PINOT TRIUNFA EN LOMBARDÍA

Ayer acabó la temporada ciclista. Al menos la temporada ciclista “clásica”. Se celebró el último de los monumentos ciclistas: El Giro de Lombardía. La llamada “Clásica de las hojas muertas” acumula 112 ediciones  y es una carrera especial por la fecha en la que se celebra, por la dureza de su recorrido y por las imágenes que nos deja cada año. La belleza del entorno del Lago di Como es un precioso marco que nos deja estampas preciosas, un sol otoñal que se refleja en los árboles que empiezan a perder hojas dejándolas en el asfalto y las luces de motos y coches creando reflejos con los ciclistas. Muy bonito. El triunfo fue para Thibaut Pinot. Y lo hizo de manera inapelable. Se impuso con autoridad al italiano Nibali, que era uno de los favoritos en la partida y que ha ganado en dos ocasiones la prueba.

 

IL MURO DE SORMANO: HISTORIA DE UNA TRAMPA PARA CICLISTAS

 

El Giro de Lombardía es una carrera centenaria. Junto con la Milán-San Remo son casi una religión en Italia. En sus orígenes el Giro de Lombardía tenía el puerto de Madonna del Ghisallo (8.5 kilómetros al 6.2% de pendiente) como dificultad máxima, pero estaba muy lejos de meta. El puerto rompía la prueba, y más en el antiguo ciclismo con sus carreteras de tierra y desarrollos limitados en las bicis, pero luego el pelotón se reagrupaba para llegar a meta y solía ser un velocista el que triunfaba. Vincenzo Torriani, el organizador de la prueba y de la mayoría de las grandes pruebas italianas, decidió buscar más dureza para evitar que su clásica se convirtiese en un territorio de velocistas. Ya lo había hecho introduciendo el Poggio en la Milán-San Remo con éxito, así que buscaría algo similar en Lombardía.

 

Torriani pidió a conocedores de la zona de Como que le buscasen una subida especial. En seguida tuvo respuesta. Desde Sormano había un camino rural que llegaba a la Colma di Sormano. Un corto tramo de apenas 2 kilómetros pero con unas empinadísimas pendientes. 1.900 metros a una media del 15,8% y con un pico máximo del 27%. A Torriani le gustó. Acondicionaron medianamente el camino rural y lo introdujeron en la edición de 1960. En aquella edición Massignan fue el más rápido en el muro con un crono de 10:02. Y su nombre fue dado a la curva más dura del muro: la curva Massignan en la cota de los 1013 a 1016 metros. Los calificativos de los ciclistas de la época fueron claros: “es imposible de subir, “es durísimo, “no hay nada parecido”. Pocos podían subirlo pedaleando. El desarrollo de la época era 42 de plato y 25 de corona más alta. Algunos ciclistas pidieron a torneros y herreros amigos que les construyesen coronas de 27 para tener alguna posibilidad. En 1962 el ciclista Ercole Baldini estableció un nuevo record de 9:24, algo estratosférico para a época. Días más tarde aclaró su tremenda prestación; Baldini tenía muchos tifosi, y a muchos tifosi… muchos empujones. Subió el muro en volandas entre los empujones de sus aficionados. Torriani vio que su muro se iba a convertir en un pasadizo de empujones. Fue la última vez que se subió. Tres ediciones vieron a los ciclistas sufrir en el muro. El recorrido se trasladó  a la carretera provincial a Colma di Sormano, mucho más amable. “Il Muro di Sormano” cayó en el olvido.

 

 

Y A LOS CINCUENTA AÑOS RESUCITÓ

 

En 2006 un grupo de aficionados ciclistas de la zona decidió que “Il Muro de Sormano” tendría un atractivo turístico para el cada vez más incipiente mercado de la bici y el cicloturismo. El muro fue rehabilitado. Fue asfaltado perfectamente y pintado con grandes letras blancas. En ellas se ven los metros de desnivel que se van ascendiendo. Visualmente es una gran idea: a menos separación entre las marcas más pendiente. Además rotularon a lo largo de los infernales 1.900 metros los tiempos de paso de diferentes ciclistas de aquellas tres ediciones de los de 1960. También pusieron frases célebres sobre el muro. Así que había nacido un nuevo lugar de peregrinación ciclista. Y como los ciclistas somos como somos enseguida se organizó una cronoescalada anual al muro. Nos gusta medirnos, que se le va a hacer. Y  fue cuestión de tiempo empezar a pedir su regreso al recorrido del Giro de Lombardía.

 

 

En 2012, aprovechando el cincuenta aniversario de la última vez que se pasó el muro, los organizadores incluyeron “Il Muro di Sormano” de nuevo en el recorrido. Después de Madonna de Ghisallo y a 50 kilómetros de meta. Lejos para ser definitivo en principio,  pero un espectáculo para la carrera indudable. En aquella edición Joaquín Rodriguez marcó el nuevo record de la subida: 9:02 batiendo en 22 segundos el “tramposo” registro de Baldini de 1962. El muro no fue decisivo y Rodriguez ganó aquella edición con un ataque posterior en el repecho final.

 

Desde entonces “Il Muro di Sormano” es incluido de manera intermitente. En 2015 y 2017 ambas ocasiones con victoria de Nibali, pero sin que fuera decisivo. En esta edición de 2018 era la sexta vez que se subía el muro en el Giro de Lombardía. Y esta vez fue diferente. ¡Vaya si lo fue!

