PARÍS-ROUBAIX: GILBERT CONSIGUE SU CUARTO MONUMENTO

El Domingo se celebró la París-Roubaix. El mítico “Infierno del Norte”. Es el tercer monumento ciclista de la temporada y es una carrera única dentro de las clásicas. Un recorrido de aproximadamente 260 kilómetros entre París, aunque sale concretamente de Compiègne –localidad a unos 50 kilómetros al Norte-, y el viejo velódromo de Roubaix. En la edición de 2019 han sido  257 kilómetros que incluían 28 sectores de pavés, sumando 55 kilómetros de adoquín. Hay tres tramos calificados de “cinco estrellas”, los más duros: el primer tramo  es el famoso Trouée d´Arenberg a falta de 100 kilómetros, el crítico Mons-en-Pévèle está a falta de 50 kilómetros y el último , a tan solo 17 kilómetros de meta, es el determinante Carrefour de l´Abre. Una vez superado todo esto los supervivientes se enfrentarán a una vuelta y media en el antiguo velódromo de Roubaix, repleto de espectadores aplaudiendo con cada entrada de los héroes que completan la prueba. Habrán atravesado el infierno y habrán llegado a la meta. Allí las míticas duchas del viejo vestuario del velódromo esperan a los que acaban la carrera. Unas duchas con unas pequeñas chapitas con el nombre de los vencedores. Un ritual que todo corredor que ame las clásicas y los adoquines considera un honor realizar.

 

 

Los ciclistas odian o aman esta prueba, no hay término medio. A lo largo de la historia de esta prueba se ha hablado mucho de la Roubaix, pero quizá sean estas tres frases de auténticos campeones las que resuman esta carrera:

Siempre digo que fue la carrera más horrible de correr, pero la más bonita de ganar. Una París-Roubaix sin lluvia no es una verdadera París-Roubaix (Sean Kelly – Vencedor 1984-1986)

“Sigo pensando que la Paris-Roubaix es una carrera de mierda, pero ya la he ganado y no voy a volver nunca. Y no lloraré si un día anuncian que ya no existe” (Bernard Hinault – Vencedor 1981)

“-Es una mierda. Esta carrera es un montón de mierda. Estás sufriendo todo el día como un animal. No tienes tiempo ni para mear y te lo haces encima. Vas pedaleando sobre el barro, resbalando y es un mierda. Debes limpiarte si no quieres perder la cabeza.

-¿Volverás a correrla alguna vez?

-¡Por supuesto! ¡Es la carrera más bonita del mundo” (Theo de Roy – En una entrevista al acabar la edición de 1985)

En este enlace tenéis imágenes de la victoria de Hinault en 1981 y en este otro enlace de la victoria de Kelly en 1984. Son imágenes de otro ciclismo, otra época.

 

UNA PRIMERA MITAD DE CARRERA DIFERENTE

 

El desarrollo de esta edición de la Roubaix fue algo diferente. Fue un ritmo muy rápido desde la salida, y esto hizo que no se formase la típica fuga “consentida” de corredores con menos peligro. Los primeros 100 kilómetros se habían recorrido a una media superior a los 44 km/h y la fuga no se formaba. Faltando 160 kilómetros se formó un peligroso grupo de unos 20 corredores entre los que iba Nils Politt. El alemán mirado con perspectiva se movió mucho y muy bien durante toda la carrera. También iba en el grupo el aragonés Jorge Arcas que se movió bien con ganas de hacer algo en esta carrera, bravo por su actitud. Este grupo cogió una renta cercana al minuto que empezó a preocupar a los favoritos y estos pusieron a trabajar a sus gregarios. El ritmo seguía siendo muy rápido y después de 30 kilómetros de persecución el pelotón se volvió a agrupar. Se acercaba Arenberg y la tensión se mascaba en el ambiente.

