MILÁN SAN REMO: ALAPHILIPPE VENCE MAGISTRALMENTE

 

Este pasado sábado se disputo la Milán-San Remo. La Classicissima. La Primavera. Es una carrera que divide las opiniones. Para unos es una carrera aburrida, larga, sin nada de emoción hasta los últimos diez kilómetros y el sprint en Vía Roma. Porque dicen que es una clásica para esprinters. Una carrera que en 110 ediciones ha visto entrar al vencedor en solitario (o en un grupo mínimo de media docena de corredores) en 47 ediciones. Una carrera de la que también se dice que es una lotería. Una lotería que a Merckx le tocó siete veces, o a Zabel cuatro veces, incluso Freire tuvo la suerte de que le tocase la lotería de la Classicissima tres veces. Hombre claro.

 

Yo soy del otro grupo. Yo soy de los que piensan que es una clásica única. Irrepetible. Quizá la mejor carrera del año. Y baso mi opinión en que la Milán-San Remo es la única carrera de profesionales que se acerca a los 300 kilómetros. 291 kilómetros este año. Es una carrera en la que los propios profesionales no paran sus dispositivos de grabación para poder ver en sus pantallas por única vez en el año superar los 300 kilómetros en carrera. Los corredores acuñan un dicho: “La San Remo es la carrera más fácil de acabar pero la más difícil de ganar”. Si ellos lo dicen es por algo. Esos casi 300 kilómetros se cubren a una media escalofriante. Este año la segunda más rápida de la historia: 43,625 km/h en 291 kilómetros. La mezcla de kilómetros y alta velocidad en ciclismo es garantía de grandes carreras. Porque el ciclismo es un deporte de resistencia, de fondo.

 

El recorrido en sus 240 kilómetros iniciales es fácil. Asequible. Precioso. A mitad de camino, en el kilómetro 143, se sube el paso del Turchino dónde se pasa simbólicamente del invierno a la primavera. Los corredores bajan hasta la preciosa Liguria donde ya rodarán todo el rato por la costa ligur ofreciendo preciosas estampas de carreteras excavadas en la roca encima del mar. Todo esto, recuerden, a más de 43 km/h de media.

 

 

Una vez llegados al kilómetro 241 se acaba la paz. Y se empiezan a afrontar unas pequeñas subidas, son los famosos “capos”. Los tres primeros son Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta dónde la tensión es palpable y los corredores más débiles empiezan a descolgarse. No hay ataques, pero la velocidad, los kilómetros acumulados y el cansancio van haciendo su trabajo. Y se llega a La Cipressa, dónde la lucha para entrar en cabeza es infernal. La Cipressa ya no es ninguna broma y los esprinters empiezan a sufrir. Aquí no tener piernas los eliminará para la victoria en San Remo. Subir la Cipressa no es fácil, bajarla menos. La bajada es suicida porque todo el mundo quiere llegar al llano de Imperia bien colocado. Ese llano es horrible. Rodando a velocidades superiores a 50 km/h los corredores, ya los grandes líderes arropados por sus mejores gregarios, se acercarán al icónico Poggio de San Remo. Una subida tendida de 3.700 metros entre invernaderos, con curvas de herradura y una bajada igual de técnica los llevará a los últimos 2.000 metros en Vía Roma dónde con todo el agotamiento de haber subido el Poggio a más de 37 km/h de media, después de haber superado el miedo a una bajada al límite del Poggio, y dónde con 289 kilómetros en las piernas afrontarán tras más de seis horas y media de pedaleo esa recta de Vía Roma en San Remo que decidirá quién es el triunfador de “La Primavera”. ¿Fácil verdad? ¿Una lotería verdad? ¿La carrera más aburrida del año? Pues eso.