 

VALVERDE DE ARCO IRIS ERA EL FAVORITO

 

El Giro de Lombardía pese a su indudable belleza y su condición de “Monumento” no es de los mejores considerados. Eso en parte puede ser por las fechas tan tardías en su celebración en el calendario ciclista. Los corredores están acabando la temporada y el Mundial, última gran cita para la mayoría ha sido hace dos semanas. La distancia de la prueba, como debe ser, es de 241 kilómetros y su dureza es innegable. Hay pocos que tengan el compromiso y determinación suficiente para afrontar este objetivo. Este 2018 en la salida el máximo favorito era el reciente Campeón del Mundo Alejando Valverde que estrenaba una bici (de muy cuestionable estética -siendo amable- y directamente fea -siendo sincero- en mi opinión) a juego con su nuevo maillot y que había demostrado en la Milán-Turín tres días antes que su estado de forma era eterno. Junto a él un entonadísimo Thibaut Pinot, vencedor en Turín, y el doble vencedor e ídolo local Vincenzo Nibali. También Moscon y Bernal por Sky, Martin ganador en esta prueba, y Roglic con ganas de sacarse la espina de su mala prestación en el Mundial.

 

IL MURO DI SORMANO DECIDIENDO LA CARRERA

 

El recorrido era duro. Muy duro. Después del Ghisallo (8,5 km al 6,2%) se afrontaba Sormano (1,9 km al 15,8%), con un muy técnico descenso (que se lo pregunten a Laurens de Plus y su escalofriante caída de 2017), para enlazar con la dura subida a Civiglio (4,2 kms al 9,7%) que se coronaba a 13 kilómetros de meta. Para rematar a apenas 4 kilometros de meta se afrontaba el Monte Olimpino, último repecho que esperaba a los aspirantes al triunfo.

 

Todo el mundo esperaba un guión previsible. Una carrera de selección en Ghisallo, de supervivencia pura en Sormano y de jugárselo todo en Civiglio para seleccionar y buscar un ataque final o pequeño esprint como en otras ocasiones. Vamos un terreno y escenario ideal para un Valverde que había hecho lo mismo en el Mundial.

 

Pero el ciclismo es un deporte para atacantes. Para valientes. Y por eso nos encanta. Y si alguien encarna ese espíritu es Nibali. El siciliano tenía claro que no podía llegar con 225 kilómetros en las piernas a la última cuesta a jugársela con un tipo como Valverde y en semejante estado de forma. Así que en Madonna de Ghisallo el equipo Bahrein se puso a endurecer la carrera. Y en la aproximación a Sormano el ritmo se puso durísimo. Desde abajo atacó Primoz Roglic, que apunta muy buenas maneras y es valiente, y un tremendo Franco Pellizotti mantenía un duro ritmo con Nibali a su rueda y Roglic a la vista. Pellizotti, 41 años en su carnet, se despedía del ciclismo profesional ayer y lo hizo por todo lo alto. Cuando el veterano italiano se apartó arranco sin dudarlo Nibali. Con él saltó Pinot. Nadie más pudo o quiso moverse. Valverde transitaba en la fila de cuerpos retorciéndose en la pared italiana.

 

 

 

 

Nibali y Pinot alcanzaron rápidamente a Roglic. Y en los últimos metros lo soltaron. Por la cima del muro una fila de ciclistas coronaban como podían. “Il Muro di Sormano” había sido coronado por sexta vez. Y tenía un nuevo record: Thibaut Pinot en 8:48. Pero a diferencia de otras ediciones… ¿sería suficiente para decidir la carrera? Por delante Nibali bajaba a tumba abierta, tan abierta que tuvo dos sustos que le hicieron moderar su agresividad para alivio de Pinot y que permitieron a Roglic enlazar. También enlazó el prometedor Egan Bernal, que reaparecía después de su fea caída en San Sebastián. Los cuatro comenzaron el duro ascenso a Civiglio. Y pronto quedo claro que Pinot iba súper. Roglic y Bernal se soltaban. Y cuando faltaban 500 metros para coronar, en la parte más dura, Nibali se abría sin poder seguir la rueda del francés.

 

 

Por detrás un impecable trabajo del Bahrein, que se salió literalmente ayer colocando a  tres corredores en el top ten, hizo imposible la persecución. Valverde había cedido en las primeras rampas de Civiglio, demostrando que por fin le había llegado el cansancio. Un voluntarioso Daniel Martin ataba una y otra vez, pero sin resultados consistentes. Esos ataques sirvieron para dar alcance a Nibali en el último metro del repecho de Olimpino. Pero el siciliano no se rinde nunca (aunque haya que agarrarse a un coche) y volvió a intentarlo en el descenso. Con una ligera ayuda de la moto de la tele, que sacó unos primeros planos perfectos de Nibali, volvió a coger unos metros que le permitieron entrar segundo en la meta. Tercero en el sprint del grupito fue Teuns de BMC que completó el podio. Por delante un formidable Pinot se imponía en su primer monumento. Se lo mereció sobradamente. Desde su desfallecimiento en el Giro, con ingreso en el hospital incluido estando muy malito, volvió a La Vuelta donde ganó dos bonitas etapas que le dieron un punto de forma muy bueno para completar un gran Mundial y ganar la Milán-Turín. Su victoria en el Giro de Lombardía es un broche precioso a un gran final de temporada.

 

 

Las carreras tienen recorridos más o menos bonitos. Tienen más o menos historia. Mayor o menor prestigio. Pero las carreras las engrandecen los ciclistas, que son los verdaderos protagonistas de este deporte. Y el domingo los ciclistas honraron al último Monumento de este año que acaba. Nos dieron una carrera preciosa. Los mejores momentos están en este vídeo. Ahora solo queda esperar al año que viene. ¡Vivan las clásicas!

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