FROOME EN SU TOUR MÁS COMPLICADO

CHRIS FROOME SE HA ENFRENTADO A SU TOUR MÁS DURO

 

El británico Christopher Froome ha conseguido su cuarto Tour. Ha cumplido con el guión marcado de antemano. Todo el mundo daba como favorito al ciclista de Sky, que ya tenía tres Tours en su haber y contaba con el mejor equipo en la salida. Los demás estaban en la categoría de aspirantes. Desde Contador, con su eterna cantinela de “estoy bien, llego descansado, aspiro a todo”, pasando por Aru y Porte que asustaron en la Dauphine, Quintana en su “sueño amarillo 2.0” y acabando en la promesa francesa de Bardet. Este año además parecía posible. Froome contrariamente a su esquema de años pasados no había ganado nada previamente. Es más, había dejado una débil impresión en el Dauphine contrastando con la fortaleza que mostró Porte. Así que en la salida en Düsseldorf todo parecía posible. Quizá este año más que nunca.

 

La primera semana del Tour, como decía en el anterior post, estuvo plagada de polémica. La expulsión de Sagan mediatizó la carrera. Un día después Aru ganaba en la Planche des Belles Filles, demostrando que su imagen en Dauphine y su exhibición en el campeonato italiano no eran casualidad. Atacó y no miró atrás. No pudieron seguirle. Contador dijo que vigilaba a Froome y Quintana que vigilaba a Contador. Fenomenal oiga. Froome es el único que dijo que le sorpendió Aru, que no pudo reaccionar y que lo catalogaba como su máximo rival.

 

 

MARCEL KITTEL INTRATABLE

 

Esta primera semana acababa con dos victorias de Marcel Kittel. El tremendo alemán ganaba su tercera etapa. En recorridos llanos, sin gran dificultad, y si el castigo no ha sido elevado por parte del grupo (condiciones que se han dado en este Tour) Kittel no tiene rival. Parece por momentos que no está. Con o sin tren de lanzadores, pero en los últimos metros aparece su corpachón con esas piernas sobre dimensionadas y gana con total autoridad. Unicamente el no menos formidable Boasson Hagen, que ascendió de lanzador a esprinter en el Dimension Data debido a la ausencia obligada de Cavendish, le puso en apuros un día. Una llegada de foto finish que arrojó el resultado más ajustado en la historia del Tour. Apenas 6 mm de diferencia. Menos que un suspiro. Y Kittel no acabaría aquí. Después de pasar el macizo del Jura se adjudicaría también las etapas 10ª y 11ª para elevar su casillero particular a cinco victorias en el Tour de Francia 2017. Números de figura en esta carrera.

 

 

LA ESCAPADA BIDÓN QUE NO PUDO SER DE LANDA EN EL JURA

 

El Tour transitaba por el macizo del Jura. Etapas que parece que no tienen nada pero que esconden todo. Un terreno “pestosísimo”. El joven francés Calmejane, que tiene mucho para ser un gran ciclista, se destapó en un final agónico en la 8ª etapa. Supo resolver una fuga con muchos aspirantes y muy buenos. Solo unos calambres finales, hasta los profesionales sufren este mal, le hicieron dudar de su triunfo ya que Gesink “el incansable” perseguía sin tirar la toalla. Esta etapa tuvo dos cosas muy interesantes: la primera es que Landa se metió en una fuga de ¡50 corredores!, lo que parecía un escenario táctico perfecto para Sky. Podrían dejar de trabajar y obligar a gastar a otros equipos para no permitir al alavés coger diferencia, o incluso el amarillo. Pero no pasó eso. El Sky, con Kwiatkowsky a la cabeza, marcó un tren infernal que acabó con la fuga después de perseguir toda la etapa. En meta Froome explicó que le preocupaba Pauwels. Claro que sí guapi. Y la otra es que merced a esa persecución la etapa acabo con casi 41.5 km/h de media. En el Jura. Al día siguiente iba a doler. Y lo sabían.