 

UNA MILÁN-SAN REMO SEGÚN EL GUIÓN

 

Julian Alaphilippe era el hombre a vigilar. El corredor francés de Deceuninck-Quick Step ha demostrado en este 2019 que ha dado un salto de calidad importante. No hay ni rastro de aquel corredor que hasta 2017 tenía dificultades para ganar. Volvió de una grave lesión a final de 2017, con una victoria de etapa en La Vuelta, y de ahí paso a ganar muchas cosas y muy buenas en 2018. No solo a ganar, sino a ganar con autoridad. Su victoria frente a Valverde en Flecha Valona es muy recordada. Junto a ellas exhibiciones en el Tour con dos victorias de etapa y el maillot de mejor escalador arrasando. Cerró el 2018 ganando muy fácil la Clásica de San Sebastián. Pero es que su comienzo en 2019 está siendo aún mejor. Intratable en la Strade Bianche y sobre todo dos victorias en Tirreno-Adriatico que dejaron al personal con la boca abierta: una batiendo codo a codo al clásicomano Van Avermaet y en otra batiendo a todos los esprinters en un final llano. Flipante.

 

Esto último es lo que hacía que Alaphilippe partiese el sábado como máximo favorito en Milán. Esto y que está encuadrado en el Deceuninck-Quick Step, equipo que junto con Astana está arrasando en número de victorias este 2019. Y el francés no defraudó. La carrera cumplió con el previsible guión de salida: escapada consentida de un grupo de corredores de “equipos menores”, control por parte del grupo, tensión contenida en los tres primeros capos y caza de la fuga antes de la Cipressa. En la Cipressa subida a un ritmo elevado solo vimos algo fuera del guión: un loable intento del corredor local Bonifazio. En una bajada espectacular en la que adelantó en varias ocasiones a una moto de TV se plantó en el llano de Imperia con 15 segundos de ventaja. Una lucha de David contra Goliat. No sirvió de nada, pero es de agradecer que haya alguien que no esté dispuesto a ir al matadero del Poggio sin haberlo intentado. Siempre me pregunto qué pasaría si en esa zona se pudiese formar un grupito selecto de gente fuerte que no quiera jugársela al sprint final. A Bonifazio le quedará haber generado algunas de las fotos en descenso más espectaculares de los últimos tiempos.

 

 

En el llano previo al Poggio los equipos se agruparon en torno a sus líderes. Deceuninck con Stybar y Gilbert protegían a Viviani y a Alaphilippe, al que se veía en cabeza por primera vez. En Bora Oss hacía lo propio con Sagan. Groupama en un gran bloque protegía a Démare. Lotto cuidaba del pequeño Ewan. ¿Y qué pasaba con Valverde? El murciano volvía a la San Remo por primera vez desde hacía años. Con buen criterio porque llevar el maillot arcoíris obliga a algunas cosas, y porque la San Remo es una carrera que Valverde debería tener en sus vitrinas. Pero en Movistar tienen como objetivo la Vuelta a Cataluña (sic) y el equipo que acompañaba a Valverde era un equipo de circunstancias, todos mis respetos a ellos pero es la verdad, y Valverde fue el jefe de filas al que más le dio el viento desde La Cipressa hasta mitad del llano de Imperia, donde apareció un loable Lluís Mas a proteger a Valverde unos kilómetros, bravo por el mallorquín.

 

 

ALAPHILIPPE CUMPLE LOS PRONÓSTICOS

 

En el Poggio el Deceuninck demostró por qué es el equipo más fuerte en este tipo de carreras. Tienen la lección muy aprendida y trabajan con una mentalidad ganadora. Viviani, vestido de maillot tricolor, pronto dejó claro que su sueño ganando en San Remo como campeón italiano era una quimera. Stybar y Gilbert, un excelso corredor de pruebas de un día y todo un campeón del mundo especialista en las Ardenas, ponían un ritmo asfixiante que no dejaba moverse a nadie. El ritmo fue tal que se marcó la segunda subida más rápida al Poggio después de aquel espectáculo de Jalabert-Fondriest en 1995. En 2019 se ha subido el Poggio en 5 minutos 50 segundos a la demoledora media de 38,06 km/h. En la parte final atacó Simon Clarke del Education First, otro equipo que está andando mucho –aunque no rematen- este año, y ese ataque fue secado por Alaphilippe. Secado y remachado. Eran los últimos 500 metros del Poggio. Los que duelen. Los que separan a los grandes campeones de los aspirantes. Y esta vez tampoco defraudaron. Alaphilippe se marchaba, y Sagan y Kwiatkowsky salían tras él con fuerza. El mismo trio que en 2017. Un calco de aquella trepidante edición aunque con diferente orden. Pero a ellos tres se unían Valverde, Naesen, Van Aert, Trentin y Clarke para empezar un descenso definitivo.

