GIRO 2017: DUMOULIN VENCEDOR

UN HOLANDES EN EL GIRO DEL CENTENARIO

 

El Giro del Centenario es historia. ¿Ha sido el mejor Giro? No. ¿Ha estado emocionante? Sin duda. ¿Ha ganado el mejor? Sí, en mi opinión claramente. ¿Ha habido justicia ciclista? Sí, el corredor que más lo ha deseado es el que ha ganado finalmente en Milán. Un holandés, el primero de su nacionalidad en ganar el Giro. Tom Dumoulin es el nuevo vencedor del Giro. La primera grande en su palmarés. Pero… ¿será la única?

 

Era un Giro especial. Y lo era porque acumulaba 70 kilómetros contra el reloj. Algo que se había perdido en otras grandes vueltas. Con especial vergüenza del Tour 2016 que apenas tuvo 25 kilómetros. Y en la salida Dumoulin y Thomas, como grandes especialistas, eran favoritos. Pero también tenía una última semana terrorífica en cuanto a escalada. Etapas largas y duras, con especial mención a una en los Dolomitas con doble ascensión al Stelvio. Casi nada. Los escaladores tendrían muchas oportunidades para descolgar a los croners y tomar ventaja. Y ahí Quintana y Nibali eran los máximos favoritos.

 

La primera semana del Giro sirvió para poco en términos de la lucha por la general. Fue una visita turística por las dos grandes islas italianas para enseñarnos bellos paisajes, toda Italia es preciosa, y pocos deportes como el ciclismo permiten apreciar mejor la belleza de un país. Vimos unas llegadas preciosas al sprint con mención especial para un colombiano: Fernando Gaviria, que arropado por un equipo perfecto y un lanzador de lujo como Richeze, logró en la primera parte del Giro nada menos que cuatro victorias parciales.  Tiene un gran futuro por delante. Era su primera grande y cumplió con creces. Como premio añadido se llevó la clasificación por puntos en Milán. Bien por él.

 

UNA MOTO MARCA EL GIRO DE ITALIA

 

En esa primera parte de la carrera se subía el Etna, en la etapa 4ª, pero fue un bluff. Nadie se movió. Hacía mucho viento de cara dijeron. Seguro que ahora se lamentan de esa oportunidad perdida, aunque hubo muchas otras. En la 9ª etapa se ascendía el durísimo Blockhaus. La primera vez que se subió en 1967 ganó un joven Eddy Merckx. Desconocido. Tanto que la prensa italiana publicó en la época el titular “Un joven esprinter belga gana en el Blockhaus”. El gran favorito, Quintana, cumplió con su papel. Atacó y ganó en el Blockhaus. Nibali lo pasó mal y Dumoulin subió a su ritmo. Y en una increíble ascensión limitó sus pérdidas a unos míseros 23 segundos. Los escaladores empezaron a mirar con mala cara al holandés. En la etapa no fue eso lo importante. Lo fue la caída de varios de los favoritos al chochar con una moto de policía estacionada en la cuneta. Thomas y Landa vieron cómo se esfumaba su Giro en cuanto a la lucha por la general. Thomas acabaría abandonando y Landa se reconvirtió en cazador de etapas y justo vencedor final de la clasificación de la montaña. Nunca sabremos qué hubiese pasado con ellos en carrera.

 

 

DUMOULIN MACHACA EL CRONO EN MONTEFALCO

 

Al día siguiente se disputaba la primera crono. 39 kilómetros en Montefalco. Dura, con subidas y final ligeramente ascendente. Dumoulin machacó a todos sus rivales. Diferencias de más de dos minutos con sus contrincantes de la general. Y unos abismales tres minutos con Quintana. Se vistió de rosa y sus rivales sabían que tenían que atacar sí o sí. No eran solo tres minutos, es que había que buscar colchón para  afrontar la última crono de Milán con un par de minutos. Se preveía una última semana apasionante.

 

 

Y en esa semana final pasaron muchas cosas, empezando con la etapa de  Oropa.  Hubo ataques en el santuario donde Pantani hizo una de sus mayores exhibiciones de Nibali, que es un corredor muy valiente y que no deja nada en la reserva, y de Quintana, que se está convirtiendo en todo lo contrario, pero no sirvieron de nada. Dumoulin no solo no perdió tiempo, es que se permitió el lujo de ganarles en meta y meter unos segundillos. El pánico empezaba a cundir entre los escaladores. El mocetón holandés no era un simple contrarrelojista. Y tampoco era una inofensiva mariposa.