 

TREMENDA CAÍDA DE PORTE

 

Y llegó la etapa del Mont du Chat. La que subía ese durísimo puerto del Jura, pero que acababa en Chambery después de una bajada más que peligrosa y un llano muy delicado tácticamente. Para que las cosas no fueran nada fáciles amaneció lloviendo. El espectáculo estaba preparado. Y lo que querían los organizadores lo consiguieron. Emoción, intriga, dolor de barriga… pero a qué precio. Las caídas aparecieron. En este ciclismo moderno se corre mucho, pero también me da la impresión de que estos chicos se caen mucho. Más que antes. Contador se cayó dos veces, nada nuevo. Majcka se llevó a Thomas en otra caída con una fractura de clavícula de regalo. Los dos retirados. Y aún no habíamos llegado a la bajada del temido Mont du Chat. Primero había que subirlo. Froome tuvo un problema mecánico, los tiene tan a menudo como Contador sus caídas, y a Aru no se le ocurrió otra cosa que atacar. En las narices de Froome. El líder levantaba la mano justo delante de la cara de Aru que miraba a otro lado y arrancaba. Muy feo, pero permitido. A mí no me molesta el ataque, me molestan las declaraciones en meta: “es que no lo he visto, jolin, que mala suerte”. Froome ayudado por ese tremendo equipo que tiene, incluido Landa, se reintegró al grupo y acorraló a Aru en una curva de herradura para luego pedirle disculpas con la mano en un gesto de “te me meo encima cuando quiero”. Y así fue. Cuando Froome cambió el ritmo en el árbol quedaron solo cuatro manzanas. Y dos manzanas que cayeron, también en el sentido literal de la palabra después de  un enganchón entre ellos,  fueron Contador y Quintana. Ahí se empezó a ver que el “sueño amarillo” del colombiano acabaría en pesadilla y que los mejores días de Contador han pasado. Y haría bien en no intentar vender lo que no es. Un gran corredor como él debe aceptar las situaciones y saber adaptarse.

 

Y en la bajada del Mont du Chat llegó la tragedia. Porte se comió literalmente una curva, sufriendo una dura caída en la que arrastró a Daniel Martin. El australiano, firme candidato y que estaba dando una imagen excelente se fue para el hospital con un cuadro clínico de preocupar. La tan esperada etapa de Chambery no arrojó nada decisivo para la general. Pero la privó de tres de sus grandes aspirantes: Porte, Thomas y Majcka al hospital. Quizá haya que reflexionar. Por qué cuidamos de la salud del ciclista ¿verdad? La etapa fue para Rigoberto Urán con otra foto finish sobre el sensacional Warren Barguil, que aspiraba a hacerse con el maillot de mejor escalador.

 

 

FROOME SUFRE Y HAY ESPERANZA EN LOS PIRINEOS

 

Peyragudes 2012. Un gesticulante gregario británico, de origen keniata, grita e implora a su líder, un ejemplar de los mods británicos, pidiéndole mayor velocidad. El gregario demostrando más fortaleza que el líder. Froome ayudando a Wiggins a ganar su único Tour, pero dando la sensación de ser más fuerte que su jefe de filas.

 

Peyragudes 2017. El karma viene a cobrar facturas pendientes a Froome. Misma situación: el gregario, un alavés, mirando con cara impasible el video marcador gigante de meta para controlar la situación (¿saben ustedes lo sobrado que hay que ir para hacer eso?) y el líder, el británico-keniata, sufriendo lo indecible en una rampa imposible que sirve de aeródromo. Froome mostró debilidad en estos Pirineos recortados y Aru, el sardo, tomó el líder. En meta ni se lo creían, buscaban con la mirada a Froome. No lo veían. Casi medio minuto en 400 metros de rampa al 20%. Ni su gregario Landa se dio cuenta. No lo esperó y en meta, públicamente, fue amonestado por Nicolas Portal, el director de turno del Sky. Ahí se empezó a ver que en el equipo científico, en el equipo de los “marginal gains” (y esperemos que se quede solo en eso por el bien de este deporte), no todo estaba bien. Había mar de fondo. Galerna del País Vasco para ser exactos. La etapa la ganaba Bardet y los franceses empezaban a soñar. El joven podía sacarles de  un letargo de más de 30 años en el Tour.

