UN GIRO EXTRAÑO

Está siendo un Giro extraño. O al menos esa es mi sensación personal. Creo que se debe a la mezcla de dos situaciones: La primera es el comienzo en Israel. Ya se sabe que  poderoso caballero es Don Dinero y el Estado Israelí aporta el 80% del presupuesto total de este Giro con la disputa de solo tres etapas en su territorio. Ahí es nada. Y claro, para la empresa organizadora del Giro es un caramelo muy apetitoso el tener solucionado todo el tema económico ya de entrada  y además tener garantizados unos jugosos beneficios. ¿Que eso se traduzca en un comienzo a miles de kilómetros del país que da nombre a la prueba? Da igual. ¿Qué eso nos de imágenes más propias del Tour de Dubai? Mejor, más diversidad. ¿Qué la pesadilla logística la sufren en forma de traslados los corredores? Bahhh, esos no se quejan nunca, aguantan todo. Así que si en Israel ha salido bien…  ¿porque no hacemos una “Grande Partenza” en China? Ya veremos.

 

El otro elemento que me resulta extraño en este Giro es la participación digamos “irregular” del máximo favorito, el británico Chris Froome. A Froome se le detectó un “resultado adeverso” en un control en La Vuelta. Salbutamol, al doble de lo permitido. Tenía TUE pero no para esas cantidades. La regla es clara. Positivo de manual. Sanción al canto y pérdida de la carrera en la que se detecta. Doloroso en un tipo que transmitía buen rollo, pero muy real y lamentable a la vez. Es la figura más destacada en este deporte, al menos en su versión de grandes vueltas. Sagan lo es en su versión clásicas, pero de Sagan solo se sabe que come ositos Haribo (de momento al menos). Es un daño tremendo a este deporte. Y Froome y su entorno, el todopoderoso Sky, decidieron no aceptar y enredarse en una maraña de abogados, recursos y pruebas científicas (encargadas y pagadas a sus expertos) para demostrar la inocencia del reluciente ganador de las últimas grandes vueltas que importan. El mismo camino que ya anduvo Alberto Contador, con escaso éxito. Todos sabemos cómo acabó lo de “nuestro campeón”. Y por el caminó adulteró el resultado de aquel Giro de 2011. Dicen que ahora con Froome será diferente. Pero de momento ahí está compitiendo. Veremos en que acaba.

 

En la salida en Jerusalén los máximos aspirantes a la victoria final eran Froome, dominador de los últimos Tour de Francia, y Dumoulin, vigente vencedor del Giro. En un segundo peldaño están Aru, Pinot, Pozzovivo, Chaves y Yates. Por delante tres semanas con varias etapas de llano, algunos finales con trampa “fatto in Italia”, ocho etapas de alta montaña y final en puerto, incluyendo la rampa de garaje del Zoncolan y el puerto de Finestra subiendo por tierra (que el circo no pare por favor)  y dos míseras cronos que suman 40 kilómetros. Un Giro a priori para escaladores.

 

TRES DÍAS EN ISRAEL

 

La crono inaugural en las calles de Jerusalén empezó con una señal, quizá no divina en tan religiosa ciudad pero señal a todos los efectos; en el reconocimiento de la crono Froome se iba al suelo dándose un bofetón importante que le dejó todo el lado derecho dolorido. No era la mejor manera de empezar su primer asalto a un Giro de Italia. Si a eso le sumamos la presión y estrés de su situación en los despachos tenemos una situación que no es ideal para afrontar tres semanas de altísima competición.

 

Un recorrido muy técnico que tenía  muchos giros y cambios de ritmo, Jerusalén tiene colinas que subir, colocó durante muchos minutos a Rohan Dennis como líder hasta que salió Tom Dumoulin. El holandés con una planta envidiable en la bici, perfectamente acoplado y con un pedaleo precioso partió el último como corresponde al vigente campeón de la prueba. En meta Dumoulin arrebataba el triunfo a Dennis por 2 segundos y se convertía en la primera maglia rosa de este Giro 2018. El resto de favoritos se movió en torno al medio minuto de perdida, incluido Froome que se dejaba 37 segundos, algo impropio de él. Las señales previas, ya saben.

 

 

Las dos etapas llanas que acababan en Tel Aviv y Eliat respectivamente nos dejaron imágenes que no parecen del Giro. Largas rectas y desierto. El Negev veía pasar a la caravana del Giro. También lo veía mucha gente. Mucho público aplaudiendo a los ciclistas. Que pase en países tradicionalmente no ciclistas es de agradecer. También nos dejaron dos sprints perfectamente ejecutados por Elia Viviani de Quick Step. El italiano es junto a Bennett el velocista de más entidad en este Giro huérfano de grandes figuras de esta modalidad. En la segunda etapa vimos también el cambio de líder, merced a un buen trabajo de equipo de BMC que en una bonificación aupó a Dennis a la maglia rosa, sin oposición de Dumoulin, todo hay que decirlo.

 

 

SICILIA QUÉ HERMOSA ERES

 

Tras un día extra de traslado, que no de descanso, el Giro llegaba a su sitio natural: Italia. La enorme y bellísima isla de Sicilia era la encargada de albergar las siguientes tres etapas. Aquí empezaba la carrera de verdad. Etapas nerviosas, con posible viento, con terreno quebrado y con dos finales trampa y un final en puerto en el Etna.

