TOUR 2019: UN TOUR EXTRAÑO

El Tour del 2019 ha sido un Tour extraño, raro, curioso y lo ha sido en su desarrollo y en su finalización. Lo fue incluso antes de la partida en Bruselas. El segundo, tercer y cuarto clasificado de la edición de 2018 no estaban en la salida. Era una situación de partida anómala tanto más cuando Froome era el dominador de las grandes vueltas en esta década y Dumoulin el máximo aspirante a arrebatar ese título. Los dos corredores se perdían el Tour por lesiones provocadas por caídas, una plaga que en este ciclismo moderno está tomando dimensiones de epidemia. ¿Nos caíamos tanto antes? ¿Se va a más velocidad? ¿Se toman más riesgos? ¿Hay menos respeto en el pelotón? ¿Todo vale en este deporte ultra-profesionalizado? Quien sabe cuál es la razón, pero lo cierto es que se han convertido en el pan nuestro de cada día.

 

De cualquier manera el Tour está por encima de todo eso y en la salida se presentaba el Ineos como máximo favorito con Thomas, vigente campeón, y el jovencísimo Bernal como lugarteniente o segunda baza del equipo británico. Enfrente de ellos los franceses Pinot y Bardet arropados y a la vez presionados por toda Francia, un país que hace 34 años que no gana la carrera, estaban frente a una oportunidad ideal: menos rivales, montaña dura y poca crono en la carrera, era ahora o nunca como titulaba L´Équipe. También estaba el trio de Movistar Quintana-Landa-Valverde que daba esperanzas, máxime viendo como habían rendido y triunfado en el Giro con Carapaz. Nibali era una incógnita después de haber corrido el Giro, pero del siciliano no te puedes fiar. Entre los favoritos en la salida también se encontraban Kruijswijk que había sido quinto en 2018 y solo por la ausencia de los tres clasificados superiores de 2018 debería de mejorar y aspirar al podio en esta edición, Adam Yates o su hermano Simon, vaya usted a saber y el danés Fuglsang, que no se cansa de repetir que puede ganar la carrera a pesar de no haber tenido nunca ningún éxito o podio en una gran vuelta, pero oiga soñar es libre.

 

UNA PRIMERA SEMANA DENTRO DEL GUIÓN

 

La primera etapa tuvo una caída en el kilómetro final, con susto incluido para Bernal y Thomas, que desvirtuó un poco el lanzamiento del sprint. Un sorprendente Mike Teunissen, lanzador habitual de Groenewegen, se imponía a Peter Sagan y se vestía de primer líder.

 

La crono por equipos se la llevaba el Jumbo-Visma, Kruijswijk sonreía, y casi todos los favoritos se concentraban en 30 segundos de perdida. Y digo casi todos porque Movistar se dejaba la friolera de 1:06 en el puesto 17 de 22 equipos.

 

En la tercera etapa, un recorrido precioso entre viñedos con final en Épernay, el talento francés Julian Alaphilippe daba una lección de ciclismo a todo el pelotón. Un pelotón que le esperaba justo en ese sitio, un muro entre viñedos con rampas imposibles, pero dio igual. Arrancó, se fue, dio una lección magistral de descenso en caminos estrechos y se plantó en meta para conseguir una victoria espectacular que le hacía vestirse de líder.

 

 

En las etapas siguientes Elia Viviani lanzado por su maravilloso tren del Deceunink ganaba su etapa. Sagan conseguía la suya, consolidando un maillot verde que parece su segunda piel en el mes de Julio en los últimos ocho años. Sagan lleva doce victorias en etapas del Tour de Francia, pero también acumula 22 segundos puestos y en 2019 ha conseguido batir a Erik Zabel al imponerse por séptima vez en la clasificación de la regularidad.

 

 

El primer y único contacto con la montaña en esta primera parte del Tour era en el final de la Planche des Belles Filles, adornado esta vez al final con una cuesta de cabras sin asfaltar de un kilómetro. ¡Esto es espectáculo señores! véanlos, vean a los esforzados ciclistas en rampas imposibles, de tierra, retorciéndose de dolor, luchando contra la gravedad, alcanzando vertiginosas velocidades de 7 km/h, echando pie a tierra. El año que viene les facilitaremos piedras y palos para que puedan tirárselos y azuzarlos para mayor gloria de este circo. Dylan Teuns ganó a un muy fuerte Ciccone, que se puso líder por un fallo de cálculo de Alaphilippe, y los favoritos entraron juntos porque en esas rampas de garaje las diferencias son mínimas. Subir sin hacer el ridículo es lo único que se pretende.

