SAGAN Y QUICK STEP DOMINAN EN LOS ADOQUINES

 

La temporada de adoquines ha acabado. Esas carreras míticas, que nos deparan imágenes únicas cada año, emociones que solo estas carreras pueden ofrecer, pasión y esfuerzo concentrados en un único día. Un día para la gloria o un día para el olvido. Cada año las espero con ganas, son las pruebas que más me gustan, y todos los años después de ver cruzar la línea de meta del velódromo de Roubaix me queda una sensación de vacío, de “bueno, esto se acabó, a esperar otro año”. Este año no ha sido diferente y la primavera del norte ha sido magnifica.

 

EL QUICK STEP ARRASANDO CON TODO

 

El equipo de Lefevere ha triunfado en la práctica totalidad de las carreras que importan en esto de los adoquines. Nueve victorias, nueve para los autodenominados “The Wolfpack”, la manada de lobos. Nada menos que GP Le Samyn, Dwars door West-Vlaanderen, Nokere Koerse, Handzame Classic, Driedaagse, Dwars door Vlaanderen y los premios gordos del GP E3-Harelbeke, Scheldeprijs y la monumental Ronde Van Vlaanderen. Casi nada. No solo ganan, sino que además lo hacen con diferentes corredores. Desde los teóricos jefes de fila, pasando por los corredores de equipo de toda la vida, hasta las jóvenes promesas del equipo belga.  Como abusando un poco oiga.

 

TERPSTRA SENSACIONAL EN DE RONDE VAN VLAANDEREN

 

El corredor holandés, que en este 2018 está intratable, como había demostrado en GP Le Samyn (una carrera menor) pero sobre todo en una portentosa exhibición en el GP E3-Harelbeke con un ataque a 75 kilómetros y un final de infarto, consiguió una formidable victoria en la Vuelta a Flandes. El equipo Quick Step partía como máximo favorito, como no podía ser de otra manera. Cuatro de sus hombres estaban capacitados para ganar, o ser jefes de fila en cualquier equipo de manera individual: Terpstra, Gilbert, Stybar y Lampaert. Así que la táctica para ellos parecía estar de cara, a la vez que se iban a convertir en una pesadilla para sus rivales.

 

Amaneció lloviendo en la salida y siguió lloviendo durante más de 200 kilómetros. En la escapada inicial un español: el asturiano Iván García Cortina, que está enamorado de estas carreras, y que se permitió el lujazo de pasar escapado en primer lugar por el Kapelmuur. La capilla sagrada de los adoquines fue testigo del paso de este corredor, que esperemos, nos depare alegrías en estas pruebas en el futuro.

 

 

La escapada se fue diluyendo igual que la lluvia y murió cuando faltaban algo más de 50 kilómetros para meta. A la salida del Koppenberg el joven danés Mads Pedersen atacó en un movimiento táctico de su equipo Trek-Segafredo. Con él se fueron Langeveld y Van Baarle. Por detrás cierta calma hasta que a la salida del Kruisberg atacó Nibali. El siciliano había anunciado que después de su victoria en la Milán-San Remo iba con toda intención a Flandes. No defraudó. A la salida del adoquin llevaba unos metros de ventaja, pero por detrás arrancó Terpstra. En el tobogán después del Kruisberg cogió a Nibali… y lo dejó. Lo destrozó con un ritmo de apisonadora en un tramo recto de asfalto en ligera subida. Sentado. Impresionante. Por detrás hubo unos segundos de duda. Fueron cruciales. A un corredor en el estado de forma del holandés no le puedes dejar ni un metro. Y más habiendo visto la exhibición del E3-Harelbeke.

 

Terpstra alcanzó a los fugados. Los devoró y los dejó con la misma facilidad que con Nibali. A todos menos al joven danés Pedersen que fue capaz brevemente de aguantar a la locomotora holandesa. En el Paterberg, el último muro del feo circuito final (como añoro el recorrido tradicional con el Kapelmuur y el Bosgerg), dejó unos metros también a Pedersen. Por delante 13 kilómetros hasta la meta. Terpstra en cabeza, Pedersen persiguiendo y el puñado de favoritos habituales persiguiendo a los dos. Y todos en apenas 35 segundos. Esto solo pasa en las clásicas.

