CONSEJOS PARA MANTENER TU BICICLETA EN INVIERNO

Hola a todos. Estamos en invierno, una época difícil para montar en bici en nuestra zona, en la que muchos días recordamos con añoranza esa frase de “las bicicletas son para el verano”. Pero para aquellos de nosotros que llevamos este deporte incrustado en el código genético y no podemos dejar de salir son días complicados: frío, viento, niebla, lluvia y en algunas ocasiones incluso nieve.

 

En estos días no solo sufrimos nosotros, sino que nuestras bicicletas son sometidas a una mayor exigencia debido al clima y a las condiciones de las propias carreteras, sendas, caminos, barrancos, trincheras, precipicios o cualquiera de los benditos lugares en los que se nos ocurre meternos. Suciedad levantada por la lluvia, sal de mantenimiento de carretera, barro que llega a los lugares más recónditos de nuestra preciada bicicleta.

 

Quién no se siente identificado con aquella frase de “oye, que ruido más raro me hace la bici” o esa de “noto como un crujido y no sé de dónde” o la clásica de “jolín, que ruido me hacen las zapatas al frenar” y mi preferida… “¿De verdad? ¿Eso que suena es mi cadena?”.

 

Si te sientes identificado con alguna de las frases previas o incluso mucho más dirigido a ti si te ves identificado en todas ellas a continuación me permito darte unos consejos para intentar paliar el sufrimiento mecánico de tu bicicleta en estos duros meses.

 

UNOS CONSEJOS PARA EL MANTENIMIENTO DOMÉSTICO DE TU BICICLETA

 

1. Limpia la bici al menos una vez a la semana. Sí, una vez a la semana, no es mucho. De verdad que todos tenemos muchas cosas que hacer, muchas obligaciones familiares y laborales y muchas series pendientes de ver… pero siendo un pelín disciplinado y cumpliendo esta rutina semanal limpiarla no te llevará mucho tiempo. Al fin y al cabo estarás trabajando sobre una bici que está siendo cuidada.

 

¿Y cuál es la manera apropiada de hacerlo? Vamos allá… coge un trapo húmedo con agua templada (también se pueden usar toallitas de bebé, pero ojo que no tengan detergentes ni aditivos) y lo pasas con cuidado  por toda la bici quitando la suciedad o el barrillo acumulado. Posteriormente con un trapo seco procedes a secar cuidadosamente la bici.

 

Si tienes la oportunidad (y las ganas) de poder lavar la bici hazlo, pero cuidado con las pistolas de presión aplicadas cerca de las bicis, se pueden cargas las partes móviles o los rodamientos arruinando nuestra bici. Es mejor con una esponja mojada retirar la suciedad y posteriormente aclarar con la manguera pulverizando desde una cierta distancia. Luego se procede a secar.

 

2. Una vez limpia y seca la bici tenemos que centrarnos en la cadena. Con un desengrasante retiramos toda la grasa antigua acumulada, tanto de la cadena como de las ruedecitas del cambio y de los dientes de los platos. Secamos la cadena que ya deberá de estar reluciente y sin gota de grasa y la volvemos a lubricar. Hay dos tipos de lubricantes  fundamentalmente: secos, tipo spray que son más limpios pero duran algo menos de tiempo, y húmedos, como aceites o ceras que son más duraderos pero “pringan” algo más. Cualquiera de ellos hará un fantástico papel para nuestra cadena.

 

 

3. Los frenos son una parte fundamental de nuestra bicicleta. Lo que debemos de hacer es limpiarlos con algo de desengrasante y lubricar posteriormente las partes móviles y retirar la suciedad de las zapatas con un paño o una lija suave para que el frenado sea correcto y no se dañe la banda de frenado de nuestras ruedas. En el caso de los frenos de disco ya están preparados para no tener que tocarlos, son delicados y en caso de manipulación siempre es mejor que te indique como hacerlo un profesional.

 

Así escrito parece mucho, pero resumiendo no lo es tanto ya lo veréis. Por ejemplo el viernes, el día previo a nuestras salidas de fin de semana hacemos esas tres cositas: limpieza, engrasado de cadena-cambio y cuidado de los frenos. Quince minutos de nuestro tiempo.