 

Groenewegen y Wout Van Aert, que ya es algo más que el chico del ciclocross, se impusieron  en etapas llanas. En la etapa de Albi, el viento hizo acto de presencia y se liaron abanicos, en los que los favoritos estuvieron más o menos atentos, perjudicados Pinot y Bardet y beneficiados los Ineos,  y en los que Mikel Landa tuvo mala suerte, otra vez, con una caída cuando iba delante y que le restó dos minutos en la general además de dejarle tocado anímicamente. Thomas de Gendt, fiel a su cita con escapada triunfal, dio un recital en solitario chuleando a todo el pelotón en el día en que Alaphilippe recuperó con un ataque de los de antes su maillot amarillo. Con Alaphilippe se iba Pinot, demostrando lo entonado que estaba en este Tour. Daryl Impey remataba otra larga fuga en Brioude  y con eso se llegaba al día de descanso.

 

 

LOS PIRINEOS TRAEN LA SORPRESA

 

Después del día de descanso estaba programada una etapa llana, previa a enfrentarse a las montañas de los Pirineos y a la única crono de este Tour. En la etapa llana con final en Toulousse se imponía Caleb Ewan, el pequeño corredor de las antípodas iba a acabar siendo el dominador de los sprints de esta edición con dos victorias más, pero esta primera fue especial para él. Es un esprinter atípico, pequeño y con una posición muy volcada encima del manillar que puede no ser muy estética, pero que sí que parece muy efectiva. Muy emocionado en meta decía que era la victoria de su vida “si mañana me retirase, si mañana tuviese que dejar el ciclismo al menos podría decir que gané una etapa del Tour de Francia en mi vida, me iría tranquilo”. Así de grande es esta carrera para un profesional.

 

 

En Bagneres de Bigorre se formaba una de esas fugas numerosísimas que resolvía Simon Yates con una precisión quirúrgica, una vez olvidadas sus opciones para la general en la primera semana. Por detrás el pelotón llegaba agrupado con todos los favoritos sin ni un solo ataque: “Queda mucho Tour y la tercera semana es muy dura”. Pues eso. Alaphilippe seguía líder y tachando días.

 

La crono del Tour 2019, la única en una carrera que llegó a tener tres cronos otros años, era de unos ridículos 27 kilómetros por un terreno complicado en Pau. Con una cota inicial y un final más favorable. Era el terreno dónde Geraint Thomas tenía que presentar su candidatura a revalidar el título. Y saltó la sorpresa. En Pau el líder Alaphilippe se imponía a un sorprendido Thomas por 14 segundos. El resto de rivales se movían en torno al minuto. Un poco más atrás cerca de los dos minutos entraban Landa y Quintana. Julian Alaphilippe, un clasicómano, un “up-hill finisher” de manual, vencedor en Marzo de Milán-San Remo y en Abril de la Flecha Valona ganaba en Julio la crono del Tour de Francia y seguía vestido de líder. ¿Esto qué es?.

 

Y se llegó a la etapa del Tourmalet. Un puerto mítico que era final de etapa en una etapa de  111 kilómetros. Sí, ciento once kilómetros. Sí, sigue siendo el Tour de Francia. La subida al Tourmalet se afrontó muy ambiciosa por parte de Movistar. Landa había anunciado que iba a atacar. Nairo decía que llegaba su terreno. Y Valverde… bueno el murciano va de arco iris y hace lo que le apetece, se lo ha ganado y se lo permiten. Amador, que pedazo de corredor, ahogaba al grupo. Y Soler, otro corredorazo, lo remataba. Pero sorprendentemente quien fallaba era Nairo Quintana. Se quedaba mientras el ritmo lo marcaban sus compañeros. No hubo comunicación dijeron luego. Hacía mucho que Bardet había enterrado sus opciones también. Y cuando Movistar alarmado por el desfallecimiento de Quintana dejó de tirar el relevo lo tomo David Gaudu, el joven lugarteniente de Pinot, preparando un ataque de su líder que llegó en la parte final. El grupo que se quedó en cabeza en el Tourmalet era una foto de los favoritos del Tour.

 

 

Pinot ganó la etapa, Thomas y Valverde perdieron algún segundo. Y Alaphilippe, el sorprendente líder, aguantó el coloso pirenaico. No solo lo aguantó, metió tiempo a sus rivales en su terreno. Además hizo segundo en la etapa y en mí opinión personal no hizo todo lo posible por ganar, le pareció bien que Pinot ganase la etapa.  El Tourmalet había pasado y Alaphilippe seguía líder, Francia empezaba a soñar.