 

 

En Bergamo ganó otra de las revelaciones del Giro. Bob Jungels, que es muy joven, y está llamado a hacer grandes cosas en esto de la bici. Esa victoria la acompañó con el maillot de mejor joven final en Milán.

 

 

UN SUCESO ESCATOLÓGICO EN LOS DOLOMITAS

 

Y llegaron los Dolomitas. La temible etapa de Bormio. El Mortirolo y dos pasos por el Stelvio. Y en etapa de fondo además, 222 kilómetros. Y la etapa pasará a la historia. No por lo deportivo, sino porque se televisó en directo un apretón del líder. A Dumoulin le llamó la madre naturaleza, aguantó lo que pudo, y tomo la decisión de parar a aliviarse. En meta dijo “o paraba o me cagaba encima”. El jolgorio de todo el personal fue legendario. El ciclismo ocupó todos los telediarios, así esta este deporte; o caídas o dopaje o cagadas o no salimos en la tele. Dumoulin, que lo cronometré yo con mi relojito, estuvo parado en un precioso campo 1 minuto y  13 segundos. Posteriormente subió de manera admirable y llegó a estar a menos de 1 minuto de pillar. Se desfondó en los últimos 2 kilómetros del Stelvio pero logró llegar a meta perdiendo solo 2 minutos. Por delante los escaladores tiraban, pero se veía que las fuerzas estaban muy justas. Especial mención a Quintana, que teniendo gente por delante toda la etapa en una buena táctica de Movistar (¡milagro!) no se movió, mostrando una cara muy “amarrategui” que se está convirtiendo en marca de la casa. La etapa fue para Nibali, que ganó a un espectacular Landa que estaba dando un auténtico festival en las montañas, libre de la lucha por la general.

 

 

En las dos últimas etapas de montaña es dónde se vio de qué iba este Giro. Dureza, ritmo, emboscadas y un “todos contra Dumoulin” porque las cuentas no salían de cara a la crono final en Milán. A Dumoulin lo pillaron mal colocado en el inicio de la etapa 19 y asisitimos a una persecución preciosa de casi 50 kilómetros. Quintana, Nibali y Pinot delante, Dumoulin, Yates y Mollema por detrás. Pillaron, pero el holandés estaba tocado y en una subida muy trotona a Piancavallo se dejó más de un minuto, cediendo el liderato a Quintana. Esa etapa fue para Mikel Landa, que demostró que es uno de los mejores escaladores del pelotón y que se reivindicaba de cara a su equipo. No sabremos qué hubiese pasado sin la maldita moto del Blockhaus, pero hubiera estado curioso verlo.

 

 

QUINTANA NO LOGRA SU COLCHÓN EN LA MONTAÑA

 

Última etapa de montaña. Monte Grappa y Foza. Última oportunidad para meter tiempo a Dumoulin. Y aquí es donde vimos la peor cara de Quintana. Dumoulin empezó a sufrir en Monte Grappa. Se quedaba en la parte final del puerto. Pero hubo dos aceleraciones de Quintana, dos, en las que a los cuatro segundos de arrancar miraba para atrás y no les daba continuidad. Y claro con ese convencimiento no tienes mucho que hacer. Desde el sofá es fácil y quizá es que no hay fuerzas y lo que se ve es lo que hay.   Dumoulin enlazó y coronó Monte Grappa con los escaladores. Y llegó la preciosa subida a Foza. Y allí atacó Nibali, sí, Nibali, el de siempre porque Quintana no fue el primero. Posteriormente sí que Quintana aceleró y atacó.Dumoulin se quedó. A su paso. Siempre a su ritmo. Pero Quintana aun viendo que su máximo rival pasaba dificultades empezó a mirar atrás y a pedir relevos constantes. Llegó un momento que parecía que tenía un ataque epiléptico en el codo, de la manera con la que pedía los relevos. Nibali lo miraba como si fuese un marciano. Eres el líder amigo. Tira tú. Tú te juegas todo. Por detrás Dumoulin encontró la milagrosa colaboración del entorno Benelux, y ayudado por un inmenso Jungles y algo menos por Mollema logró que en meta apenas 15 segundos fueran el botín de Quintana y Nibali. La etapa, merecidísima, para Pinot. El francés sí que ha corrido toda la semana final para ganar el Giro, pero las fuerzas son las que son.

