LAS ARDENAS CIERRAN LA TEMPORADA DE CLÁSICAS

Ya está. Se acabó. Otro año más el tríptico de las Ardenas ha cerrado la temporada de clásicas de primavera. Toca esperar otro año para volver a asistir al grandioso espectáculo de estas carreras de un día corridas como si no hubiera un mañana, sin perdón, sin concesiones, buscando la gloria que solo estas carreras proporcionan. El vencedor de una de estas clásicas casi justifica una carrera deportiva.

 

UN DANÉS EN LA AMSTEL GOLD RACE

 

La Amstel Gold Race abre siempre el tríptico de las Ardenas. La carrera está marcada por la subida al selectivo Cauberg. Con los años ha ido evolucionando la posición de la meta. Al principio estaba justo al acabar el Cauberg, con lo que un corredor con un buen final en cuesta tenía las de ganar. El más claro ejemplo son los años de victoria de Gilbert. Posteriormente movieron la meta un kilómetro y medio después, con lo que había incertidumbre de si el más fuerte en el Cauberg llegaba en solitario o por el contrario se veía un sprint reducido con la tensión táctica que ello conlleva. Gilbert siguió ganando. Y en este 2018 la organización después de pasar el mítico Cauberg metió dos cotas más enlazadas con una zona muy técnica de carreteras estrechas, típicas de la zona, para llegar a meta. Funcionó. Vimos una gran carrera.

 

La ya habitual escapada de salida llegó muy lejos. Está siendo habitual este año. Pero a la hora de la verdad y tras el paso por el Cauberg la cabeza de carrera solo reunía a los habituales de estas pruebas. En el selecto grupo que iba a disputar la victoria Valverde era el hombre a batir, es uno de los mejores corredores de la historia en las Ardenas. Sagan siempre impone con su agresividad y su maillot arco iris. El joven aspirante Alaphilippe aspira al trono de Valverde. Gasparotto ya sabe lo que es ganar en Amstel. Wellens y Kreuziger siempre están bien en estas carreras y los Astana estaban por partida doble: Valgren y Fuglsang.

 

Valverde movió la carrera en la cota posterior al Cauberg e hizo mucha pupa. Alaphilippe y Sagan no se despegaban del murciano. Pero Astana aprovechando su superioridad númerica funcionó de manual. Primero Fuglsang atacó y fue reducido por Sagan y Valverde. Justo después Valgren arrancó y hubo unos segundos de duda. En esa duda salió Kreuziger que contactó. Se entendieron a la perfección. Por detrás algunos acelerones, pero mucha vigilancia y mucho miedo entre Sagan, Alaphilippe y Valverde hicieron que la ventaja fuera insalvable.

 

 

 

En el sprint el danés Valgren se impuso con relativa facilidad a Kreuziger, y el podio lo completaba Gasparotto que aprovechó la vigilancia entre los favoritos para tomar unos metros. El sprint del pequeño grupo para el cuarto puesto fue para Sagan. Valverde hizo quinto. Una entretenida Amstel con un ganador no muy esperado. Aquí enlace a los mejores momentos de la prueba.

 

 

ALAPHILIPPE POR FIN DESTRONA A VALVERDE

 

El Muro de Huy se había convertido en el pasillo de la casa de Alejandro Valverde. Cinco victorias en la clásica, cuatro de ellas de manera consecutiva -¡y de qué manera!- hacían que Valverde partiese como el máximo y único favorito. La carrera se convirtió en un “todos contra Valverde”.

 

Llegar con Valverde a los 250 metros finales del Muro de Huy (porque recuerden que en Bélgica solo hay dos muros: el Kapelmuur y el de Huy, el resto son “bergs”) es sinónimo de derrota. El murciano tiene cogida la medida a esa distancia en esa pared de porcentajes del 26% y es muy difícil de batir. Así que la estrategia pasaba por intentarlo antes. El siciliano Nibali ha demostrado siempre que es un corredor que ataca y no tiene miedo a probar, fruto de ello tiene una Milán-San Remo en la vitrina de su casa, y atacó en el primer paso por Huy (se pasa tres veces). Con él Movistar mandó para cubrir al equipo a José Joaquín Rojas, que lógicamente no preocupó para nada a Nibali, y cuando el murciano amigo de Valverde se quedó en la siguiente cota le preocupó inluso menos. Semejante visión táctica (ironía modo on) dejaba toda la tostada de perseguir para Movistar. El hueco del grupo de Nibali era interesante y obligó por detrás a trabajar a Landa, único Movistar que quedaba con Valverde. El trabajo de Landa fue espectacular, daba gusto verlo en cabeza manteniendo la treintena de segundos a raya. El vitoriano demostró que fichó como jefe de filas, pero que cuando hay que trabajar también lo hace. Por lo menos trabaja sin problemas a estas alturas de temporada, y para un murciano. Habrá que ver qué pasa en Julio… y para un colombiano.

 

Cuando Landa se acabó Lotto se dio cuenta que había que echar una mano. Un gran trabajo de los belgas hizo que se llegase a la última subida de Huy, el kilómetro final decisivo, con un solo hombre en cabeza. El alemán Schachmann, de Quick Step, superviviente del intento de Nibali. El grupo por detrás comandado por Jungels protegiendo a Alaphilippe se enfrentaba a los últimos quinientos metros. A falta de 300 metros arrancó Alaphilippe y devoró a su compañero de equipo Schachmann (ojo con este que aún hizo octavo). Valverde iba algo más retrasado que de costumbre, pero al paso por “su marca” de los 250 metros cambió el ritmo y levantado sobre los pedales pasó a Kreuziger y Vanendert acercándose al francés. Parecía que podría llegar a la rueda del joven aspirante al trono, pero Alaphilippe había cogido unos metros decisivos y Valverde por primera vez en cinco años se tuvo que sentar a falta de cuarenta metros de la línea de meta.