 

 

LA CONTROVERTIDA TRICEFALIA DE MOVISTAR… OTRA VEZ

 

Movistar alineaba en la salida del Tour 2019 a sus tres jefes de filas. En un principio Landa no iba a correr el Tour y Valverde tampoco. Nairo era fijo y el claro candidato para la jefatura de filas, por palmarés y resultados en grandes vueltas no debería caber ninguna discusión, aunque parece que en los últimos tres años el colombiano está lejos de su mejor versión. Pero Landa decidió correr el Tour, y además postulándose como jefe de filas. Y Valverde con un comienzo de temporada complicado por lesiones y falta de resultados en él, ojo que cualquier otro firmaría los dos triunfos en etapitas y un séptimo y octavo puesto en San Remo y Flandes, se apuntó al Tour también. En la dirección de Movistar usaron la táctica de siempre: “la carretera pondrá a cada uno en su sitio”, “así tenemos más bazas” (también menos gregarios) y mi preferido “Valverde viene de Campeón del Mundo a disfrutar de la carrera”.

 

 

En la etapa de Tourmalet se vio que Quintana no estaba y el colombiano en persona dijo que su papel en el Tour había cambiado para ayudar a Landa a atacar el podio. Y Landa había avisado que atacaría, que no quedaba otra, que no renunciaba a nada y que se iban a ver cosas en la segunda parte de la carrera. El experimento de la tricefalia de 2018 salió como salió, pero la gran prestación deportiva del equipo en el Giro, con la victoria de Carapaz y una gran táctica en carrera nos hacía concebir esperanzas en el equipo español. Y llegó la etapa de Prat d´Albis, la última de los Pirineos y previa al segundo día de descanso.

 

En una fuga inicial se filtraron nada menos que tres corredores de Movistar: Soler y Amador, dos gregarios de lujo para cualquier equipo y que han demostrado lo grandísimos profesionales que son, y Quintana que alejado en la general tuvo libertad de movimientos. Por detrás el grupo transitaba liderado por Deceuninck a buen ritmo pero sin ataques. En el duro Mur de Péguère atacaba Landa, de lejos tal y como había prometido. Manos abajo del manillar, algo más atascado de desarrollo que lo que se estila hoy en día y continuos gestos de quitarse las gafas y secarse el sudor. Y avanzaba, por fin Landa abría hueco con los de la general, a los que tampoco preocupaba en exceso con sus más de cinco minutos perdidos. El «Landismo» seguía vivo, el «Landismo» es una forma de ver el ciclismo más allá de los resultados, el «Landismo» es la nueva religión. Pues eso.

 

 

En un gran movimiento táctico, recordando los aciertos del Giro, Soler y Amador esperaban a Landa en el descenso del Mur de Pégère para hacer un trabajo encomiable en el llano hasta la subida final a Prat d´Albis. Acercaron a Landa hasta el grupo de cabeza del que ya se había marchado el inteligente Simon Yates en busca de su segunda etapa y en ese grupo esperaba Quintana para trabajar en la parte inicial del puerto. Landa tenía casi dos minutos de ventaja sobre los favoritos de la general. La situación era muy favorable. Y aquí llego una de las grandes polémicas dentro de Movistar: cuando Landa llegó al grupo donde estaba Quintana el colombiano no pudo hacerle ni un metro de trabajo, Landa apenas miró a Quintana. De hecho en una toma aérea se ve como Landa pasa por la izquierda del grupo, Quintana intenta seguirle para ofrecerle su rueda pero es incapaz de hacer un metro por delante de su compañero y  ya jefe de filas. ¿Es reprochable que Quintana no tenga fuerzas? No, por supuesto, los bajones en carrera pasan. Pero si Quintana se sentía mal podía haber sido uno de los que se quedará en el llano como Amador y Soler para ayudar lo que pudiese. Lo reprochable en mi opinión es la actitud del colombiano. Está más fuera que dentro del equipo, ha firmado un contrato multimillonario con Arkea para el 2020, y no le importa demostrarlo.

