TOUR DE FLANDES 2017: GILBERT MONUMENTAL

UN TOUR DE FLANDES PARA RECORDAR

Impresionante. Solo así se puede catalogar la victoria de Philippe Gilbert en la edición 101 del Tour de Flandes. De Ronde Van Vlaanderen. La carrera por excelencia en Flandes. La carrera que todo Flandrien quiere tener en su palmarés. Los flamencos llaman a esta carrera “Vlaanderens Mooiste” o en castellano “la más bonita de Flandes”. Es una carrera que vale por toda una vida de ciclismo.

La edición de 2017 era especial ya en la salida. En Bélgica el ciclismo es una religión. Y el Dios viviente de esta religión es el flamenco Tom Boonen. Solo así se puede entender el momentazo que los belgas prepararon para despedir a “Tommeke” en su última participación en la carrera. Un impresionante coro de palmas mientras Boonen subía a saludar al podio de salida en Amberes. Quien no se emocionó con este minuto y medio es que no tiene sangre ciclista en las venas. Aquí está el enlace para revivirlo.

Tengo una firme opinión: la carrera ha empeorado desde que la carrera cambió el recorrido, introduciendo el circuito final, el doble paso por Oude Kwaremont y Paterberg. Es un sacrilegio quitar el Kapelmuur del recorrido. Es casi imposible batir el espectáculo que ofrecía la subida a través de Geraasrdsergen llegando al Kapelmuur y sin solución de continuidad afrontar el Bosberg para dirigirse en 10 kilómetros finales de persecución hasta la mítica meta de Meerbeke. Ese final tradicional ha dado batallas espectaculares a a la historia de este monumento en sus más de cien ediciones. Las últimas ediciones de la carrera se han reducido a un ejercicio de “quien mueve más vatios” en el Paterberg. Un bloqueo de carrera hasta esa zona final de la prueba. Y es que, seamos justos, un muro de 400 metros con un desnivel promedio del 13% y un tramo del 20% da mucho respeto. Y con 247 kilómetros en las piernas más.

BOONEN Y EL QUICK STEP ROMPEN LA CARRERA EN EL KAPELMUUR

Pero este año era diferente. Y era diferente porque la actitud de los corredores era diferente. Hablando con compañeros de entreno de Zarabici el sábado les dije que si yo fuera Boonen (que más quisiera) me despediría a lo grande. No iría como un cordero al matadero del Paterberg para que Sagan o Van Avermaet, que han demostrado toda la semana de adoquines que estaban muy fuertes, me diesen “matarile”. Y también comenté que un equipo tan potente como Quick Step, especialista en guerra de guerrillas y con tantos corredores de nivel en sus filas, debería de intentar algo diferente el domingo. Tenía la esperanza de que lo podían hacer. Y la tenía porque lo llevan haciendo las últimas dos semanas. Ataques de muy lejos y a ver qué pasa. Gilbert en Los 3 días de La Panne lo demostró. Así que cuando en la curva que da paso del asfalto de Geraardsbergen al inicio del adoquín del Kapelmuur vi que Boonen subía a cabeza y cuando adelantaba en el pelotón a Gilbert le decía alguna palabra empecé a ponerme nervioso. Mi sueño del día anterior se hizo realidad. Boonen subía por última vez el Kapelmuur en cabeza, tensando el grupo. Estirándolo. Muchos pensaron que era un capricho de la leyenda viva del adoquín. Que era una despedida del Muur flamenco por excelencia. Sagan y Van Avermaet pasaron en el pelotón el Kapelmuur, sin problemas y sin nervios. Supongo que pensaron que a 92 kilómetros de meta eso no iba a ningún sitio. Pero no. Se coronó la capilla, y Boonen le dio continuidad. Y con Boonen viajaban dos compañeros: Gilbert y Trentin. Y dos Sky, Rowe y Moscon. Y Vanmarcke. Y Démare. Y Kristoff. Y Chavannel… Así hasta catorce grandísimos corredores que sí que vieron que aquello era más que un capricho de un corredor en su último Flandes.

Boonen atacando en el Kapelmuur

ERROR TÁCTICO DE SAGAN Y VAN AVERMAET EN EL KAPELMUUR

Por detrás cuando Sagan y Van Avermaet se dieron cuenta de su error de cálculo, el grupito ya llevaba 25 segundos. Sí, 25 segundos, solo 25 segundos. Pero esa distancia en una clásica es todo un mundo. Sagan estuvo a punto de enlazar. Le faltaron apenas cien metros. Pero no pudo ser. Tuvo que esperar al pelotón donde tenía compañeros, y donde BMC trabajaba para Van Avermaet. Y empezó la persecución. Faltaban 90 kilómetros a meta. Los “bergs” iban pasando y la distancia se mantenía en unos 35-40 segundos. Por delante todos a una, por detrás Trek, BMC y Bora, intentando que sus líderes siguiesen cerca de la cabeza. Impresionante ver como desde los coches los directores gritaban a sus corredores. Peeters a sus Quick Step diciéndoles que era el momento. Y Patxi Vila a su único hombre de Bora pidiéndole lo máximo hasta el Oude Kwaremont. “A muerte. Ahí acaba tu carrera. A tope”.