 

 

CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO

 

Etapa final. Crono en Milán. 29 kilómetros. Totalmente llanos. En la salida Quintana de  líder, Nibali segundo, Pino tercero y Dumoulin máximo favorito a 53 segundos. No hubo lugar a la sorpresa. El holandés con una planta perfecta sobre su bicicleta dejó claro desde el primer punto de control que el Giro sería suyo. En la última meta Dumoulin se aseguraba el rosa del Giro con 31 segundos de ventaja sobre Quintana y 40 segundos sobre Nibali. Dumoulin ganaba su primera grande. Un justo vencedor.

 

 

¿CONCLUSIONES?

 

Puede que Dumoulin haya llegado para quedarse. Tiene 26 años. Su progresión ha sido evidente. Es el mejor croner de su generación y pasa muy bien las montañas. Pero ¿es el nuevo Indurain? En mi opinión no. Don Miguel a su edad tenía mucho mejor palmarés, y pasaba mucho mejor las montañas. No solo no perdía tiempo, es que metía tiempo. Pero es que la actitud de ambos es muy diferente. Dumoulin ha estado “chulo” en algunas declaraciones este Giro, aunque con razón, y lo han pillado despistado en carrera dos veces, algo que a Indurain no le hubiésemos visto. Es joven, faltan años de gran nivel para que confirme este primer gran triunfo. Es un tipo que cae bien y su trágico “fracaso” en la Vuelta 2015 le hizo acreedor de mucha simpatía.

 

Quintana ahora mismo me despista. No solo su edad, que no me creo que tenga 27 años, sino su cambio como corredor. ¿Dónde está el Quintana de 2014? Aquel escalador puro que atacaba sin importarle lo que pasaba detrás. Su conservadurismo le está ganando una muy mala prensa. Cuesta ser fan de un tipo que ahora mira para detrás cada ataque, y es cierto que ha atacado en este Giro, y cuesta ser fan de un tipo que transmite muy poco en carrera. Y ojo que su palmarés es envidiable ahora mismo. Si se retirase sería uno de los buenos del ciclismo. Sus declaraciones tampoco ayudan. Parece que todo le va bien. Su actitud en el Tour 2016 me pareció indolente. Su equipo de cualquier manera tampoco ayuda. Su balance final en las redes: “fantástico Movistar. Dos etapas. Segundos en la general y triunfo por equipos”. Pues vale. Hay gente que corre para ganar y proponen cosas, cada día menos, otros para posturear y salir en la foto. Me quedaré toda mi vida con los primeros.

 

Nibali. Lo de Nibali es fácil: harían falta más corredores como él. Sus victorias en grandes vueltas, pertenece al selecto club de vencedores en las tres grandes, lo demuestran. No especula, siempre va al ataque y si tiene algo lo gasta. Su único pero: ese carácter siciliano que a veces se le nota más de la cuenta, tirando de marrullería y de trampichuelas.

 

El podio de Milán parecía un zoo. Había una mariposa, un cóndor y un tiburón. Los motes de los corredores se están yendo de las manos. Aunque mejor motes amables que los motes ingeniosos de twitter o redes sociales. Un trio de muestra: “funcioNairo” Quintana, “Dumoulition Man” y mi preferido… “apreTom” Dumoulin.

 

¿Y si me como esta pedazo de pizza como me sentará?

Dos minutos más es lo que me hubieran hecho falta.
 

Nibali haciendo lo que mejor sabe: atacar, Quintana también hace bien lo suyo. Dejar hacer.

 

El Giro ha acabado. En cuatro semanas el Tour. Contador y Froome esperan su turno. Y veremos hasta donde llega Quintana. Que ojo, quizá el Quintana que hemos visto en el Giro estaba al 85% y le falta afinar para el Tour… ¿Quién sabe? Veremos.

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