 

 

CONTADOR NO SE RINDE, PERO TAMPOCO GANA

 

El ciclista de Pinto, el madrileño, “nuestro campeón” según los medios, Alberto a secas para casi todo el mundo, es un inconformista. Es un peleón. Y vive de lo que a él le gusta llamar “dar espectáculo”. Ha cambiado su discurso varias veces. De «lo importante es ganar a lo importante es dar espectáculo». Y también a su lema “querer es poder”. Pero no siempre. La carretera lleva unos años mandándole mensajes. Querer no siempre es poder. Pero lo que no se le puede negar es su entrega y su tirón.

 

En la 13ª etapa del Tour lo volvió a demostrar. Un ataque lejano al que se unió Mikel Landa, en teoría con permiso de Froome, puso la carrera patas arriba. Quintana, lento de reflejos, tardó en salir a por ellos, pero muy al final se unió. Contador y Landa daban por delante un sensacional espectáculo y todos los cronos en España sumaban y restaban. No por Contador, sino por Landa. El alavés demostraba mejores piernas que Contador y en la última dura subida llevó todo el peso de la escapada. Por detrás Aru, vestido de líder en una tremenda soledad, no se ponía nervioso y solo se preocupaba de Froome. Tampoco le hizo falta. En este ciclismo moderno se defiende hasta el puesto 23 (por ejemplo) y AG2R, UAE y hasta Lotto le ayudaron como si llevasen el mismo maillot. En la bajada final hasta Sky con Froome y un tremendo todo el Tour Kwiatkowsky tiraron disfrazándolo de ataques. Volvía a no entenderse la táctica de Sky. O quizá me hago mayor. No se.

 

En meta Warren Barguil ganaba un sprint a cuatro, trazando de manera magistral la última curva, por delante de Quintana y Contador. Contador no consiguió su victoria de etapa, pero puede subir esta etapa a su vitrina de “épica” junto a Fuente Dé, Formigal y Alpe D´Huez.  Landa hizo cuarto sin esprintar. No cogió cuatro segundos de bonificación. Una actitud que puede parecer indolente, y de la que seguro Mikel Landa ha aprendido en este Tour. Los segundos cuentan. Una semana más tarde en Marsella el alavés se daría cuenta hasta qué punto. Y si Sky valora en algo un tercer cajón del podio, aunque me temo que no o  al menos no con Landa, deberían de hacerse mirar la táctica de los tirones del final de la etapa con Froome. No eran necesarios. Quizá ni éticos con su “segunda baza” escapada. No se.

 

 

MATTHEWS: UN AUSTRALIANO EN EL MACIZO CENTRAL

 

Matthews es un tipo concienzudo. Un esprinter que es algo más. Pasa bien, muy bien, la montaña. Y en este Tour se le había metido entre ceja y ceja el maillot verde. Y estaba haciéndolo “a lo Sagan”. Puntuando en todos los sprints intermedios. Y para eso hay que gastar mucho. Y estar en fuga continuamente. Con lo que cuesta pillar una fuga, imagínense pillarla todos los días. Pues Matthews es de esos. En Rodez, en un final complicado, en un día de mucho calor, su equipo trabajo de principio a fin. Controlaron todo para llegar al duro repecho final con su esprinter intacto. Y Matthews respondió. Lo hizo de manera magistral. Con rivales nada fáciles, como Gilbert o sobre todo el formidable belga Van Avermaet, supo sacar un final ganador de manera incontestable. Bravo por él. No sería su único triunfo, dos días más tarde, en un sprint algo más “guarrete” ganaba a Boasson Hagen y a Degenkolb, al que arrinconó al límite de lo legal contra las vallas. Una lástima para Dege, que en este Tour ha sabido reponerse de la dura caída con Cavendish y ha luchado por varias etapas.

 

En Rodez pasó algo más. Fruto de la velocidad, o de la mala colocación, o sencillamente de la falta de fuerzas, Froome estuvo muy arriba y atento en el sprint. Y en esas situaciones con finales tan complicados los segundos caen que da gusto. Solo Urán estuvo atento o pudo seguir al británico. El resto perdió unos segundos preciosos. Aru no solo perdió segundos, perdió el maillot amarillo. Froome lo recuperaba dónde nadie esperaba. Y lo recuperaba para no cederlo ya más.

