TOUR DE FLANDES: UN ITALIANO EN OUDENAARDE

El domingo tuvo lugar la disputa del segundo Monumento ciclista del año: el Tour de Flandes, De Ronde van Vlaanderen. En Bélgica el ciclismo es una religión, el Kapeelmuur su santo lugar y el primer domingo de Abril la fecha más sagrada. Aproximadamente un millón de personas se congregan a pie de carretera para ver pasar a los corredores.  En los muros y zonas adoquinadas no queda un espacio libre. En directo por la televisión más de 50 millones de espectadores están pendientes de la prueba, en Bélgica un 74% de la población la ve en su televisor. Fuera del directo la audiencia global final es de 150 millones de personas que en algún momento visionan la prueba. Unos números que dan idea de lo que esta prueba supone.

 

El organizador de la prueba, la organización con mucho ánimo de lucro “Flanders Classics”, también lo tiene claro. En este mundo de capitalismo global la icónica prueba tampoco se escapa. Desde 2012 el organizador cambió el recorrido eliminando el Kapelmuur, lo que fue tomado en Bélgica como una herejía, y acabando el recorrido en un bucle encadenando Kwaremont y Paterberg subidos en varias ocasiones en los últimos 80 kilómetros. Afortunadamente en 2017 volvieron a incluir el Kapelmuur en el recorrido, aunque a 100 kilómetros de meta, pero no dieron marcha atrás con el bucle final. Su argumento es que es un bucle durísimo y que garantiza que el ganador de Flandes siempre es un gran campeón. Su interés real es mucho más mundano.  Han convertido Kwaremont y Paterberg en una zona de pago con varias carpas VIP con entradas muy codiciadas. El negocio manda y si tienes un producto como De Ronde tienes que explotarlo. Aunque sea en detrimento de la historia de una prueba centenaria y de eliminar una de las identidades de la carrera.

 

A mí personalmente no me gusta, creo que bloquea la carrera hasta ese bucle final, dónde todo se reduce a un ejercicio de fuerza bruta en los últimos dos pasos por Kwaremont y Paterberg. Es cierto que los últimos dos años asistimos a dos “solos” de Gilbert y Terpstra, pero fueron fundamentalmente fruto del poderío táctico de su equipo, por detrás el grupo perseguidor llegaba junto a esos adoquines finales y al sprint en Oudenaarde. Con el anterior final con el encadenado clásico de Kapelmuur y Bosberg había lugar a acciones tácticas, a un juego previo al Kapelmuur, a grupitos que tenían esperanza de superar esa zona final y jugar un papel en la meta final en Meerbeke. Y sí, es cierto, el ganador no siempre era un campeón de primera fila pero la carrera era mucho más abierta y eso es bonito en ciclismo. Pero me temo que Flanders Classics se mantendrá con su modelo de negocio y no escucharán el clamor de los aficionados al ciclismo que piden el retorno del recorrido clásico y del Kapelmuur al lugar que le corresponde en este monumento.

 

 

UN PAR DE CAÍDAS IMPORTANTES Y TENSIÓN PREVIA

 

En la primera parte de la prueba lo más destacable fue una dura caída del vigente campeón de la prueba Niki Terpstra. El holandés que defendía título en su nuevo equipo Direct Energy sufría una fea caída a cola del grupo que lo dejaba inconsciente. Está bien en estos momentos, pero su primavera se ha acabado y no saldrá en Roubaix.

 

El grupo parecía que rodaba no tan rápido como en otras ocasiones, incluso se ha reprochado en los medios algo de falta de ganas en la prueba. La típica fuga inicial rodaba con más de 6 minutos de ventaja. Hasta el Kapelmuur, a falta de 100 kilómetros parecía que no pasaba nada, pero la media era superior a los 42 km/h. Une a eso la tensión de rodar en un grupo tan grande en carreteras tan estrechas, llenas de adoquines, curvas, bordillos, isletas y badenes y decir “que no ha pasado nada” es un poco irrespetuoso. El Kapelmuur se pasó a buen ritmo y los favoritos ya estaban en cabeza. Sin movimientos importantes pero con atención a lo que pasaba.