 

 

 

El descenso no fue tan rápido como otros años. Posiblemente la calidad de todos en cabeza y el respeto que se tienen, junto con el cansancio de una ascensión brutal propiciaron esta ralentización. Esto dio tiempo a Mohoric y a Nibali a enlazar. Al fondo de los planos de televisión se veía como luchaba Dumoulin para entrar en el grupo e intentaba que su compañero y esprinter Matthews, que le tiene muchas ganas a esta carrera, entrase. No lo consiguieron.

 

En Vía Roma Trentin, uno de los más rápidos sobre el papel se la jugó con un ataque al que respondió Sagan en primera instancia y que tapó definitivamente ese prodigio venido del ciclocross que es Van Aert. En los últimos 600 metros, la distancia más crítica para un esprinter puro atacó Mohoric y a su rueda sin dudarlo un instante salió Alaphilippe. Fue un momento clave. El francés no iba a dejar que nada se moviese hasta meta. Un Sagan muy nervioso y desacertado dejo un hueco por las vallas que volvió a aprovechar Mohoric para lanzar el sprint y a su vez lanzar a Alaphilippe que una vez llegada su distancia no desaprovechó. Con potencia se imponía en la llegada celebrando incluso antes de tiempo con mucha (y temeraria) confianza su triunfo sobre Naesen y Kwiatkowsky que le acompañarían en el podio.  El grupo que disputó la Milán-San Remo de 2019 da miedo. Están los portadores de los últimos cinco maillots arco iris y los dos últimos vencedores de la carrera. Casi nada. Ya saben… una lotería de carrera.

 

 

BIEN Y MAL EN MILÁN-SAN REMO 2019

 

BIEN  Alaphilippe que lo hizo perfecto. Capitaneo a su equipo que estranguló el Poggio con un ritmo asfixiante. Cerró el peligroso ataque de Clarke en el Poggio y remachó para crear el corte definitivo en la carrera. Cedió el protagonismo en la bajada y recuperó lo necesario en última posición del grupo. Secó el que hubiese podido ser ataque definitivo de Mohoric a falta de 600 metros y remató con un sprint impecable. Magistral.

 

 

BIEN el equipo Deceuninck-Quick Step que demostró que además de desmontar en plan guerrilla cualquier carrera del norte, saben trabajar como equipo olvidando los egos para un solo hombre. Su control desde Cipressa y su intratable ascenso al Poggio, sacrificando con la velocidad a su velocista Viviani, dicen mucho de como funcionan como equipo.

 

 

REGULAR Valverde. Es una lástima que un corredor de la categoría y talento del murciano tenga que venir a esta carrera en el ocaso de su vida deportiva, vestido de arco iris, sin haberla preparado específicamente, sin ser protegido como se debe por un equipo a su magnífica altura y aun así sea capaz de estar en el grupo con los mejores en el Poggio y sacar un séptimo puesto en esta carrera. Se le notó esa falta de fuerza final. Pero claro si tu objetivo es la Vuelta a Cataluña es lo que tiene.

MAL Sagan que tiene un bloqueo con esta carrera que se debería hacer mirar. Un corredor como el eslovaco, con su experiencia y habilidad propia de un Jedi sobre la bicicleta, no debería cometer fallos como los que cometió el sábado. Sagan es capaz de ganar en spints puros a los mejores especialistas como en sus Mundiales de Doha y Bergen. Pero es que también es capaz de resolver con ataques finales demoledores como en su Gante-Wevelgem. En 2017 perdió un sprint en San Remo por anticiparse, el sábado lo perdió por esperar demasiado y en mala posición. Un detalle: Sagan no sale en ninguna foto del sprint. Es el que acaba con mayor velocidad terminal el sprint, era el más rápido, pero es el que peor empezo y más retrasado. Imperdonable en un esprinter. Sagan tiene esta carrera en las piernas, se la merece, ¿pero será capaz de superar este bloqueo?

 

Y en este enlace están los mejores momentos de esta Milán-San Remo 2019

 

Este fin de semana empiezan las clásicas del norte. Los adoquines esperan. Veremos que nos deparan este año. ¡Disfrútenlos!

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