 

 

A falta de 7 kilómetros las ventajas llegaron a estar en apenas 17 segundos. Por detrás los relevos de Benoot, Van Aert, Sagan y Van Avermaet eran buenos, pero insuficientes ante Terpstra que se presentó en la recta de meta con 12 segundos de ventaja con Pedersen, gran sorpresa la del joven de Trek, y otra decena de segundos sobre Gilbert que daba la estocada a su grupito de favoritos confirmando el poderío de Quick Step. Los hombres que componen el Top 10 de esta Ronde Van Vlaanderen 2018 dicen mucho del alto nivel de la prueba, y como esprintaron para hacer su puesto también.

 

 

 

SAGAN TRIUNFA EN EL INFIERNO DEL NORTE

 

La primavera de Sagan estaba siendo discreta, bueno discreta para un corredor del nivel de Sagan. Había ganado la Gante-Wevelgem con un sprint magistral. Pero había fallado de nuevo en San Remo, y no se le había visto del todo bien en el resto de semi-clásicas de adoquines preparatorias. También había elevado su nivel de quejas habitual… “todo el mundo me espera a mí”, “quieren que les haga la carrera”, “no me gustaría ganar yendo a rueda como van otros” y lindezas similares. Quejas normales cuando cobras 9 millones de Euros (y muchas bolsas de ositos Haribo en especie parece ser) y los resultados esperados para tu nivel no llegan.

 

Pero el domingo en la Paris-Roubaix volvió el Sagan de leyenda. Ese corredor que es un show en sí mismo. Un corredor que va a marcar, está marcando, una época en las carreras de un día. Un corredor con 3 Campeonatos del Mundo consecutivos. El corredor más mediático y que más gente está atrayendo al ciclismo en la actualidad. El equipo a batir volvía a ser el Quick Step. Y Sagan había dicho que no sabía cómo encararlo, pero que un ataque siempre es una buena defensa. La carrera fue muy rápida. En la primera hora se habían cubierto más de 50 kilómetros. Y se había formado la escapada. En ella un español, Marc Soler, que había pedido de propio a Movistar que lo trajese a la carrera, que la quería conocer. Todo un detalle. El actual vencedor de Paris-Niza se dio el gustazo de salir en cabeza en el bosque de Arenberg. Casi nada. Y con él viajaba un suizo, con el maillot de campeón nacional: Silvan Dillier.

 

A la salida de Arenberb empezaron los movimientos de Quick Step. Atacó Gilbert, faltaban 94 kilómetros, una locura. Pero eso hizo que detrás el grupo se redujese drásticamente. Después de unos kilómetros de pugna fue neutralizado. Inmediatamente después, ya metidos en todos los tramos de pavé encadenados, atacó Stybar que fue el encargado de devorar a casi todos los todavía fugados iniciales, excepto Dillier y Bystrom que seguían en cabeza. Soler aguantó un rato con Stybar, pero se soltó y acabó abandonando. Bravo por él, pero quizá hubiese estado bonito llegar al velódromo en una Roubaix tan destacada como la que hizo el joven de Movistar.  El movimiento de Stybar también fue neutralizado, con mucho esfuerzo esta vez, y dejando el grupo reducido a los máximos favoritos.

 

Faltaban 52 kilómetros a meta. Supongo que Van Avermaet harto de los ataques de Quick Step lanzó el suyo propio. Muy duro. Pero fue neutralizado rápidamente, el grupo se estiró, Quick Step con cuatro hombres estaba en ese momento detrás, Sagan se dio cuenta, habló por la emisora y su compañero Burghardt mantuvo el ritmo duro de Van Avermaet y entonces por la derecha de la calzada, sin levantarse del sillín salió Sagan. Como si nada. Como si no fuese a ningún sitio. Pero las piernas tenían que doler mucho, a todo el mundo supongo. Sagan cuando vio unos metros no se lo pensó y se puso a rodar como él sabe hacerlo. Todo el mundo habla de su sprint y de su habilidad con la bici. En mi opinión lo que mejor hace Sagan es rodar. No rueda bonito, para eso está Stuyven, pero es muy rápido rodando. Una apisonadora cuando se pone, recuerden el Mundial de Richmond. Y eso es lo que hizo el domingo. Por detrás salieron Stuyven y el joven Van Aert (ojo con este los próximo años) y estuvieron a punto de enlazar, pero 15 segundos son un mundo en estas carreras. No pudieron y por detrás les alcanzaron. A esas alturas Sagan ya rodaba con los dos supervivientes de la escapada, Dillier y Bystrom. Los tramos de pavé se sucedían y la ventaja de Sagan estaba en el minuto.

