo. Y a pesar de que Dumoulin lo intentó varias veces se vio que a Froome no le pasaba factura su cansancio del día anterior. Incluso se permitió el lujo de contraatacar a Dumoulin para tenerlo en calma. En meta Poels y Froome entraban de la mano. El británico ganaba su primer Giro. La tercera vuelta grande consecutiva. Al menos todavía. Veremos qué pasa con su sanción.

 

LAMENTABLE ESPECTÁCULO FINAL EN ROMA

 

La organización del Giro había preparado un final en Roma. La ciudad imperial. Cerrar el círculo de un comienzo en una ciudad mística como Jerusalen para acabar en otra santa como Roma. Muy bien. Al menos sobre el papel. Pero en la realidad Roma está a 750 kilómetros del final de la etapa anterior. 750 kilómetros de traslado después de 3.450 kilómetros en las piernas. Y un circuito urbano precioso de ver, pero horrible para pedalear. Adoquín, calles estrechas (Roma milenaria recuerden), curvas y chicanes… Y en este circuito los ciclistas se plantaron. Encabezados por Froome y secundados por Dumoulin le dijeron al organizador que basta. El organizador se plegó a las exigencias de los corredores y aceptó cerrar los tiempos en ese momento. La etapa se disputaría, pero no sería válida para la general.

 

Esto da pie a muchas preguntas y alguna reflexión: ¿Por qué se disputa entonces la última etapa?¿Por qué no se hace un critérium obligatorio para todos en lugar de adulterar la competición?¿Si quieres un homenaje no sería mejor un critérium-paseo? ¿Si el circuito es peligroso por qué no te quejas antes (el recorrido es público y debería de estar estudiado meses antes)? ¿Por qué los primeros de la general no consideran también peligroso cualquier entrada a población en una etapa llana de sprint de mitad de carrera… no habría que neutralizar los tiempos igual entonces? Y mi preferida: soy un holandés de 186 cm de altura. Soberbio rodador y hábil sobre la bici. Me muevo genial en circuitos y en adoquín desde pequeño. Voy segundo en un Giro a 40 segundos del líder… ¿de verdad no lo quiero intentar en este circuito? Hinault y Merckx lo hubiesen tenido claro. Ambos ganaron las etapas finales en Tour y Giro. Atacando. Incluso yendo de líderes. Quizá yo sea un romántico o de la vieja escuela, pero me gustaba más así.

 

El grupo de la general se dedicó a pasear por Roma, generando imágenes preciosas desde el punto de vista artístico, Froome en rosa sobre imágenes del Foro Imperial y del Circo Máximo, pero cuestionables desde el punto de vista deportivo. Por delante el reducido grupo de los velocistas disputó la etapa. Un perfecto tren de lanzamiento de Quick Step, con cuatro hombres en el último kilómetro, que no fue aprovechado por Viviani, que no encontró la manera de esprintar en el adoquín romano. Sam Bennett se llevaba esta etapa final en Roma, su segundo triunfo en este Giro 2018.

 

 

El Giro 2018 ha acabado. Froome es su vencedor. Al menos en la carretera. ¿Es legal?¿Es justo?¿Debería de no haber estado en la salida? Quedan asuntos pendientes, y habrá que esperar a la resolución de su caso para ver qué sucede. Nos esperan días revueltos. El Tour ha dicho que no va a tragar, y el Tour es soberano. Veremos.

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