 

PROBLEMAS PARA FROOME: EL AG2R AL ATAQUE

 

Otro día por el Macizo Central. Otra fuga muy numerosa. El Sky en modo control absoluto. La etapa fue para un hombre que se lo mereció durante toda la etapa, pero también por su trabajo a favor de su líder Contador en todo el Tour: Bauke Mollema. El holandés con un ataque relativamente lejano supo resolver, con cierta angustia final en la persecución, la fuga a su favor.

 

Y por detrás estábamos en casa de Bardet. Es de la zona. Habían avisado que tenían muy estudiada la etapa. Hicieron honor a esos avisos. En una zona muy revirada y estrecha pusieron un ritmo muy duro. El grupo se estiraba justo antes del duro puerto de Payra Taillade. Y Froome sufrió un percance mecánico, otra vez… Kwiato, que igual sirve para una cosa que para otra, le cedió la rueda. Froome con ayuda de un trabajo de equipo de manual, primero Henao, luego Nieve y posteriormente Landa resolvieron la incidencia. Por el camino y fruto del ritmo infernal de AG2R Quintana volvía a demostrar que este no era su Tour.

 

 

LOS ALPES PARA RESOLVER EL TOUR… ¿O NO?

 

La primera etapa de los Alpes prometía. Croix de Fer y Galibier eran un buen aliciente para buscar pelea. La general en un pañuelo. Bardet y Uran, al que nadie esperaba a estas alturas, estaban en menos de medio minuto con Froome, que públicamente decía que estaba cómodo. Que con la crono de Marsella le bastaba para ganar. El que atacó, pero nadie de la general le hizo caso, fue Contador. Admirable el espíritu del madrileño. Pantano  y Mollema, incansables, le hicieron un trabajo perfecto. Por el camino Contador reventó a Quintana, que demostró que es una sombra del corredor que enamoró en 2013. También estableció el record de subida a la Croix de Fer. 57 minutos a más de 25 km/h de media, en uno de los puertos míticos de los Alpes. Ese esfuerzo lo pagó en Galibier. No hubiera debido  suponer un problema para el Contador de otros años, pero en Galibier el estado de forma de Roglic no perdonó al cansancio del de Pinto. El esloveno, antiguo saltador de ski en trampolín, se fue triunfador para la meta y en una bajada perfecta mantuvo a raya a los contendientes de la general, que llegaron juntos. Apenas unas arrancadas en Galibier que solo sirvieron para descolgar a Aru. Y en meta Landa estableció un ritmo para lanzar a Froome. Había bonificaciones pendientes. Una vez realizado su trabajo Landa se dejó ir, otra vez. 3 segundos con Bardet. Solo 3 segundos. Landa también  se acordará de ellos mucho tiempo.

 

La segunda etapa de los Alpes acababa, por primera vez, en el Izoard. En el puerto que acaba en un paisaje lunar. La Casse Deserte. Última oportunidad para no dejar todo a merced de la crono de Marsella. El trabajo de Sky fue impecable. Kwiatkowsky volvió a asombrar con su capacidad tirando en el grupo. Landa en la parte final dio sensación de ir fácil. Nadie se movía. Nadie a excepción de Barguil, con su maillot de la montaña ya asegurado, que se fue a por la victoria de etapa. Con una excelente velocidad de ascensión, otro record en el Izoard, ganó la etapa.

 

Por detrás en lo que se dijo era una maniobra de equipo ya estudiada, pero me temo que muy poco, atacó Landa. Abrió hueco y parecía que iba a valer. Pero justo antes de entrar en la luna, en la Casse Deserte dónde dice la leyenda del Tour que los campeones ruedan solos, atacó Froome. Bardet y Uran, con bastante esfuerzo, lograron enlazar con Froome, que a esas alturas había llegado donde Landa. El alavés se volvió a poner a tirar y así se llegó a meta. Todo quedaba para la crono de Marsella.