 

Por detrás era incomprensible el fallo de táctica de Quick Step. Con cuatro corredores no puedes dejar ir a Sagan. Y más cuando el estado de forma de Terpstra es el que se vio luego. Pero estaba claro que el error había sido fatal. Por delante Sagan había machacado a Bystrom que se despedía de cabeza de carrera. Pero Dillier se agarraba a Sagan como podía. La ventaja aumentó a 1:20. Quedaban solo dos tramos de pavé. Se vio hablar a Sagan y a Dillier, que sabía que estaba ante la oportuniad de su vida. Me dio la sensación de que Sagan “cuidaba” de Dillier en los tramos de adoquín, pero como compensación el suizo pasaba a los relevos rigurosamente hasta el final. La ventaja pasaba del minuto y a Sagan le dio tiempo hasta de trastear el mismo en la potencia de su bicicleta con una llave allen. ¿Que le pasaría? O quizá es otro truco publicitario del mediatico corredor eslovaco. Es muy capaz, igual que de comer gominolas al acabar o de llevar unas gafas de sky en el podio.

 

 

Así se presentaron en el velódromo de Roubaix, el final parecía cantado, pero que le pregunten a Boonen por Hayman, o que le pregunten a Stuyven como Dillier le birló una etapa del Giro. Pero no hubo sorpresa. Dillier lanzó el sprint y Sagan desde detrás y por debajo, perfecto en pista, le ganaba en la línea de meta. Roubaix tenía un nuevo vencedor. Un Campeón del Mundo. Hacía 37 años que esa imagen no se veía en Roubaix. El último fue Hinault. Sagan es un digno vencedor. Y Dillier un sensacional segundo, en su twitter el suizo estaba simpático diciéndole a Sagan que era un ángel y un demonio a la vez,  porque sin él no hubiese llegado al velódromo pero que al mismo tiempo le privó de la victoria. El tercer lugar del podio fue para Terpstra, que confirmó su poderío a la vez que el error táctico de su equipo. No parecía nada contento en meta. Y es bien sabido que el holandés tiene muy mal genio, pero en este caso la culpa parece toda suya. No puedes desaprovechar esas piernas y dejarle cincuenta metros a un tipo como Sagan. El eslovaco ya tiene dos monumentos y tres mundiales. Y 28 años.

 

DRAMA EN ROUBAIX: FALLECE MICHAEL GOOLAERTS

 

La nota triste de la jornada fue el fallecimiento del jovencísimo belga, solo 23 años, Michael Goolaerts. Un paro cardíaco acababa con su joven vida en plena disputa de la Roubaix. Los médicos lograron reanimarle en el mismo lugar de su desplome, pero horas más tarde fallecía en el hospital. Descanse en paz.

 

 

SIEMPRE HAY HISTORIAS EN ROUBAIX

 

Este deporte es maravilloso. Y tiene historias, muchas, tantas como participantes en cada prueba, en cada evento. Pero en el mundo profesional, tan medido, tan cerrado, es curioso encontrar historias como la de Evaldas Siskevicius del equipo Delko-Marsella. El lituano tuvo que sufrir varios percances en su particular Roubaix. Una caída. Descolgado temprano. El coche de su equipo se averió. Lo equivocaron de carretera. Un pinchazo final. Pero nada de eso le hizo detenerse. Escoltado por el coche escoba e informado por el conductor del mismo el convencido Siskevicius estaba decidido a llegar al velódromo. El fuera de control ya estaba confirmado. De hecho cuando Sagan cruza la línea de meta al lituano todavía le quedaban 30 kilómetros para acabar. Pero lo hizo y al llegar a Roubaix con una hora de retraso, el encargado de la puerta del velódromo tuvo el bonito de gesto de abrila para que el corredor completase su Roubaix. En las clasificaciones Evaldas Siskevicius, de Lituania,  figura como DNF (no acabó) pero estoy convencido que para él su Roubaix 2018 está completa. Todo mi respeto para él. Por cosas así amamos este deporte.

 

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