 

De cualquiera de las maneras Landa hacía camino, perseguía a Yates, pero por detrás los de la general se empezaron a mover: Pinot, la versión más ambiciosa del francés, atacaba duramente y solo Bernal, Alaphilippe y Buchmann podían seguirle. Pinot soltaba a sus compañeros con un ritmo endiablado y se iba a por Landa que había visto su ventaja recortada a menos de un minuto. Había sido bonito, pero la realidad se volvía a imponer. Alaphilippe era capturado por el grupo de Thomas que atado tácticamente, ya que Bernal iba delante, tuvo que esperar a hacer su movimiento cuando Alaphilippe ya muy cerca de meta demostró algo de debilidad. La etapa era para Yates, Pinot y Landa entraban juntos detrás y Bernal a algo menos de un minuto lideraba a los mejores de la general. Thomas y Kruijswijk entraban a 20 segundos habiendo distanciado al bravo Alaphilippe en otros veinticindo segundos. Los Pirineos se habían acabado. La general era comandada por un sorprendente clasicómano francés con más de un minuto y medio sobre el máximo favorito en la salida de Bruselas. Y en una distancia inferior a dos minutos se encontraban los cinco primeros de la general. Quedaban las tres temibles etapas de los Alpes. Un francés lideraba el Tour defendiendo el maillot amarillo como esta prenda se merece y Francia seguía soñando.

 

 

UN FINAL RARO QUE DESLUCE UN TOUR

 

Las dos etapas llanas posteriores al día de descanso vieron los triunfos de Caleb Ewan, primer esprinter que repetía victoria, y del potente Matteo Trentin que se sacó una preciosa y agónica victoria en Gap rematando extraordinariamente una fuga numerosa.

 

La primera de las tres etapas alpinas, las temidas etapas alpinas donde este año se subían hasta siete puertos por encima de los 2.000 metros, incluyendo el temible Galibier, era la única que tenía una distancia propia de ciclismo de resistencia, lo que siempre ha sido una carrera de tres semanas. Las otras dos apenas superaban los 100 kilómetros. Así que era la etapa marcada por muchos como la decisiva. Una fuga de 33 ciclistas, fugas numerosas que son el signo de nuestros tiempos, se formó de salida y en ella se encontraba Quintana. Con mucho trabajo inicial la fuga abrió hueco y una vez abierto la distancia se fue a los ocho minutos. Ojo, que Quintana se encontraba a nueve, y se volvía a meter en la general de la carrera. Por detrás Deceuninck tiraba con Asgren, un corredor como la copa de un pino que ha tirado en cabeza tres cuartas partes del Tour, pero no recortaban la distancia ni tampoco parecía preocuparles el virtual salto en la general del colombiano.

 

Y en el Izoard se vio una de las escenas más raras de este extraño Tour: Quintana lideraba junto con Bardet, Yates, Woods y los más fuertes de esa gran fuga. La ventaja pasaba de los siete minutos y Quintana estaba otra vez en carrera. Y por detrás un inmenso Soler se ponía a trabajar marcando un fuerte ritmo. Quintana escapado delante y su equipo tirando detrás, nadie lo entendía, era un movimiento de difícil justificación. La ventaja bajó a menos de cinco minutos. El propio Movistar había recortado en más de dos minutos la ventaja  a su propio compañero. La explicación a posteriori fue que “vimos una debilidad en un rival, pero que luego no fue así y lo dejamos estar”. Bravo eh, bien Movistar ahí eh. Quintana en un soberbio ascenso a Galibier, que recordó al Quintana de los viejos tiempos y nada al Quintana que no pudo tirar ni  un metro cinco días antes para su jefe de filas, dejó a Bardet y Yates y se fue para la victoria.

 

En el grupo de favoritos Ineos que parecía desaparecido durante todo el Tour, pero solo lo parecía, sí que tenía clara su jerarquía y Thomas atacaba primero en Galibier, no pudo abrir hueco y posteriormente atacó Bernal. A por Bernal salió Valverde que apenas aguantó un centenar de metros al talentoso joven colombiano, pero al menos lo intentó, Landa ni siquiera eso. Bernal abrió hueco y por detrás Alaphilippe se soltó en los metros finales de Galibier pero no se dio por vencido y en un magistral descenso conectaba de nuevo con Thomas, Kruijswijk y Pinot. Bernal adelantaba en la general a Geraint Thomas, su teórico jefe de filas. Alaphilippe conservaba el maillot amarillo a falta de dos etapas de montaña de escaso kilometraje, similares a las de Tourmalet. Francia recordaba que en Tourmalet Alaphilippe había superado el test con nota. Un francés estaba a dos días de hacer historia en París. 34 años después el país inventor de la mejor carrera del mundo se atrevía a soñar con la victoria de uno de los suyos.