 

 

UNA CRONO DECISIVA EN MARSELLA QUE VALE UN PODIO EN PARIS

 

Antes de la crono en Marsella había que llegar a la Provenza. Una etapa entre campos de lavanda llevó a los corredores a Salon de Provence. Y el Dios del ciclismo hizo justicia con Boasson Hagen. En un final precioso el noruego se llevó su etapa de este Tour resolviendo con suficiencia una fuga con gente muy buena. Una fuga típica de tercera semana de Tour. Por fin, en la penúltima oportunidad, llegó el triunfo muy merecido después de la dolorosa foto finish con Kittel.

 

En Marsella, en un circuito urbano, técnico y con la subida, corta y muy dura, a Notre Dame de la Garde se vivió el final ya escrito. El gran rodador del Bora, Bodnar se llevó el triunfo de la etapa. Kwiatkowsky hizo segundo, después de toda la paliza tirando del Tour, por tan solo un segundo. Y Froome tercero a 6 segundos. Con eso se aseguraba la victoria en su cuarto Tour de Francia. Urán en ningún momento tuvo oportunidad de pelear por ese medio minuto de desventaja. Y Bardet sufrió un calvario horrible en las rampas de Notre Dame de la Garde. Apenas podía levantarse sobre la bici. Totalmente bloqueado perdió más de 2 minutos con Froome. Pero es que salvó su puesto en el podio de Paris por solo 1 segundo con Mikel Landa, que realizó una muy buena crono. 1 segundo que costaba el podio de Paris a Mikel Landa. Seguro que el alavés recuerda muchos sitios donde regaló literalmente esos segundos. Dijo al acabar la etapa «estoy muy mal». También dijo «he aprendido mucho este Tour» y que «esto no me puede volver a pasar otra vez. Giro 2015 y Tour 2017 son suficientes». Veremos si es verdad. Los rumores de su fichaje por Movistar me parece que hacen que salte de la sarten para caer en el fuego. Movistar es el equipo del «ya veremos» y «la carretera pondrá a cada uno en su sitio».  O en Movistar pasa algo con Quintana que aun no sabemos. Puede que por ahí vayan los tiros.

 

La etapa homenaje de Paris cumplió el tramite habitual. Fotos, risas, brindis, paseíto y muchos nervios en las vueltas al circuito de Campos Eliseos para buscar al vencedor en el previsible sprint final. Un sprint alucinante, largo y muy bien mantenido por parte del joven Groenewegen privó al máximo favorito, Greipel, de otro triunfo en Paris.

 

 

En el pelotón Froome estaba muy satisfecho con su cuarto Tour. Urán encantado con un segundo puesto que seguro que no esperaba en la salida. Un segundo puesto sin un solo ataque. Bardet todavía con el susto de la crono de Marsella logró subir al tercer podio en París. En los diferentes maillots Barguil se llevó el de la montaña. Matthews gano el de la regularidad. Por equipos Sky era el vencedor, consiguiendo subir al podio corroborando lo que demostraron en la carretera: son el mejor equipo en el Tour. Y en el premio de la Supercombatividad vivimos la injusticia de que Barguil ganaba al sensacional belga Thomas De Gendt. El público no lo votó así, pero cinco jueces franceses opinaban otra cosa. Los premios subjetivos es lo que tienen. Lo que sí fueron objetivos son los más de 1.000 kilómetros que De Gendt anduvo escapado de los 3.540 totales en el Tour.

 

Froome ha ganado su cuarto Tour. Está a un paso de entrar en un club muy exclusivo. Ningún corredor que ha ganado cuatro Tours se ha quedado en cuatro. Veremos si el británico sigue con su racha. En este año, según él su Tour más difícil, le ha bastado con las dos “mini-cronos” que lamentablemente parece que se han convertido en norma en el esquema de estos nuevos Tours de Francia. Froome consiguió sobre Urán 51 segundos en Düsseldorf y 25 segundos en Marsella. 1 minuto y 16 segundos en total en crono. La ventaja en la general final fue de 54 segundos. Con eso está todo dicho. Un último dato para la reflexión: se dice que no hay ataques, que no hay lugar a la sorpresa, que los corredores “se fuman” determinadas etapas. El Tour 2017 completó 3.540 kilómetros en 21 etapas a 40,996 km/h de media. El segundo más rápido de la historia. Casi nada. El año que viene más. ¡Vive le Tour!

 

 

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