 

 

En el complicado Trouée d´Arenberg los corredores pelearon por la posición de entrada y Van Avermaet encabezó el pelotón durante gran parte del famoso pasaje. Pero fue el gigantón Stijn Vandenbergh, un hombre de equipo de la vieja escuela, el que tuvo el honor de salir el primero del bosque encabezando un grupo que ya había perdido la mitad de sus unidades. Por detrás empezaron a ocurrir cosas que luego marcaron la carrera. Wout van Aert tuvo una avería que lo mando a la hierba del lateral, cambió su bici con un compañero y empezó a perseguir a la salida de Arenberg. Faltaban 97 kilómetros para meta y empezaba la exhibición que el joven talento y varias veces campeón del mundo de ciclocross ofreció el domingo. En solitario, sin compañeros, pasando a otros corredores rezagados como un misil fue recortando terreno. Una decena de kilómetros más tarde ya tenía la fila de coches a su alcance lo que aprovechó para cambiar la bici y recuperar la suya (sí, todo esto lo hizo con la bici de un compañero). Nada más cambiar la bici se fue al suelo en una curva en una extraña caída, volvió a levantarse, recuperó su bici y retornó la persecución. Iba un minuto por detrás de cabeza de carrera. Esta vez jugándosela entre los coches y con una perseverancia digna de admiración consiguió 26 kilómetros más tarde de Arenberg enlazar. Faltaban 72 kilómetros para meta.

 

 

EL MOVIMIENTO DEFINITIVO

 

A falta de 67 kilómetros se encontraba la última zona de avituallamiento. Y ese fue el momento que aprovechó el alemán Politt para lanzar un ataque que solo fue respondido por Gilbert y Selig. Consiguieron una veintena de segundos, pero el alemán que ya había ido escapado a falta de 160 kilómetros parece que tenía mucha intención y colaboraba sin problemas con Gilbert. Selig protegiendo a su jefe de filas Sagan no colaboraba lógicamente. A falta de 56 kilómetros se llega al tramo de Orchies, un tres estrellas todavía alejado pero que ha sido determinante en otras ocasiones en la prueba: Museeuw en el 2002, Boonen en el 2012 y Sagan en 2018 aprovecharon este tramo para su ataque definitivo a meta. Y este año no fue diferente, Sagan aceleró a la salida de Orchies y se fue en busca de los tres fugados. Con Sagan muy atentos estuvieron Wout van Aert, que apenas tuvo recuperación después de su formidable caza, Lampaert, Vanmarcke y el español Cortina.

 

 

Por detrás el incansable Vandenbergh tiraba del grupo para su compañero Naesen, con un Van Avermaet muy ausente. Por delante el ritmo no paraba y la distancia era ya de medio minuto. Lamentablemente el asturiano Cortina sufrió un pinchazo que le descolgó del selecto grupo.  A la entrada del temible Mons-en-Pévèle el sexteto ya rodaba unido con algo más de 40 segundos. Faltaban 49 kilómetros para meta y todo hacía indicar que de esos seis hombres saldría el ganador.

 

A falta de 23 kilómetros Politt lanzó un ataque que solo pudieron seguir Gilbert y Sagan. El sexteto se partió dejando por detrás a Wout van Aert, Vanmarcke y Lampaert. Van Aert pagaría sus esfuerzos anteriores y se descolgaría definitivamente y una avería de Vanmarcke, que mala suerte tiene este hombre, le dejó fuera también. Por delante sorprendentemente a falta de 14 kilómetros un brutal cambio de ritmo de Politt, otra vez el alemán, solo pudo ser seguido por un sensacional Gilbert ya que Sagan sufrió un desfallecimiento repentino que le dejó fuera de la pelea. La suerte estaba echada.

 

 

Por delante Gilbert y Politt. Por detrás a medio minuto Lampaert en solitario. Algo más retrasados Vanmarcke recogía el cadáver rodante de Sagan. Así se presentaron en el velódromo para alegría de todos los fans belgas. En el sprint Gilbert batía claramente a un muy generoso Politt que prefirió asegurar la segunda plaza ante la llegada por detrás de Lampaert, que haría tercero. Vanmarcke desolado conseguía la cuarta posición por delante de un vacío Sagan que aun así entraba en los puestos de honor.