UNA CABALGADA EN SOLITARIO DE GILBERT PARA LA HISTORIA

Y llegó el Oude Kwaremont. Gilbert se puso delante a marcar un ritmo. ¡Y que ritmo! Trentin, su compañero no pudo seguirle. Los Sky tampoco. Y Boonen se mantenía en la fila viendo como un Gilbert con un extraordinario pedaleo, ágil, sin parecer que pasaba adoquines, se escapaba para coronar el Oude Kwaremont con 15 segundos de ventaja. Faltaban 55 kilómetros a meta. Una eternidad en los campos de Flandes. En el plano de arriba Gilbert hablaba por la radio. Posteriormente el propio corredor aclaró su movimiento: “empecé el Viejo Kwaremont en cabeza y tirando a tope. Cuando me giré fue cuando me di cuenta del hueco que había abierto. Pregunté diez veces por radio qué es lo que tenía que hacer, pero nadie me contestó”. En ese plano Trentin y Boonen se miraban mutuamente. Los Sky miraban a Boonen. Y este hizo un imperceptible movimiento de cabeza. No creo que le gustase el movimiento de Gilbert. Era arriesgado. Un hombre solo delante muy lejos de meta. Dos compañeros con las manos atadas detrás y un grupo de lobos con los dos máximos favoritos, Sagan y Van Avermaet, persiguiendo detrás.

Gilbert en solitario en los muros de Flandes

Los temores de Boonen se confirmaron. Los Sky no tiraban y el grupo de Sagan y Van Avermaet enlaza desde atrás. Sagan y Van Avermaet volvían a estar en carrera. Quedaban 50 kilómetros a meta y Gilbert manejaba una ventaja que se había ido a los 45 segundos. Y aquí empezó a forjarse la historia que acompañara a Gilbert y a esta edición de De Ronde para siempre.

DESGRACIA PARA BOONEN EN EL TAAIENBERG

Cuantas cosas iban a pasar en algo más de una hora de puro ciclismo. Gilbert rodaba fluido y perfecto sobre su bici. Y se llegaba al Taaienberg. Y en la que es conocida como el “Boonenberg”, la montaña de Boonen, allí donde tantas veces ha atacado y pasado en cabeza,  esta vez le tocaba el infortunio. Rompía su bici, y en un cúmulo de errores (que no mala suerte) su equipo le daba su segunda bici, que también estaba bloqueada, y en un despropósito final le daba por error la bici de Terpstra. Resignado comentaba al final de la carrera: “Luego, me dieron una bicicleta equivocada. Me dieron la de Niki Terpstra. Él va mucho más adelantado que yo en la bici, así que no podía pedalear porque llevaba las piernas entre el manillar. En ese momento supe que todo había terminado para mí”. No es justo. No lo es. Y solo espero que el próximo Domingo el karma se comporte con mi chico y le permita entrar triunfador en su última Roubaix, en su último día como corredor profesional. Por favor.

Gilbert rodando solo en Flandes

En el Taaienberg Sagan y Van Avermaet cambiaron el ritmo. Y formaron un grupo perseguidor donde un providencial Trentin se incrustaba cubriendo las espaldas a Gilbert. Oliver Naesen, un gran corredor que se está descubriendo desde final del año pasado también iba en el grupo. Pero Gilbert no paraba. Un minuto de ventaja, 50 segundos. 53 segundos. Por detrás estaban siendo incapaces de recortar a un corredor que estaba protagonizando una gesta que era un todo o nada. Si Gilbert lograba ganar habría realizado una carrera para la historia. Si por el contrario no llegaba sería el peor villano en Bélgica. Rompiendo una situación táctica muy favorable. Algo que por cierto de vez en cuando, a veces más frecuentemente de lo deseable, protagoniza el Quick Step. Stannard del Sky lo sabe bien. recuerden la resolución de la Omloop Het Nieuwsblad del 2015.