 

 

A falta de 60 kilómetros vimos otro de los momentos de la prueba. El debutante en Flandes y la estrella del momento Mathieu Van der Poel, ex-campeón del mundo de ciclocross y tirano dominador de la disciplina junto con Van Aert en los últimos años, se iba al suelo después de haber intentado saltar un bordillo con su habilidad sobre la bicicleta. A veces las cosas no salen y al joven holandés esta vez no le salieron: llantazo de rueda delantera y excursión por la acera mientras levantaba la mano para avisar al coche y para pasmo de los espectadores que veían como unos metros más tarde salía por encima del manillar para darse un golpe muy interesante. Ahí empezó una persecución por parte de Van der Poel que demostró que el holandés tiene un poderío ciclista por encima de la media. Le costó 20 kilómetros pero enlazó, en parte por un buen trabajo de un par de compañeros, en especial el veterano y doble ganador Stijn Devolder que le ayudó a tapar los últimos metros cuando la carrera ya iba muy lanzada.

 

CÓMO SE RESOLVIÓ FLANDES 2019

 

A 50 kilómetros para el final había tres hombres en cabeza. Ya era cosa seria. Y la velocidad no era poca. Sep Vanmarcke, uno de los nombres señalados pero que gana muy poco, Stijn Vandenbergh, el gigantón antiguo motor de Quick Step, y el joven danés Kasper Asgreen. En el Koppenberg Vandenbergh sufría y lo reemplazaba en la fuga Dylan van Baarle que llegaba desde atrás con mucha facilidad. A 30 kilómetros de meta la fuga seguía con unos segundos de ventaja.  Después del Kruisberg Vanmarcke perdía contacto, dejando al joven Asgreen y Van Baarle en cabeza.

 

 

Por detrás el grupo ya se había reducido a una treintena de corredores. A excepción de Gilbert y Stybar (que dijeron que estaban enfermos) estaban todos los nombres importantes de la carrera. Incluido Alejandro Valverde que enfundado en su maillot arcoíris era la primera vez que afrontaba la carrera. A falta de 20 kilómetros Vanmarcke, que había sido absorbido por el grupo, marcaba un fuerte ritmo. ¿Y eso? Pensábamos la mayoría. En Education First (que está andando mucho este año) sí que sabían lo que hacían. Se llegaba al Kwaremont y una vez pasada la zona más llana de los adoquines cambiaba el ritmo de manera impresionante el joven italiano de Education First Alberto Bettiol. Por la parte central de los adoquines, evitando los laterales que es lo que buscaban el resto de los corredores, marcaba un paso que nadie pudo seguir y superaba a Asgreen y Van Baarle convirtiéndose en cabeza de carrera con 18 kilómetros para meta.

 

 

La ventaja era muy pequeña, apenas 15 segundos, y así se llegaba al definitivo Paterberg. Todo el mundo esperaba la reacción de los máximos favoritos, no en vano la lista de corredores en el grupo final era espectacular: Van Avermaet, Sagan, Kristoff, Valverde,Jungels, Benoot,Van Aert, Van der Poel… Tenían que moverse. Los apenas 400 metros con rampas del 20% del Paterberg serían definitivos. Y allí se fue Van Avermaet, remachado por Van der Poel y seguido por un sorprendente Valverde que en su primer contacto (y me temo que último) con la prueba estaba haciendo una gran carrera, de hecho todo el Movistar la hizo. Pero por delante Bettiol demostró que era el que más piernas tenía y que el trabajo del Education First no era una casualidad. Bettiol salía del Paterberg con los mismos 15 segundos que había entrado y llegaba a los últimos 14 kilómetros llanos hasta la meta en Oudenaarde.

 

 

Y esto ya lo hemos visto en los últimos años, con Sagan, Gilbert, Terpstra… el corredor que sale del Paterberg solo frente al grupo perseguidor tiene muchas posibilidades de  llegar. Por detrás empezó el eterno juego de atacar y parar. Nadie quería colaborar del todo viendo la nómina de esprinters y gente rápida que había en el grupo de cabeza. Los ataques de más entidad vinieron de Van Avermaet, que sabía que aquello se iba, y de Sagan pero fueron tapados y no llevaron a reducir el grupo, algo que sí que hubiese podido cambiar la suerte del de delante. No pasó, y Alberto Bettiol devoró en solitario los trece kilómetros más largos de su carrera deportiva. Sebastian Langeveld, compañero de Bettiol y superviviente del Education First en el grupo perseguidor, gritaba a Bettiol por la emisora que fuese “a muerte, sigue empujando, no mires atrás, aquí todos están muy cansados”. El joven italiano hizo caso, ni una vez miró atrás y se plantó en la meta en Oudenaarde para conseguir su primera victoria como profesional. No está nada mal empezar tu palmarés con un monumento. En un buen movimiento táctico Jungels cortaba al grupo para que Asgreen, que venía de 50 kilómetros de fuga, consiguiese la segunda plaza, merecidísima segundo puesto para el danés que apenas lleva un año en Quick Step. Y el podio lo completaba un poderoso sprint de Kristoff, confirmando que después de una carrera dura y rápida es el tipo duro más rápido.