 

 

Alaphilippe cruzaba meta sin ningún gesto de alegría. Solo cuando su masajista le señalaba con el índice se dio cuenta que había ganado y rompió en llanto. Posteriormente lo explicó: entendió mal la radio y escuchó que Nibali todavía iba escapado por delante, por eso arrancó antes de tiempo, no tenía nada que perder. Ese malentendido posiblemente le dio su primera victoria en la Flecha Valona. Creo que no será la única vez que el francés gane en Huy.

 

 

Valverde acabó segundo y Vanendert tercero. Valverde dijo que le sorprendió Alaphilippe al salir de “tan lejos”, pero que realmente él subió bien y que fue el francés el que estuvo sensacional. Los tiempos dicen lo mismo. Valverde ha subido Huy siempre entre 2 minutos 51 segundos y 2 minutos 53 segundos, salvo en 2014 que marcó el record de la subida con 2 minutos 41 segundos. Este 2018 empleó 2 minutos 52 segundos. En sus tiempos. Alaphilippe subió en 2 minutos 48 segundos. 4 segundos mejor. 4 segundos que privaron a Valverde de conseguir su sexto triunfo y quitar el record a Eddy Merckx para convertirse en el mejor corredor de la historia en las Ardenas. Aquí el enlace a los mejores momentos de la prueba.

 

 

BOB JUNGELS SE EXHIBE EN LA LIEJA-BASTOÑA-LIEJA

 

La Doyenne. La Decana. El cuarto monumento. La clásica más antigua cierra el tríptico de las Ardenas. La Lieja-Bastoña-Lieja se celebró el domingo y partía con un patrón similar al de la Flecha Valona. Valverde, cuatro veces triunfador en Lieja, era el hombre a batir. La Lieja en los últimos años ha pasado a tener un patrón idéntico: fuga temprana, paso de los kilómetros, tensión y dureza en La Redoute, selección en Roche-aux-FaÇons, ataques en Saint Nicholas y a jugarse todo en la cota de Ans en el último kilómetro urbano de Lieja. 265 kilómetros son muchos kilómetros, y que el final tenga ese enlace de cotas y una calle tan dura como línea de meta marca mucho la carrera. Hay que llegar muy bien de fuerzas ahí y eso hace que midas mucho los esfuerzos y que seas más conservador o directamente que no ataques esperando a la cota de Ans.

 

Pero este año ha pasado algo en todas las clásicas de primavera. Y ese algo es el Quick Step. Corren como iguales. Y dado que tienen varias bazas las usan. La jerarquía está marcada, pero una vez en carrera atacan, son agresivos, mandan gente por delante y obligan a los demás a trabajar. Les ha funcionado toda la primavera. Y salvo en Roubaix donde un inspirado Sagan les dio de su misma medicina, en el resto de la primavera de clásicas han sido los claros dominadores.

 

En la Lieja usaron la misma táctica. Cuando todo el mundo esperaba el sprint final de Alaphilippe ellos movieron la carrera  con Gilbert y una vez neutralizado el antiguo campeón del mundo mandaron por delante en Roche-aux-FaÇons al portentoso luxemburgués Bob Jungels. El angelito, 189 centimetros de estatura, cogió 30 segundos de ventaja nada más coronar y se puso a hacer lo que mejor sabe: rodar. Y rueda que da gusto. Qué maravilla verlo acoplado en su bici. Fue comiéndose los kilómetros y supo regular magníficamente en la dura cota de Saint Nicholas, que dicho sea de paso subió sentado –ojo, desnivel medio del 9%- a 20 km/h de media. Sí, con 258 kilómetros en sus piernas a esas alturas.

 

 

Por detrás las dudas en la persecución hicieron el resto. En la cota de Ans la vigilancia entre los favoritos dio alas a Jungels. Alaphilippe, compañero de equipo y amigo íntimo de Bob, cubrió magníficamente las espaldas del de Luxemburgo. Michael Woods y Romain Bardet abrieron un pequeño hueco que les garantizó un sitio en el podio y Alaphilippe ganaba con superioridad el sprint del grupo para ser cuarto celebrando la victoria de su compañero. Otra clásica más para “The Wolfpack”. Aquí un enlace a los mejores momentos de la prueba.

 

 

EL QUICK STEP CLARO DOMINADOR DE LA TEMPORADA DE CLÁSICAS

 

Este Quick Step de 2018, el equipo del “Wolfpack”,  será recordado por sus triunfos en las clásicas. Por la forma de conseguirlos, con diferentes corredores, y por el ambiente que transmiten en el equipo. En esta primavera ciclista han ganado 11 clásicas. 11 nada menos. Y entre ellas los premios gordos de GP E3-Harelbeke, Scheldeprijs, Vuelta a Flandes, Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja. Casi nada.

 

Pero es que si echas la vista atrás el resultado también es abrumador. En los últimos 15 años, desde 2003 a 2018, la estructura de Patrick Lefevre ha ganado la friolera de 48 clásicas de primavera. Entre ellas 15 monumentos ciclistas: 7 Flandes, 5 Paris-Roubaix, 2 Milán-San Remo y 1 Lieja-Bastoña-Lieja. Es una barbaridad. Pero claro tenían un corredor, Tom Boonen, que él solito ganó 21 de esas 48 clásicas. Y 7 de esos 15 Monumentos. Es lo que tiene ser un Dios del adoquin. La primavera, al menos para mí, no ha sido lo mismo sin él. Ahora toca esperar un año, los adoquines ya duermen. Se despertarán en Julio en el Tour, un ratito nada más, pero no será lo mismo.

 

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