 

 

Y LLEGÓ EL CAMBIO CLIMÁTICO A LOS ALPES

 

La penúltima etapa alpina esperaba con apenas 130 kilómetros, pero con tres subidas previas al gigante del Iseran y un final en alto en Tignes. La consabida fuga de salida, en la que se metió Valverde ¿quizá intentando “un Quintana”? nunca llevó más de dos minutos de ventaja con Ineos y Jumbo marcando el ritmo castigando las piernas de cara al Iseran. En esta parte inicial de la etapa vivimos el drama de Pinot. El francés con inequívocos síntomas de dolor no podía seguir el ritmo del pelotón y tras unos angustiosos minutos intentándolo, roto en llanto y apoyado por un compañero echaba pie a tierra y se retiraba de este Tour 2019. A dos días de acabarlo y con dos etapas alpinas que le daban esperanza. Parece que el Tour no quiere a Pinot. Y este año el francés se había comportado como un campeón apoyado por su joven compañero Gaudu.

 

 

Y llegó el Iseran, el puerto de mayor altitud en este Tour, y en el Iseran a falta de dos etapas para acabar el Tour apareció el Ineos. El equipo que tan acostumbrados nos tenía a la tiranía de su ritmo en los últimos siete años estaba “desaparecido” este año. Pero era un espejismo porque justo en el momento necesario hicieron lo que mejor saben hacer: un fuerte ritmo desde abajo por Van Baarle y un acelerón asfixiante de Poels diezmó el grupo de favoritos. Quintana cedió, su escapada del día anterior le pasó factura, y finalmente el líder Alaphilippe fue descolgado en el penúltimo día de montaña. El sueño francés moría en la orilla.

 

En el reducido grupo delantero Thomas atacaba pero no lograba irse. Quien sí lo hizo fue Bernal que fue lentamente abriendo hueco y alcanzando a los supervivientes de la fuga. Tal y como los alcanzaba los dejaba. La diferencia se iba al minuto con el grupo de Thomas y dos minutos con Alaphilippe que seguía sin perderle la cara a la carrera. Bernal estaba poniendo el Tour a su favor. Era líder virtual y quedaba la subida final a Tignes. Por detrás Kruijswijk y Buchmann perseguían al joven colombiano y Thomas iba a rueda sin gastar. El Iseran fue coronado por Bernal en primera posición en solitario. Y ahí acabó todo. Una violenta tormenta de verano con granizo incluído provocó una avalancha que cortó la carretera de ascenso a Tignes. Era impracticable, faltaban minutos para la llegada de los corredores y la dirección del Tour se vio obligada a suspender la etapa, algo que no había ocurrido en toda la historia de la carrera francesa. En mi opinión la decisión fue acertada, la seguridad de los corredores debe ser lo primero, y únicamente queda la duda de si podrían haber avisado algo antes. Los tiempos se tomaron en la cima de Iseran. Bernal era el nuevo líder, Alaphilippe caía a la segunda plaza y Thomas se mantenía en la tercera posición.

 

El gran beneficiado de la suspensión del final en Tignes fue Bernal, que se vestía de amarillo a falta de un día, y posiblemente Alaphilippe que ya descolgado daba la impresión de perder mucho tiempo en la ascensión final y de esta manera mantenía un puesto en el podio. El mayor perjudicado era Thomas que daba la impresión de no haber gastado todo lo que tenía y en Tignes, un puerto tendido muy acorde a sus características, podría haber aprovechado la paliza que se supone llevaba Bernal para atacar más descansado y decantar la balanza a su favor. De cualquier manera nunca lo sabremos. El Tour 2019 quedará marcado para siempre por esta etapa.

 

 

Las malas noticias no acababan ahí para la organización. Por la tarde noche las tormentas en la zona seguían y obligaron a recortar la última etapa alpina, ya corta inicialmente, a unos 59 kilómetros con un único ascenso a Val Thorens. Los corredores  afrontaron la etapa como si de una cronoescalada se tratase. El Jumbo quería la tercera plaza del cajón con Kruijswijk y para eso tenía que soltar a Alaphilippe. Y Thomas resignado aceptó, en un gesto de caballerosidad muy británica, el liderazgo de Bernal y dijo que lo importante era que el triunfo se quedase en el equipo. Que las cosas habían venido así y que había que respetarlas. Que gran actitud por parte de Thomas.