TRAGEDIA EN EL OUDE KWAREMONT

Y se llegó al Oude Kwaremont. El lugar donde hacía ya 37 kilómetros Gilbert había empezado su cabalgada en solitario. Y allí, donde todo el mundo lo esperaba aceleró Sagan. Brutal, como siempre. Y a su rueda Van Avermaet. Y a su rueda el muy en forma Naesen. Pero el ciclismo es un deporte cruel en ocasiones. Sagan estaba apurando por el lateral de la calzada, allí donde el adoquín es más amable, donde hay apenas 20 centímetros de tierra. Pero allí también hay vallas. Y una chaqueta imprudentemente colgada en la valla se engancha en el manillar del campeón del Mundo. Sagan impacta brutalmente contra la valla y cae. Con él arrastra a Van Avermaet y Naesen. Por el lado contrario Van Baarle les supera anonadado. Sagan y Naesen han visto sus opciones acabadas. Sus bicis están dañadas. Van Avermaet se levanta rápidamente y continúa la persecución. Faltan 16 kilómetros. Gilbert lleva 40 segundos de ventaja.

Sagan y su caida en Flandes

Y por fin el Paterberg. La hora de la verdad para Gilbert. El valón lleva un pedaleo diferente. Más pesado. Lleva 42 kilómetros de fuga a un ritmo endiablado. Se empieza a notar el cansancio. Por detrás Van Avermaet llega al Paterberg y con él llega Terpstra. El holandés de Quick Step, el corredor que casi siempre corre para él mismo, el corredor de las tácticas reservonas, logra aguantar la rueda de Van Avermaet en el Paterberg. Esto será de capital importancia para los intereses de Quick Step y Gilbert. En unos metros alcanzan a Van Baarle, que rodaba como único superviviente de la tragedia del Oude Kwaremont y los tres continúan la eterna persecución del héroe del día. Son 35 segundos. Faltan 12 kilómetros.

Van Avermaet en el Paterberg

FINAL DE INFARTO EN EL TOUR DE FLANDES 2017

En el coche de Quick Step el gran Peeters grita a Gilbert. Le anima. Le mete el coche en el lado correcto del viento. Todo vale cuando te juegas un Flandes. Gilbert grita a todos. Pide referencias. Se le empieza a ver cansado. La diferencia baja a apenas 30 segundos. Toda Bélgica contiene la respiración. ¿Y si Gilbert muere en la orilla? ¿Y si el all-in del valón no sale bien? Pues hombre, habiendo dejado tirado a dos compañeros de equipo, y si uno de ellos es el flamenco héroe local, pues es fácil imaginar que quizá Gilbert fuese automáticamente deportado del país. Gilbert se jugaba todo.

Por detrás Van Avermaet también. Quiere Flandes. Nada que no sea la victoria le vale. A falta de 8 kilómetros ve a Gilbert en las rectas hacia Oudenaarde donde han instalado el nuevo final. El campeón nacional belga acariciaba la gesta. Un flamenco contra un valón. Pero a falta de 3 kilómetros Gilbert sigue con esos 30 segundos. Saca fuerzas de donde parece que no las hay. Y se presenta en la línea de meta. Un valón, vestido con el maillot de campeón de Bélgica triunfaba en Flandes. Un triunfo que pasará a la historia por el cómo se logró. Un ciclismo a la antigua. Valiente. Apostando fuerte y haciendo las carreras diferentes. Por eso las clásicas son tan especiales. Son un ciclismo puro. Ciclismo en estado puro.

Gilbert se gira en la recta de meta viendo que no ha sido alcanzado

Y a partir de aquí todo son especulaciones. ¿Sin la caída hubiese llegado Gilbert? ¿Sin la avería hubiese aguantado Boonen? ¿Sagan y Van Avermaet hubiesen roto a Gilbert en el Paterberg? En mi opinión: no hubiese llegado. Van Avermaet, incluso con caída, estuvo muy cerca de pillar. Y hubiese habido un final a tres entre Sagan, Van Avermaet y Gilbert. Un posible sprint para recordar. Y Boonen no hubiese aguantado. Por eso intentó algo diferente. Él mismo lo dijo: “No quiero pasar mi último Kapelmuur en el pelotón”. En fin, nunca lo sabremos. Las carreras dicen que el ganador siempre acierta con la estrategia. Gilbert lo hizo el domingo. Pero no se olviden, todo esto paso porque los corredores hicieron que un Muur fuese especial, honrando la capilla más emblemática para el ciclismo, dándoles igual la distancia a meta, demostrando que son los ciclistas los que marcan y hacen una carrera. Así que no sabremos nunca que hubiese pasado sin la caída, pero yo sí que sé una cosa: el Kapelmuur siempre tiene que estar en De Ronde. Y me gustaría que fuese en su sitio habitual. Porque este año De Ronde van Vlaanderen nos enseñó que con la capilla en el recorrido todo es posible.

Guarden fuerzas. El domingo tenemos Roubaix. Veremos.

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