 

La primera etapa con final en la preciosa Caltagirone vio como un especialista en clásicas, el belga Wellens, ejecutaba con maestría un final en repecho. Perfecto en elegir el momento y como batir a sus rivales, ayudado además de un excelso trabajo de su equipo que enfiló el grupo en la parte final de una manera durísima, llevando ahogados a sus rivales. Tan ahogados que Froome volvió a perder tiempo. Otros veintitantos segundos que lo llevaban a un minuto del líder. El máximo favorito no estaba dónde debería. La segunda etapa en Sicilia, también en otro final complicado, era para Battaglin. Otro bonito sprint en cuesta. Los favoritos, esta vez sí, aguantaron todos juntos en el grupo principal.

 

La etapa que cerraba el tríptico siciliano acababa en el volcán Etna. De salida se formó una fuga muy numerosa con gente muy buena. Entre ellos el colombiano Chaves, que no olvidemos fue privado del triunfo final en un Giro en el último puerto de la carrera por Nibali. Chaves llegaba a este Giro con las dudas de un 2017 prácticamente en blanco. La fuga llegó al Etna con un minuto de ventaja, pero Chaves es un muy buen escalador y le bastó para mantener opciones. Por detrás ataques y más ataques entre los favoritos. No había manera de soltarse entre ellos. El que más debilidad mostró fue Froome, que con ese estilo tan personal, no sale a los ataques pero acaba volviendo al grupo. Bajo el cartel del último kilómetro atacó Yates, compañero del fugado Chaves, y con una facilidad aplastante abrió hueco, cogió a su compañero, tiró de él y entraron juntos en la meta del volcán. Se marcaron un doblete en toda regla y Yates se convertía en la nueva maglia rosa.

 

 

UN ECUATORIANO EN ITALIA: CARAPAZ TRIUNFA.

 

Tras un traslado eterno en ferry hasta la península itálica, que hizo que los corredores llegasen bien entrada la noche a sus hoteles (pero todo bien oiga),  el Giro afrontaba el final de la primera semana de carrera. La séptima etapa nos ofrecía un final en Praia a Mare donde Bennett batía con todo merecimiento a Viviani. La octava etapa, con final en alto en Montevergine, ofrecía al mundo la primera victoria de un ecuatoriano. Richard Carapaz de Movistar arrancaba bajo la lluvia con una fuerza notable. Nadie pudo contestarle. Y entre los favoritos otra caída de Froome, otra vez el lado derecho. Pero esta vez pudo recuperar y agarrarse al grupo, minimizando los daños.

 

 

¿FROOME EMPIEZA A DECIR ADIÓS AL GIRO?

 

Esta primera semana cerraba con una larga y dura etapa con final en el Grand Sasso de Italia. En principio podía ser una etapa decisiva. La distancia y los dos puertos finales, aunque el Grand Sasso no tiene una dureza excesiva respecto a lo habitual en Italia, hacían pensar que la etapa era importante. Y lo fue. Hubo una fuga que fue anulada en la parte final, según el guión, y los favoritos llegaban juntos al Sasso. Nadie se movía, pero a falta de tres kilómetros Froome sufría y se descolgaba. Con él Henao y posteriormente Poels. El equipo le arropaba, pero Froome no daba la sensación de ser el Froome de otras veces. Incluso su comportamiento gestual en meta era de pasividad. Como si no le importase. No había rabia. O al menos eso me pareció al verlo. Froome se va en la general a la friolera distancia de 2:37.

 

El otro perjudicado en la etapa fue Aru, que se quedó incluso antes que Froome. Por delante, en los últimos kilómetros se sucedieron los ataques. Un muy activo Pinot, el francés parece que está con ganas y entonado para buscar su primera gran vuelta, se movía insistentemente. Pero en los metros finales fue Yates, el británico del Mitchelton, el que con la misma facilidad aparente que demostró en el Etna arrancaba para ganar la etapa. Con él llegaron Pinot y Chaves, el colombiano compañero de equipo de Yates, que con este final se colocaban en los primeros puestos del podio virtual. Pozzovivo, Carapaz y Dumoulin sufrían un poquito al final con estos cambios de ritmo y se dejaban unos segundos.

 

 

Se llega al día de descanso con la general encabezada por Yates, Chaves a 32 segundos y Dumoulin a 38 segundos. Por delante todo un mundo de puertos de montaña, de etapas-trampa (empezando por la del martes cruzando los Abruzzos) y una crono en la que Dumoulin se basará para buscar su revalida al triunfo del año pasado. ¿Y Froome? Pues el británico dice que no tira la toalla y que seguirá peleando. Comentaba con un buen amigo si lo de Froome se debe a que su estado de forma es corto de cara estar más fresco en la tercera semana y su objetivo del Tour o si es algo más complejo derivado de su situación con su situación comprometida en el proceso de dopaje. En unos días saldremos de dudas. El sábado llegarán al circo del Zoncolan y el domingo al traicionero Sappada. Veremos.

 

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