 

ME HA PILLADO EL AGUA Y LA BICI ESTÁ HECHA UN DESASTRE… ¿QUÉ HAGO?

 

Pues entonces es obligatorio limpiarla justo después de ducharte tú, no queremos que te quedes frio y cojas un resfriado. La bicicleta se limpia después de un día de lluvia sí o sí. No se puede guardar una bici mojada. Repite el mismo proceso que harías semanalmente y consuélate… así ya lo tienes hecho para el viernes.

 

Adicionalmente después de un día de lluvia conviene repasar las cubiertas (o tubulares si todavía eres de esos), secarlas con un trapo para retirar la suciedad. Y me apuesto algo a que casi seguro encontráis alguna pequeña piedrecita o cristalito incrustado levemente en la goma de la cubierta. No habéis pinchado, pero es un futuro pinchazo en la siguiente salida. El famoso “pues no he pillado nada pero va perdiendo poco a poco, que raro”. Es por eso que los días de lluvia se suele pinchar más.

 

EL MANTENIMIENTO DE TEMPORADA: UN GRAN ACIERTO

 

Todo esto lo podemos hacer en casa, con cierto esfuerzo y robando algo de tiempo que a veces es escaso, pero también podemos delegar en nuestro mecánico que lo hará encantado por nosotros y quedaremos mucho más limpitos y menos estresados. Hay menús de limpieza y cuidado para todos los gustos.

 

Pero lo que no podemos hacer nosotros y en mi opinión es fundamental al menos una o dos veces al año es dejar la bicicleta en manos de nuestro mecánico para que haga una revisión a fondo de la misma. Estas revisiones incluyen el desmontaje de las piezas más delicadas. No os creerías lo que puede llegar a salir de una bicicleta incluso aunque aparentemente este limpia. Es una pequeña inversión, pero os garantizo que alargará la vida de vuestra bicicleta y las piezas de la misma. Merece la pena ese pequeño mantenimiento profesional una vez acabado el invierno para dejar la bici a punto para los mejores meses del año. Esa inversión en ese desmontaje y montaje estacional no es nada comparado con el tener que cambiar unos rodamientos picados, o una caja pedalier que se ha dañado con la suciedad, un núcleo de piñones que se agarra o el Dios del ciclismo no lo quiera unos frenos que hayan pérdido su capacidad de retorno o elasticidad por mal mantenimiento. Del mismo modo es conveniente aprovechar esa limpieza a fondo para cambiar las sirgas y las pastillas de freno, algo que debería ser de obligado cumplimiento cada temporada.

 

Y como una imagen, o varias, valen más que mil palabras os pongo a continuación unas fotos de mi bicicleta. Los que me conocéis sabéis que me gusta llevar la bici impecable. La cuido tal y como os he contado. Pues bien en las fotos veréis en que estado están los frenos, las zapatas y el pedalier en una bici bien cuidada  una vez desmontados. La suciedad es muy evidente. Hasta que no te desmontan la bici no te das cuenta de lo que sufren estas piezas en invierno.

 

 

Fotos superiores: Este es el aspecto de los frenos antes del mantenimiento. Aparentemente limpios.

 

 

Observad la suciedad y corrosión que se ve en el freno una vez desmontado. Aquí es donde el trabajo de limpieza a fondo y engrase de nuevo harán su papel para que los frenos vuelvan a estar perfectos.

Y este es el aspecto que tienen las zapatas: se puede ver la suciedad acumulada que se convierte en fuente de chirridos y problemas de frenado. Una vez al año cambio de zapatas recomendado.

Foto superior: Aspecto de la caja del pedalier y bielas aparentemente impecables.

Así se ve el interior de las bielas y el eje de pedalier con solo medio invierno transcurrido. De ahí la importancia de ese mantenimiento estacional una vez al año mínimo.

Y así es como tenemos el trabajo acabado. Nuestra bicicleta lista para hacer miles de kilómetros en perfecto estado. Es una imagen preciosa la de una bicicleta limpia y lista para disfrutar.

 

Así que recordad: el cuidado semanal de nuestra bicicleta debería ser obligatorio y el cuidado profesional una vez acabado el invierno es más que recomendable. No olvidéis que “una bici limpia es una bici feliz, y una bici feliz es una bici más rápida”.

¡Nos vemos en la carretera!

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