 

En la fuga de salida se metía Nibali, que ya había ido en fuga el día anterior, demostrando que a pesar de que el Tour se le había escapado no iba a pasar  por la carrera sin intentar dejar huella. El italiano fue dejando a sus compañeros y mantuvo una diferencia cercana al minuto en toda la subida. 30 kilómetros de ascensión y apenas un minuto, no parecía suficiente. Por detrás Jumbo apretó mucho y finalmente Alaphilippe cedió del todo. Kruijswijk ya era tercero, misión cumplida. En el reducidísimo grupo delantero, apenas doce corredores, iban cuatro Movistar. Sí, cuatro corredores de doce, uno de ellos Valverde que es uno de los mejores rematadores en cuesta de la historia. También iban Landa y Quintana, dos escaladores de máximo nivel, y por supuesto iba ese corredorazo que es Marc Soler, que en este Tour ha ejercido de gregario de lujo pero que ha demostrado lo buen corredor que va a ser. Por delante a menos de 30 segundos iba Nibali. Pues bien Movistar sorprendentemente no intentó echar abajo trabajando como equipo a Nibali para poder disputar la etapa (de 59 kilómetros recuerden)  con Valverde que era sin duda el más rápido del grupo. A Soler le mandaron arrancar y lo hizo con potencia un par de veces. Y Quintana atacó algo más tarde, con el pinganillo colgando de la oreja, sin ningún éxito. También atacó Landa, también con el pinganillo colgando de la oreja y agarrado abajo por supuesto, que abrió hueco y se fue a por Nibali. Faltaban apenas 500 metros y la realización televisiva se centró en el siciliano que conseguía su etapa. Y cuando abrieron el plano se vio entrar a diez segundos a… Valverde que había adelantado a Landa que entraba a catorce. La sensación de “banda” que dieron los telefónicos fue evidente. Segundo y tercero en la etapa. Las críticas no tardaron en llegar pero la defensa de sus fans también es válida: una etapa, tres corredores en el Top 10 y la clasificación por equipos, que esa foto es importante para Movistar aunque la dirección del equipo diga que no  buscan esa clasificación especialmente. Pues eso, todo normal.

 

PODIO FINAL EN PARÍS Y CONCLUSIONES DE UN TOUR EXTRAÑO

 

La carrera había acabado virtualmente a falta de la última etapa-celebración en París. En el final icónico en los Campos Eliseos venció en el sprint Caleb Ewan por delante de Groenewegen. Ewan se coronaba como el mejor esprinter de esta edición del Tour de Francia.

 

El podio en París quedaba conformado por Egan Bernal, primer colombiano en la historia en conseguir la victoria en el Tour, seguido de un caballeroso Geraint Thomas, que dejó la sensación de no haber podido decir todo en las dos modificadas últimas etapas alpinas y en el tercer escalón un muy contento Kruijswijk, que volvía a poner a un holandés en el podio del Tour desde hacía décadas. Los tres estaban muy satisfechos. Bernal en su discurso se acordó de sus comienzos italianos, agradeció enormemente la oportunidad dada por Thomas y el apoyo de su equipo Ineos (que lleva ganados siete de los últimos ocho Tours, ahí dejo el dato) y por supuesto de Colombia que ya tiene nuevo héroe.

 

 

 

La regularidad era para Peter Sagan, logrando batir el record de Erik Zabel, que se convertía en el primer corredor en ganar siete veces el preciado maillot verde.  El maillot a lunares que premia al mejor escalador iba para Bardet que lo consiguió en la última semana, desbancando a Wellens que lo peleó y llevó las dos primeras semanas. El maillot blanco al mejor joven era por supuesto para Bernal. El honorífico premio a la combatividad era para un formidable Alaphilippe, que se llevó dos etapas y portó el liderato durante catorce días en los que hizo soñar a toda Francia. Y por último la clasificación por equipos fue para Movistar, que ya la ha conseguido cuatro de los últimos cinco años. Un buen premio esa foto en el podio de París para los corredores de un equipo. En el caso de Movistar haberla conseguido estos años sin que fuera un objetivo del equipo todavía lo hace más meritorio. Lease esta última frase en modo irónico.

 

 

 

En este enlace tenéis en imágenes lo mejor de este Tour 2019. La realización de la televisión francesa siempre le hace honor a la carrera. Disfrutadlas…

 

El Tour 2019 ha acabado. La siguiente cita con el ciclismo de tres semanas es La Vuelta a España a finales de Agosto. Veremos.

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