 

 

 

GILBERT YA TIENE CUATRO MONUMENTOS

 

Philippe Gilbert ya tiene cuatro monumentos: Flandes, Roubaix, Lieja y Lombardía. Le falta Milán-San Remo para completar los cinco monumentos en sus vitrinas y entrar en un selecto club en el que solo hay tres nombres: Eddy Merckx (19 monumentos), Roger de Vlaeminck (11 monumentos) y Rik van Looy (8 monumentos). Los tres son belgas y los tres fueron Campeones del Mundo. Gilbert cumple los dos requisitos. Gilbert hace tres años empezó a usar en redes sociales el hagshtag “Strive for five” (Lucha por los cinco) y a mucha gente le pareció más una campaña de marketing para relanzar la carrera del belga, pero Gilbert empezó una reconversión hacia los adoquines, perdió algo de velocidad para ganar fuerza y resistencia en las clásicas del norte. En 2017 ganó de manera increíble Flandes y este año ha conseguido su adoquín en Roubaix, logrando callar las bocas de quienes decían que no era un “corredor de adoquines”. Ahora hay que recordar como este año el amigo Gilbert subió el Poggio en Milán-San Remo trabajando para Alaphilippe a 38,5 km/h de media y podemos pensar que no solo estaba haciendo trabajo de equipo, sino probando sus sensaciones para una posterior edición de la Clasiccissima buscando su ansiado objetivo. Es muy difícil, pero quien sabe… veremos.

 

 

DECLARACIONES Y ALGUNA COSITA MÁS DE ESTA ROUBAIX

 

Gilbert en meta dijo que “me gusta el estilo desde lejos. Me encantan corredores como Museeuw que arrancaban lejos de meta. Yo solía soñar con cosas como ellos y como lo hacían en el pasado. Yo lo he copiado y me funciona en otras ocasiones. Una vez solo con Politt sabía que era cuestión de quién era el más fuerte al final… y ese era yo”.

 

Politt por su parte dijo que “es mi cuarto año como profesional y conseguir un segundo puesto en Roubaix es un gran sentimiento, perder contra Gilbert que es un campeón mundial y ha ganado tantas carreras no es una vergüenza. Estoy contento”.

 

Un inconsolable Vanmarcke declaró que “no tiene sentido para mí, pero los problemas mecánicos arruinaron mi carrera. Hubiese estado mejor en casa en mi sofá. Entonces no estaría tan decepcionado como lo estoy ahora. Rodé todo el día super bien, ellos no me hubiesen soltado nunca hoy”.

 

Muy sincero Peter Sagan dijo que “estaba bien, hice una gran carrera, pero al final perdí algo de energía. Había hecho mucho antes y lo pagué al final. Pero siempre es muy duro frente a corredores tan fuertes como Gilbert y Lampaert. No sé exactamente qué pasó, pero me quede vacío, hice realmente lo mejor que pude con lo que estoy contento con eso”.

 

Y uno de los mejores de la carrera, con un 22º puesto al final, Wout van Aert explicó lo que le pasó claramente “Me sentí terriblemente mal. Estaba vacío hasta la muerte. No puedo decir mucho más. Fue muy caótico para mí, después de mi mala suerte en Arenberg y mi caída sufrí un bloqueo durante una hora de persecución, no comí ni bebí en esa hora. Y eso en una carrera como la de hoy tiene un precio al final. Yo lo pagué. Me quede sin energía. Al final para mí sigue siendo la carrera más bonita del año pero todo se fue al final”.

 

La última anécdota de esta París-Roubaix 2019 está enlazada con la edición de 2018. El año pasado conté en este mismo blog la bonita historia del lituano Evaldas Siskevicius, que después de sufrir cinco pinchazos y ser abandonado por el coche escoba llegó al velódromo de Roubaix, dónde un operario comprensivo le abrió la puerta (una hora más tarde de la victoria de Sagan) para que el joven lituano completase su vuelta y media y fuese a las duchas. La organización apreció el gesto del corredor y le clasificó finalmente. El joven Evaldas ama esta carrera, y se ha preparado desde entonces para que no le tuviesen que esperar más. Este domingo en una inteligente carrera fue filtrándose en los grupos, rodando a la perfección para lograr un formidable noveno puesto en meta. De cerrar la prueba a un top-ten en Roubaix, algo al alcance de muy pocos,  en solo un año. Por eso y por muchas cosas parecidas el ciclismo es un gran deporte, y las clásicas sus mejores exponentes.

 

 

En este enlace final están los mejores momentos de la Paris-Roubaix 2019 comentados. Que lo disfruten ustedes. Ya falta menos de un año para la próxima edición. Esperaremos.

 

 

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