 

 

 

 

ALGUNAS COSITAS MÁS DE ESTE FLANDES 2019

 

¿Quién es Alberto Bettiol? El sorprendente ganador de Flandes es un italiano de 25 años nacido en la Toscana y profesional desde 2014. Esta es su sexta temporada como profesional, pero era su cuarta participación en Flandes. Es su primera victoria como profesional y es el más joven ganador de esta carrera desde Tom Boonen en 2005. Pero este año había avisado con un cuarto puesto en E3-Harelbeke y fue el autor del ataque en el Poggio que propició el definitivo de Alaphilippe. En Flandes Bettiol no reaccionaba a su triunfo. Estaba en shock. El lunes en los medios sus declaraciones eran estas: “Todavía no me lo creo, incluso ahora. No sé dónde estoy o de lo que estoy hablando”. No es para menos.

 

Este domingo hacía 25 años de la victoria del gran Gianni Bugno en Flandes. Aquella también fue una victoria sorprendente, no por el nombre de Bugno, sino porque aquel día Bugno batió al sprint al mismísimo Johann Museeuw, al “León de Flandes” en su propio terreno. Bélgica se quedó helada aquel día. En este enlace, que merece la pena recordar, está el final de esa edición de 1994.

 

Greg Van Avermaet fue uno de los que más luchó por detrás para neutralizar e incluso intentó algunos saltos en solitario declaró “Esperaba un movimiento así de parte de Jungels o Van Aert, y sabía que era capaz de seguirlos todo el día. Pero ese no fue el caso con Bettiol. Seguí mi ritmo y nadie me pasó, lo que significaba que tampoco les quedaba mucha fuerza. Y yo no era lo suficientemente fuerte como para seguirle el paso”.

 

Van Aert, el talentoso corredor proveniente del ciclocross preguntado por la sorpresa del ganador dijo que “Todo el mundo sabía que era peligroso. Vimos su fuerza cuando salió. Van Avermaet enseguida avisó que se marchaba”.

 

Totalmente diferente a la actitud y declaraciones del otro talento venido del ciclocross, Mathieu Van der Poel, que declaró que “tuve que perseguir solo después de mi caida” (Stijn Devolder seguro que le ayuda otro día) y que “ni siquiera sabía que Bettiol iba delante. Oí en la radio que el hueco era de 30 segundos pero no sabía si era delante o de nuestro grupo al de atrás”. Muy bien, bravo ehhhh bravo, esa es la actitud. Y esto es todo lo que tengo que decir del joven holandés.

 

Valverde comentó que acabo contento con su prestación “que son carreras muy difíciles y hemos estado ahí” y “que no sabe si le quedarán muchas oportunidades más en Flandes”. Personalmente creo que Valverde estuvo muy bien. Su primer contacto con Flandes y un octavo puesto. Nada mal. Y el puesto le importaba, no lo duden, miren como lanza la bicicleta con golpe de riñón en el sprint para rascar un puesto más. Flandes es Flandes, incluso para Valverde.

 

Una última cosa. La edición más rápida desde 2001: 42,7 km/h para 270 kilómetros. Y una curiosidad, se dice que estás carreras hay que conocerlas para tener opciones. En el Top 10 de este Flandes 2019 hay cuatro debutantes: Asgreen (2º), Van der Poel (4º), Matthews (6º) y Valverde (8º). En este enlace se ven los mejores momentos de la prueba y explicados con detalle. Es bonito verlo así.

 

El domingo Roubaix. El Infierno del Norte espera. Veremos.

OTROS ARTÍCULOS DEL BLOG DE JM QUE TE PUEDEN INTERESAR: